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viernes, 7 de octubre de 2016

Demasiados noes

Ximo Puig, Mònica Oltra y Antonio Montiel, los tres "socios" del Botànic

Ya se ha dicho casi todo sobre la crisis del PSOE y sobre cómo transcurrió ese sábado de susto o muerte en el que el centenario Partido Socialista Obrero Español estuvo a punto (dicen) de volar por las aires. Ahora falta saber si la organización política que más tiempo ha gobernado este país en democracia es capaz de curar las heridas que provocó la mascletà del sábado en Ferraz ó si, por el contrario, estamos ante una voladura controlada de consecuencias todavía imprevisibles. Está por ver.

Aquí nadie quiere asumir culpa alguna aunque todos son en buena parte culpables. El primero Pedro Sánchez quien debió dimitir hace tiempo como viene siendo norma no escrita en su partido y asumir su responsabilidad ante los reiterados fracasos electorales: nunca antes ningún otro secretario general había liderado tantas noches de dulces derrotas ni había acumulado una serie histórica tan nefasta en las urnas. Sánchez,  que decapitó en la plaza pública a Tomás Gómez en Madrid precisamente por el temor a esa previsible derrota electoral que él si cosechó y por la que no asumió responsabilidades, también obvió otra realidad del PSOE: su estructura federal que hace de los secretarios de las federaciones y de los presidentes autonómicos una de las patas clave en la estructura de poder del partido.

El “No es NO” a Mariano Rajoy no tenía más recorrido que garantizarse la fidelidad de la militancia al tocar la fibra de aquellos que, legítimamente, sienten el partido como suyo. Pero no pudo administrar ese doble NO: no logró sumar a Podemos a su primer pacto con Ciudadanos, lo que llevó a unas segundas elecciones,  y después fue incapaz de articular una mayoría suficiente sin el apoyo de los partidos que piden el derecho a decidir... que a mí me parece legítimo, pero no al Comité Federal del PSOE que se lo había prohibido.

Ante los dos mandatos que tenía Sánchez del máximo órgano de su partido, el NO a Rajoy y el NO a los “separatistas”, sólo cabía una alternativa que desde el minuto cero se topó con otro NO, el de Pablo Iglesias. Fue el tercer error de Sánchez: visto que era imposible conformar gobierno, tenía que haber apartado al partido del foco que inculpaba al PSOE como el principal responsable de unas terceras elecciones y abrir un proceso de reflexión para definir su estrategia. Demasiados noes.

Frente a ello las formas con que sus críticos consiguieron descabalgar a su secretario general no parecen las más recomendables en política y dibujan un panorama desolador en el partido. Desconozco sí había otras vías, pero no me gusta nada la que hicieron servir por mucho que esté recogida en los estatutos. Pero ese es un problema interno que deberán resolver de la mejor manera posible. Entre otras cosas para evitar que el susto o muerte del Comité Federal se traslade a los territorios en los que actualmente se sustentan gobiernos de progreso.

Un guante que Pablo Iglesias ha puesto en el debate público y que Antonio Montiel no tardó en recoger en la Comunidad Valenciana. La broma no tiene ninguna gracia: Sólo faltaría que la falta de acuerdo para un gobierno progresista en España se pagara con la caída de los gobiernos del cambio que sí han podido conformarse y que están funcionando razonablemente. “Sería importante reclamar un respeto para los que no somos cartas de cambio ni peones de partidas en las que no participamos", no son declaraciones de ningún barón socialista temeroso de perder su cargo ante la amenaza de Pablo Iglesias. Quien así habló es la portavoz de Podemos en el ayuntamiento de Madrid Rita Maestre. Es lo que está en juego.

Aquí, en la Comunidad Valenciana, no parece que peligre el Pacte del Botànic. Así lo ha dicho la vicepresidenta Mónica Oltra quien ayer mismo reiteró que lo que pase en Madrid no puede tener consecuencias en Valencia. Por cierto, Oltra hizo desde la sala de prensa del Consell una firme defensa de la coherencia ideológica del president Ximo Puig en la aplicación de políticas progresistas y de izquierdas. Algo que contrasta con algunos comentarios que estos días hemos leído en las redes sociales firmados por compañeros de partido del President. Para hacérselo mirar....

Para justificar políticamente la retirada de su apoyo parlamentario al actual gobierno de la Generalitat Valenciana, Podemos deberá explicar razonadamente qué puntos de l'Acord del Botànic ha incumplido el PSPV-PSOE. De lo contrario corre el riesgo de aparecer como una formación sucursalista al servicio de su central en Madrid que utiliza a los valencianos como moneda de cambio para sus intereses nacionales y, la verdad, no es ese el perfil que yo encuentro entre la mayoría de militantes y votantes de Podemos. Sinceramente, lo que debería hacer Montiel es entrar en el gobierno y aportar desde dentro su granito de arena para recomponer los derechos sociales y las desigualdades que el PP arruinó en esta Comunidad.

Porque conviene no olvidar que para los valencianos -al menos para los votantes de PSOE, Compromís y  Podemos-, sí hay algo peor que un gobierno del PP (incluso en minoría) en Madrid: la vuelta al Palau de la Generalitat de un gobierno del PP.  Eso sí que NO... aunque sean ya muchos noes.

Publicat al "Levante de Castelló", 08 d'Octubre de 2016

sábado, 14 de febrero de 2015

Destitución preventiva



Se acabaron los abrazos...


Ni siquiera se respeta ya lo de San Valentín. También en política cuando se rompe el amor se acaba la relación más allá de las fechas y los calendarios. Le ha pasado esta semana al destituido secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez. En una decisión sin precedentes el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, le ha descabalgado en un ataque agudo de ordeno-y-mando que le ha hecho ir incluso más lejos de lo que habíamos visto en el PP. Porque ya sabíamos que la derecha nombra a sus candidatos a dedo, pero ahora descubrimos que en el PSOE los cesan también de la misma manera.
Nos han dicho que la decapitación –política- de Gómez viene motivada por la incertidumbre del ¿qué pasará?. Pedro Sánchez anda muy preocupado porque el partido en Madrid sigue cotizando a la baja en las encuestas, sin aparentes signos de recuperación, y corre el riesgo de pasar a ser la tercera fuerza política tras PP y Podemos. Vamos, nada nuevo: Sucede también a nivel estatal sin que Sánchez se plantee predicar con el ejemplo. Hay otro temor: que acaben imputando al candidato Gómez por los sobrecostes en la construcción del tranvía de Parla cuando fue alcalde de esa localidad, una posibilidad que a estas alturas la justicia no contempla. Se trata pues de una nueva figura: la destitución preventiva. La cúpula del PSOE quiere evitar el anunciado fracaso en las urnas y un hipotético paseíllo en los tribunales. También eso es una novedad ó, en su caso, una consecuencia de los nuevos tiempos políticos en los que se pasa de un extremo a otro: de albergar y tapar la corrupción de los propios a cargarse, no ya la presunción de inocencia cuando se está acusado, sino la dignidad y el rédito de quien no está sometido siquiera a investigación judicial.
La última ocurrencia de Pedro Sánchez pone además en evidencia la labor pedagógica que su partido pretendía inculcar en la sociedad española al loar las bondades democráticas que emanan del sano ejercicio de las primarias. Un proceso que, a poco que se lo proponen sus dirigentes, el PSOE es muy capaz de deslegitimar con la misma rapidez con que lo encumbró: De nada sirven elecciones primarias abiertas a la sociedad si finalmente prevalecen las consecuencias secundarias que dejan las intrigas internas y de las que sólo participan las cúpulas del partido. Le pasó al propio Sánchez nada más ganar su pulso en las primarias y le ha pasado a un Tomás Gómez que impidió la celebración de primarias en la federación socialista madrileña al imponer un número de avales tan elevado a los que sólo él podía acceder dado su control absoluto sobre la FSM. Nadie duda que la designación de un candidato independiente del prestigio de Ángel Gabilondo mejorará las expectativas electorales de los socialistas frente a la opción de Tomás Gómez. La suya era una apuesta claramente perdedora. Pero en política las formas importan y mucho. Más aún en partidos que enarbolan la bandera de la participación y la democracia interna frente a los que mantienen los modos y usos a la búlgara. De ahí el cabreo poco disimulado de Susana Díaz en Sevilla, ó de Ximo Puig en Valencia, ante la posibilidad de que los daños colaterales afecten negativamente en sus resultados autonómicos por el daño a la imagen de la marca PSOE.
Un partido que va a la deriva en Madrid desde que en 2003 el Tamayazo apartó a Simancas y encumbró a Esperanza Aguirre. Pero la fórmula para recuperar el gobierno de Madrid no pasa por cambiar las cerraduras y evitar que entren los militantes destituidos. (Ni siquiera Dolores de Cospedal le hizo eso a Bárcenas cuando dejó su despacho en Génova tras despedirlo en forma de simulación en diferido). Al contrario. Hay que abrir el partido a propios y ajenos, a nuevas formas y políticas que propicien reinstaurar la confianza perdida y ganar de nuevo el apoyo de los ciudadanos. Tan sencillo y tan complejo como eso. 

Rambla y Costa, ambos imputados
Claro que hay otra forma mucho más directa y rápida de ganar elecciones: Hacer trampas. Y de eso sabemos mucho en la Comunidad Valenciana. El tamayazo, la compra de un rival político, es una fórmula que en 1991 ya aplicó con éxito Eduardo Zaplana para ser alcalde de Benidorm gracias al voto de la tránsfuga socialista Maruja Sánchez. El ‘modo Gürtel’, la financiación ilegal de un partido y sus campañas, no tiene la denominación de origen fet a València pero ha sido aquí donde El Bigotes y su banda pudieron emplearse a fondo. Tanto y tan estrechamente ‘colaboraron’ con los populares valencianos que la fiscalía anticorrupción pide una pena de siete años y nueve meses de cárcel para Ricardo Costa y Vicente Rambla por financiar ilegalmente las campañas electorales de 2007y 2008 cuando Costa era secretario general del PP y Rambla vicepresidente del Consell. Ninguno de los dos está ya en las Cortes Valencianas y escuchando a la consellera Català parece que nunca compartieron escaño en la misma bancada que Alberto Fabra. Pero vaya si eran amiguitos… del alma. Un Fabra que sigue sin saber si será candidato tras no resultar nominado en la nueva entrega de presidenciables que ayer desveló Mariano Rajoy. Ya ven, hay ceses preventivos en un lado y silencios preventivos en el otro.

Publicat al Levante de Castelló el 14 de febrer de 2015

domingo, 8 de febrero de 2015

Camino de ninguna parte



Rajoy y Sánchez firman el pacto de estado contra el terrorismo yihadista


A sus adversarios políticos y a la prensa hostil les dio munición para hacer coña durante unos cuantos días, pero a los compañeros de partido menos entusiastas con su liderazgo les sirvió para advertir de la que les puede caer encima. Y pudiera ser que estos últimos tengan razón. La pérdida de Pedro Sánchez en Washignton cuando se dirigía a una cita con estudiantes de la Universidad George Mason es toda una metáfora del incierto rumbo con el que el secretario general del PSOE está dirigiendo a su partido. Tras aquel ‘despiste’ el rector al que dejó plantado, Ángel Cabrera, escribió en su cuenta de twitter que esperaba que Sánchez "sepa gobernar un país mejor que usar un GPS".
En esa misma duda siguen instalados los socialistas un mes después de aquella pérdida puntual y siete meses después de que lo eligieran líder del todavía primer partido de la oposición. Motivos ha dado ya unos cuantos para alimentar esa sensación. Desde la llamada en directo al presentador de ‘Sálvame’, Jorge Javier Vázquez, cuando amenazó con dejar de votar al PSOE por permitir su alcalde de Tordesillas celebrar del toro de La Vega, hasta el anuncio de una iniciativa legislativa para elevar a la categoría de funerales de Estado las exequias por las víctimas de la violencia machista. O sus declaraciones anunciando la supresión del Ministerio de Defensa en un hipotético gobierno por él presidido y que su número dos, César Luena, tuvo que matizar con un vigoroso respaldo al papel de los Ejércitos. Por citar sólo algunas de las más sonadas.
La última ha sido la que más ha trascendido: La foto de Pedro Sánchez con Mariano Rajoy firmando un solemne pacto de estado contra el terrorismo yihadista. El día siguiente, y mientras el portavoz socialista en el congreso aseguraba que no eran posibles más pactos con el PP, el propio Sánchez abogaba por cerrar “cuantos más mejor”. Una vez mas el discurso único y la coherencia programática volvía a saltar por los aires.
Pedro Sánchez ya tiene su pacto de estado, pero su partido tiene otro serio problema. Dar el sí quiero a un texto que en la práctica reinstaura la cadena perpetua en España es una incongruencia que miles de sus militantes, y millones de votantes, no entienden ni comparten por mucho que lo intenten adornar con juegos florales en forma de simulación en diferido. Hacerlo a las puertas de unas elecciones es además un grave error que los ciudadanos castigarán en las personas que opten a las alcaldías y a la presidencia de las comunidades autónomas. Y es también un paso más en el camino que lleva al PSOE… a ninguna parte; bueno, sí, lleva a dejar de ser la organización imprescindible para garantizar gobiernos progresistas en España.
Es la foto que buscaban Rajoy y el PP para escenificar que sólo hay política de estado con los dos grandes partidos tradicionales y que, por tanto, son o ellos ó el caos. Y es la foto que deseaban Pablo Iglesias y Podemos para seguir llenando el zurrón de votos socialistas sin dejar de  tararear esa vieja cantinela de que unos y otros la misma cosa son. Que no es cierto, aunque no dejan de dar motivos para que cada vez más gente piense lo contrario.
Todos ganan con esa foto menos un PSOE que da a entender que firma con las manos atadas por la necesidad de legislar en caliente ante los últimos atentados en Europa. Decir acto seguido que lo rectificarán cuando lleguen al gobierno es mantenerse en el esperpento: Sánchez pide que tengamos fe, un buen propósito cara a un hipotético futuro, pero la realidad es que pone su firma en el pie de página de un texto que dibuja un presente inaceptable para la izquierda con la implantación de la cadena perpetua revisable. En el mejor de los casos, aunque nos creamos sus buenas intenciones, ¿dónde está escrito que pueda ganar las elecciones y hacer efectivo ese propósito de enmienda? ¿Y qué hacemos hasta entonces, seguir tragando también en esto?. Pues ya van….
Sí, van tantas que el partido que gobernó España en 2004 con el apoyo del 42,59 por cien de los ciudadanos, más de once millones de votos y 166 diputados, se enfrenta esta semana a la dura realidad del CIS: tercera fuerza política en estimación de voto. El famoso sorpasso que soñó Julio Anguita durante una década lo puede lograr Podemos en unos meses sin soltarse la coleta. Y de paso laminando del mapa electoral a IU, el partido que parecía llamado a protagonizar algún día esa hipotética alternancia en el liderazgo de la izquierda española. Podemos puede hacerlo.
No creo que éstos jóvenes, aunque suficientemente preparados, profesores universitarios sean más listos que aquel maestro de historia hoy jubilado: Pasa que este PSOE sigue sin conectar con la gente que antes le marcaba el camino y sigue con el GPS desorientado. Y, claro, así uno no puede llegar a la Universidad de Washington, pero mucho menos a la Moncloa… a no ser que lo hagas en calidad de invitado a la firma de algún pacto de Estado.
Pero hasta eso se acabará como no recuperen el rumbo adecuado, qué les pregunten sino a sus compañeros del PASOK.   

martes, 11 de noviembre de 2014

La vergüenza cambia de acera



Pablo Iglesias en la Asamblea de Podemos


Al final fue el miércoles, pero llegó. El barómetro del CIS más esperado de los últimos años se hizo esperar, como la llegada de este tardío otoño que finalmente nos acompaña. Quien sabe, tal vez sea porque esa encuesta, como éste otoño, augura el final del buen tiempo. En este caso para los intereses del partido del gobierno, porque la propaganda al sol de la tan cacareada recuperación no parece surgir el efecto deseado y en el PP se han visto obligados a abrir el armario para sacar ropa de abrigo y paraguas.
Toca protegerse de los chubascos y los negros nubarrones que se ciernen sobre un partido que a día de hoy aún concentra casi todo el poder político e institucional en este país, pero que suscita también el mayor rechazo que jamás acaparó un partido de gobierno en tan poco tiempo. La crisis, la corrupción y el hartazgo lo han hecho posible. El ‘Veroño’ feliz de Rajoy parece que también toca a su fin y esta vez el presidente no puede negar la realidad que se avecina por mucho que se aferre a eso de “que lo peor ha pasado”. No es del todo cierto: mucha gente lo sigue pasando mal y a él y su partido le puede ir peor. De hecho le irá peor cuando pase a la oposición.
Rajoy tiene problemas para aceptar los cambios. Hace años negó el cambio climático tras consultar a su primo meteorólogo. Hoy cuesta imaginar que su asesor de cabecera, Pedro Arriola, –el que le aconsejó dar marcha atrás en la contrarreforma de la ley del aborto- no le pueda convencer de una realidad que el propio Arriola no fue capaz de valorar cuando calificó de ‘frikis’a los miles de ciudadanos que apoyaron y dieron forma al fenómeno ‘Podemos’ tras el éxito de la formación de Pablo Iglesias en las europeas: Aquellos frikis de hace unos meses son hoy una seria amenaza para los muchos intereses –electorales y de todo tipo- del PP.
Eso apuntaba la filtración de un barómetro que se publica siempre el primer lunes del mes y que esta vez llega con retraso. No muchos días, la verdad, pero era tanta la expectación y el morbo que suscitó el anticipo de sus resultados que tertulianos y políticos estaban ya atacados de los nervios. Tanto que algunos han puesto en duda que el retraso se deba a los motivos técnicos propios de la habitual “cocina” demoscópica que acompaña a este tipo de estudios. Dicen los más incrédulos que no hacía falta tanto aderezo y que se han dado el tiempo necesario para poder aplicarle lo que Ferrán Adrià aportó a la cocina contemporánea, y por cierto con notable éxito: la desestructuración o deconstrucción. No tengo el gusto, pero dicen que consiste en cambiar totalmente el aspecto, la textura y la combinación de los alimentos para mejorar el estímulo sensorial que nos producen y hacer así participes a todos los sentidos en el goce gastronómico. En su afán por darle forma a la realidad que más les interesa estos gourmets de las encuestas superan al mismísimo fundador de El Bulli. Tras pasar por su particular deconstrucción la ensalada de datos y el revuelto de cifras del sondeo del CIS acaba siendo otra “simulación en diferido”, por decirlo con palabras que les son propias.
Los resultados del barómetro dicen que ‘Podemos’ es la primera fuerza en intención directa de voto con un 17’6 por cien de apoyos, frente el 14’3 del PSOE y el 11’7 del PP. Más que una oleada demoscópica es un tsunami surgido de la nada, de la indignación de a calle, que deja una doble lectura: sorpasso de ‘Podemos’ al PSOE por la izquierda y sorpresa de las grandes al superar en seis puntos al PP. Pero la “cocina” obra el milagro y convenientemente condimentado y sazonado el resultado es otro: Si hoy se celebrasen elecciones ganaría el PP con el 27’5 % de los votos, seguido del PSOE con el 23’9, mientras Podemos se quedaría en un tercer puesto con el 22’5de votos. Le llaman estimación de voto y es la conclusión que extraen los maestros “cocineros” al predecir el resultado final teniendo en cuenta lo que puede votar el 21,9% que no contestan o se declaran indecisos. Ahí gana el PP porque hoy buena parte de aquel voto oculto del que se avergonzaban los simpatizantes  socialistas desencantados pertenece a ciudadanos que acabarán votando popular aunque -cómo aquellos- lo hagan tapándose la nariz. La vergüenza cambia de acera.
En todo caso al PP no le da para gobernar… a no ser que llegue la tan deseada, por algunos, gran coalición PP-PSOE. Esa que puede significar un nuevo exilio para los socialistas españoles: Al anterior se fueron obligados por el régimen franquista y a éste le enviarán con sus votos los ciudadanos si pactan con la derecha. La sombra del PASOK es alargada, mucho.
Hay un último dato contundente que no ha podido ser desestructurado en la “cocina”: El 86’6 por cien de los españoles consultados –una gran mayoría en la que seguro hay miles de votantes del PP- tiene "poca" o "ninguna" confianza en el presidente que los gobierna. Rajoy es, con diferencia, el político peor valorado de España. Pedro Sánchez, que se estrena en la encuesta, tiene el rechazo del 67’8 por cien de los encuestados.

¿Por quién, por Pablo Iglesias? Pues no, no han preguntado… ¿será por si acaso?


Publicat al 'Levante de Castelló' - 8 de Novembre de 2014

lunes, 21 de julio de 2014

Siguen a lo suyo



Ximo Puig y Pedro Sánchez



Los socialistas españoles tienen nuevo secretario general, Pedro Sánchez, y su primera medida no ha gustado al PP, ni a algunos de sus compañeros: obligó vía twitter a los eurodiputados socialistas españoles a votar en contra de Jean-Claude Juncker como nuevo presidente de la Comisión Europea. La forma de hacerlo, el twitter, ya es una novedad; la decisión de romper la unidad con la mayoría conservadora en el euro parlamento, también. Y, por lo visto, es una novedad importante por mucho que parezca de una lógica aplastante eso de que la izquierda no apoye a quien defiende y representa las políticas de la derecha. Vamos, algo tan simple, y tan importante, como mantener la coherencia ideológica y el mandato recibido de sus electores.
Pero no. Al PP, y a algunos de sus compañeros, les hubiera gustado que el nuevo líder socialista se mostrara partidario de mantener el statu quo de entendimiento con los populares en los grandes ‘temas de estado’ del que tanto abusó su antecesor y que, por cierto, llevó al PSOE a sus peores resultados desde 1979. No sólo eso. La última encuesta del CIS sitúa a los socialistas por detrás de Podemos respecto a los niveles de cercanía con los electores. En esas están y por esas han tenido que buscar un nuevo líder que les guíe en esta travesía del desierto que significa dejar atrás las políticas del postzapaterismo que lideró el hoy felizmente jubilado Alfredo Pérez Rubalcaba. Un status quo con el que, por cierto, le ha ido muy bien en las urnas al PP. ¿A ver si va a ser por eso su enfado? En ese caso podría entenderse… el de los populares, digo, pero no el de aquellos socialistas que querían mantener esas políticas y esos pactos.  
A Pedro Sánchez apenas si le he seguido un par de entrevistas y la primera impresión fue decepcionante cuando defendió vehementemente el SÍ a la Monarquía y en su indefinición sobre Catalunya. En todo caso dicen que por sus obras los conoceremos y a mí me ha gustado mucho más su primera ‘mala’ acción, el NO a Juncker, que sus anteriores mil ‘buenas’ palabras. Más allá del pacto que hubiera con la derecha en aras de no se sabe bien qué interés general, ha sido coherente con lo que se espera de su partido y con lo que quieren sus bases. Ese es el camino. La crítica recibida desde el PP por coincidir con la ultraderecha de Le Penn o con los euro escépticos no se aguanta: No es tanto votar lo mismo sino las distintas razones que llevan a cada uno a votar en coherencia y en este caso es evidente que no todo el NO a Juncker está basado en las mismas razones ni obedece a los mismos objetivos. Pasa lo mismo con el SÍ, seguro.
Ahora el nuevo secretario general del PSOE debe afrontar nuevos retos y explicar muy bien sus próximas decisiones. No será fácil. El PSOE es una organización especializada en complicarse la vida, ellos solos. No salen de un jardín y ya están chafando el otro, sin apenas darse una pausa. Resuelto el de la elección de su secretario general, pese a la larga sombra de Susana Díaz que siempre estará ahí, el próximo se llama primarias. Prometidas para noviembre por Rubalcaba antes del batacazo electoral que obligó al relevo al frente del partido, hoy los socialistas no saben qué hacer: cumplen con lo prometido y las convocan ó hacen caso a la mayoría de los barones regionales y las posponen entendiendo que la reciente elección de Pedro Sánchez lleva implícita su condición de candidato a la presidencia del gobierno. Se quiere evitar –dicen- la imagen de que el PSOE pasa todo el año hablando de sus cosas y no de los problemas de los ciudadanos. Otros defienden que los compromisos están para cumplirlos, ¿también aquel que les obligaba a votar a Juncker?, y que las primarias han de ser convocadas porque así se le dijo a la ciudadanía y aunque, llegado el caso, sólo se presente el nuevo secretario general. Pues eso, que en esas están. Donde dicen que no quieren estar: Hablando de lo suyo y no de lo que les sigue distanciando de los ‘suyos’, de sus electores. ¿Hasta cuando?.
Mientras en el PP también siguen a lo suyo: Aquí, en Castellón, sumando imputados en la Diputación que Javier Moliner quiere regenerar en las urnas... después de dejarla degenerar por su debilidad para apartar a Francisco Martínez. Allí, en Valencia, más de lo mismo y ahora el cinismo de culpar también a Zapatero -¿cómo no?- de las trampas que hizo Camps con las cuentas que presentó en Bruselas. Y más allá, en Madrid, Mariano Rajoy sigue de fiesta con su autoproclamada recuperación económica,  aunque no hace partícipe de ella a la Comunidad Valenciana a la que sigue negando el pan y la sal de una financiación más justa que ya le reclaman con vehemencia hasta sus amigos de la patronal... por cierto, con el mismo éxito que Alberto Fabra. Ninguno.  

Publicat al 'Levante de Castelló' el  19 de Juliol de 2014