Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Iglesias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Iglesias. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de octubre de 2016

Demasiados noes

Ximo Puig, Mònica Oltra y Antonio Montiel, los tres "socios" del Botànic

Ya se ha dicho casi todo sobre la crisis del PSOE y sobre cómo transcurrió ese sábado de susto o muerte en el que el centenario Partido Socialista Obrero Español estuvo a punto (dicen) de volar por las aires. Ahora falta saber si la organización política que más tiempo ha gobernado este país en democracia es capaz de curar las heridas que provocó la mascletà del sábado en Ferraz ó si, por el contrario, estamos ante una voladura controlada de consecuencias todavía imprevisibles. Está por ver.

Aquí nadie quiere asumir culpa alguna aunque todos son en buena parte culpables. El primero Pedro Sánchez quien debió dimitir hace tiempo como viene siendo norma no escrita en su partido y asumir su responsabilidad ante los reiterados fracasos electorales: nunca antes ningún otro secretario general había liderado tantas noches de dulces derrotas ni había acumulado una serie histórica tan nefasta en las urnas. Sánchez,  que decapitó en la plaza pública a Tomás Gómez en Madrid precisamente por el temor a esa previsible derrota electoral que él si cosechó y por la que no asumió responsabilidades, también obvió otra realidad del PSOE: su estructura federal que hace de los secretarios de las federaciones y de los presidentes autonómicos una de las patas clave en la estructura de poder del partido.

El “No es NO” a Mariano Rajoy no tenía más recorrido que garantizarse la fidelidad de la militancia al tocar la fibra de aquellos que, legítimamente, sienten el partido como suyo. Pero no pudo administrar ese doble NO: no logró sumar a Podemos a su primer pacto con Ciudadanos, lo que llevó a unas segundas elecciones,  y después fue incapaz de articular una mayoría suficiente sin el apoyo de los partidos que piden el derecho a decidir... que a mí me parece legítimo, pero no al Comité Federal del PSOE que se lo había prohibido.

Ante los dos mandatos que tenía Sánchez del máximo órgano de su partido, el NO a Rajoy y el NO a los “separatistas”, sólo cabía una alternativa que desde el minuto cero se topó con otro NO, el de Pablo Iglesias. Fue el tercer error de Sánchez: visto que era imposible conformar gobierno, tenía que haber apartado al partido del foco que inculpaba al PSOE como el principal responsable de unas terceras elecciones y abrir un proceso de reflexión para definir su estrategia. Demasiados noes.

Frente a ello las formas con que sus críticos consiguieron descabalgar a su secretario general no parecen las más recomendables en política y dibujan un panorama desolador en el partido. Desconozco sí había otras vías, pero no me gusta nada la que hicieron servir por mucho que esté recogida en los estatutos. Pero ese es un problema interno que deberán resolver de la mejor manera posible. Entre otras cosas para evitar que el susto o muerte del Comité Federal se traslade a los territorios en los que actualmente se sustentan gobiernos de progreso.

Un guante que Pablo Iglesias ha puesto en el debate público y que Antonio Montiel no tardó en recoger en la Comunidad Valenciana. La broma no tiene ninguna gracia: Sólo faltaría que la falta de acuerdo para un gobierno progresista en España se pagara con la caída de los gobiernos del cambio que sí han podido conformarse y que están funcionando razonablemente. “Sería importante reclamar un respeto para los que no somos cartas de cambio ni peones de partidas en las que no participamos", no son declaraciones de ningún barón socialista temeroso de perder su cargo ante la amenaza de Pablo Iglesias. Quien así habló es la portavoz de Podemos en el ayuntamiento de Madrid Rita Maestre. Es lo que está en juego.

Aquí, en la Comunidad Valenciana, no parece que peligre el Pacte del Botànic. Así lo ha dicho la vicepresidenta Mónica Oltra quien ayer mismo reiteró que lo que pase en Madrid no puede tener consecuencias en Valencia. Por cierto, Oltra hizo desde la sala de prensa del Consell una firme defensa de la coherencia ideológica del president Ximo Puig en la aplicación de políticas progresistas y de izquierdas. Algo que contrasta con algunos comentarios que estos días hemos leído en las redes sociales firmados por compañeros de partido del President. Para hacérselo mirar....

Para justificar políticamente la retirada de su apoyo parlamentario al actual gobierno de la Generalitat Valenciana, Podemos deberá explicar razonadamente qué puntos de l'Acord del Botànic ha incumplido el PSPV-PSOE. De lo contrario corre el riesgo de aparecer como una formación sucursalista al servicio de su central en Madrid que utiliza a los valencianos como moneda de cambio para sus intereses nacionales y, la verdad, no es ese el perfil que yo encuentro entre la mayoría de militantes y votantes de Podemos. Sinceramente, lo que debería hacer Montiel es entrar en el gobierno y aportar desde dentro su granito de arena para recomponer los derechos sociales y las desigualdades que el PP arruinó en esta Comunidad.

Porque conviene no olvidar que para los valencianos -al menos para los votantes de PSOE, Compromís y  Podemos-, sí hay algo peor que un gobierno del PP (incluso en minoría) en Madrid: la vuelta al Palau de la Generalitat de un gobierno del PP.  Eso sí que NO... aunque sean ya muchos noes.

Publicat al "Levante de Castelló", 08 d'Octubre de 2016

miércoles, 9 de marzo de 2016

Este otro beso

Cuatro besos para la historia. De Klimt a Iglesias.

Hasta la fecha el más famoso es el del simbolista austríaco Gustav Klimt quien, según la Wikipedia, fue “uno de los más conspicuos representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa” Tal vez por eso su beso es  de los más reproducidos en la historia del arte. Pero Klimt no ha sido el único artista que se ha inspirado en un beso a la hora de crear. En otra disciplina, la música, se ha cantado al beso desde tiempos inmemorables: bailamos en los guateques de los años setenta sellados con el beso de Boby Vinton y, en clave más patria, fue Manolo Escobar quien nos recordó que como aquí no se besa en ningún sitio. Bueno, tal vez en Times Square: Fue la tarde de aquel 14 de julio de 1945 cuando el presidente Truman acababa de anunciar el fin de la Segunda Guerra Mundial tras la rendición de Japón   y allí mismo un marinero besó a una bella enfermera para celebrarlo... justo en el momento en que Alfred Eisenstaedt, un fotógrafo de la revista Life, disparó su Leica. Una foto, y un beso, para la historia.
Estos días el beso ha sido noticia más cerca, aquí en España. Si escriben esa palabra en el buscador más famoso del planeta Internet la entrada que aparece en primer lugar no hace referencia a la obra de Klimt, ni a la fotografía de Eisenstaedt, tampoco a la música de Vinton. Ni siquiera a una de las célebres Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer titulada "El Beso" y ambientada en la imperial Toledo ocupada por las tropas napoleónicas. Nada de eso. A día de hoy no hay beso más mediático, y por tanto más, universal que el "pico" que se dieron Pablo Iglesias y Xavi Domènech en la primera jornada del debate de la investidura (fallida) de Pedro Sánchez.
Como estaba previsto el candidato socialista falló en su intento por ser elegido presidente del gobierno, pero como también era previsible no fallaron los partidos de la nueva política al elegir cómo volver a ser el centro de todos los disparos. Y  no sólo los dialécticos, que también. Sobre todo esos otros que interesan tanto o más que aquellos: Los disparos en modo ráfaga de los fotógrafos y el buen tiro de las cámaras de televisión para volver a reservarse la imagen de portada de tan histórica jornada. Nada nuevo. En su primer día en el Congreso fue el niño de Carolina Bescansa y en esta ocasión ha sido el beso en la boca de Iglesias y Domènech.  
Es la nueva política, aunque sea con viejos usos. Porque Iglesias no es el primer político que alude a la “cal viva” para referirse a Felipe González en el congreso, lo hizo Julio Anguita mirando a los ojos del ex presidente del gobierno presente en la cámara. Tampoco es el primer político que besa en la boca a un colega de profesión: El fotógrafo Regis Bossu inmortalizó en 1979, el "beso fraternal" entre Leonidas Breznev y Erich Honecker en aquellos años de la guerra fría. Los líderes de la URSS y la RDA eran buenos camaradas y el protocolo al uso marcaba la manera en la que los mandatarios socialistas debían saludarse: un gran abrazo seguido de tres besos en mejillas alternas. Sólo en ocasiones excepcionales, si existía una especial relación de amistad, se podían sustituir por un beso en los labios y así fue. Una vez derribado el muro de Berlín el artista ruso Dimitri Vrúbel pintó en 1989 la escena en la East Side Gallery en el que es el tramo de muro más fotografiado por los turistas.
El de Iglesias y Domènech no alcanzará con el tiempo tanta notoriedad ni merecerá un mural callejero y, seguro, irá perdiendo influencia en las redes sociales a medida que lleguen otros abrazos, otros pactos y, quien sabe si otros besos. No puede ser de otra manera. Le faltó el enigma que dejó aquel beso en blanco y negro entre Breznev y Honecker y, sobre todo, el glamour de ese beso lésbico en color entre Madonna y Britney Spears que hace diez años tanto escandalizó a buena parte de la sociedad estadounidense más conservadora. 
Pero el beso de Iglesias y Domènech tiene algo en común con el que protagonizaron las estrellas del pop: aquí también se escandalizó la derecha; al menos los ministros (en funciones) que fueron testigos de excepción en la primera fila del Congreso de los Diputados. La cara de Luís de Guindos es ilustrativa al respecto: le sorprendió más la escena del beso que la quiebra de la Lehman Brothers de la que fue responsable en Europa. Reconforta saber qué aún hay cosas que sorprenden a la derecha española: por ejemplo comprobar que, como cantaba la copla, la española cuando besa es que besa de verdad... la nueva izquierda española, al menos.

Publicat al Levante de Castelló, 04 de Març de 2016

viernes, 23 de enero de 2015

De desmesuras y precampañas


La imagen que ha molestado al Predidente Fabra


Mañana hay dos citas que colapsan la atención mediática, allí y aquí. Allí, en Grecia, los ciudadanos votarán y sabremos si le dan la mayoría absoluta a Syriza para que Alexis Tsipras presida un gobierno de izquierdas que plante cara al austericidio y las políticas neoliberales de Angela Merkel. Aquí, en Valencia, también botarán; pero así, con la ‘b’ minúscula, que no es la B de la contabilidad del ya liberado Luis Bárcenas y que el PP dice desconocer. Hoy, en Valencia, los más entregados al nuevo Mesías llamado a reinventar la maltrecha izquierda española botarán entusiasmados para jalear a Pablo Iglesias en el pabellón de la Fonteta. Tras llenar a reventar en Barcelona y Sevilla los ‘bolos’ de precampaña le traen a la Comunidad Valenciana donde también colgará el cartel de completo.
Hay máxima expectación ante el primer gran mitin del líder de Podemos en una plaza donde todo está por decidir una vez asumido que el PP perderá buena parte de la cosecha de votos que creía tener asegurados en uno de sus principales graneros. Miles de votos en espera de urna que se sumaran a los que pierda un PSOE todavía en tiempos de mudanza y entretenido en la última de sus luchas cainitas. Y esta pinta cruenta porque la víctima puede ser Pedro Sánchez el secretario general que eligieron hace sólo seis meses. Una desmesura.
En estas circunstancias, y con el viento a favor de las encuestas, no parece previsible que Iglesias cambie en Valencia el discurso que repite en sus mítines y predica en los muchos platós de televisión que visita. La partitura a interpretar será la misma: Rechazo al PP y palo al PSOE, al que quiere continuar sangrado en votos, pero con distintos argumentos. Porque aquí, por ejemplo, no podrá culpar a Ximo Puig de vetar su presencia en Canal 9 cómo hizo en Sevilla con Susana Díaz y Canal Sur. Una acusación que se ha demostrado falsa –más allá de un wasap que nada prueba- y de la que no se ha retractado. Una práctica esa muy propia de la denostada casta y nada ejemplarizante en quien promete nuevas formas y esgrime nuevos valores. Ni siquiera podrá acusar de ello a Alberto Fabra que, él sí, es el máximo responsable de que veinticinco años después los valencianos afrontemos una campaña electoral sin poder contrastar ideas y propuestas en debates o entrevistas en nuestra radiotelevisión pública.
Iglesias, si quiere, puede culpar a Fabra de ser el principal liquidador de RTVV. Pero no el único. Otro que aterrizó allí para echar el cierre, Ernesto Moreno, fue detenido esta semana por su gestión al frente del Palau de les Arts que se desmorona por fuera con la caída del trencadís de Calatrava y por dentro con el (presunto) saqueo de algunos gestores. El megaproyecto que ideó Zaplana y que ejecutó Camps para recordar a las generaciones venideras la bonanza de los gobiernos del PP, acaba siendo el icono del despilfarro y la corrupción que han campado a sus anchas durante los años de mayorías absolutas de los populares: Emarsa, Brugal, Terra Mítica, Feria Valencia, aeropuerto de Castelló, RTVV, trama Gürtel, Valmor, Bankia, CAM, Caso Nóos, Rabasa, Caso Cooperación, Taronger, etc, han convertido esta comunidad en medalla de plata del ranking nacional de la corrupción. Tan sólo los ERE de Andalucía nos impiden ocupar lo más alto del podium.
La imagen de los furgones policiales frente al Palau de les Arts, que al de la Generalitat de momento sólo van a custodiarlo, es la metáfora que mejor refleja el final de una época. Una imagen que no ha gustado a Fabra, está  dolido porque se mancilla el skyline que su partido levantó como símbolo de modernidad y prosperidad. El presidente esta triste, pero ya lo dijo Joan Manuel Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Y la verdad es que de los Ferrari del amigo Bernie Ecclestone se ha pasado a las furgonetas del ministro y compañero Fernández Díaz. De la desmesura y la barra libre a la cordura y la ley. Es lo que hay, le disguste a Fabra o a su porquero.

La policía entró a cerrar RTVV
El presidente de la Generalitat considera la actuación policial “desmesurada y desproporcionada”. Suena a chiste en boca de quien el 29 de noviembre de 2013 envió a esa misma policía a cortar la señal de RTVV en una acción de manual en todo golpe de estado que se precie y tras una noche surrealista con diputados de la oposición entrando por las ventanas y con PacoTelefunken” razonando ante las cámaras porque se negaba a apagar un servicio público de radiotelevisión con nocturnidad y alevosía.
¿Desmesurada y desproporcionada? No señor presidente, no. Lo que ha sido desmesurado, desproporcionado, y sobre todo delictivo, es el saqueo a lo público que se ha producido en esta tierra con los gobiernos del PP. ¡Ah! bueno, perdón porque, cómo Bárcenas, resulta que Rafael Blasco no tiene nada que ver con el PP, ni Pedro Ángel Hernández Mateo tiene nada que ver con el PP, ni Víctor Campos tiene nada que ver con el PP, ni Rafael Betoret tiene nada que ver con el PP, ni Luis Fernando Cartagena tiene nada que ver con el PP, etc. Por citar sólo a los más ilustres de los que han sido condenados por corrupción mientras ostentaban cargos en ese partido. La otra lista, la de imputados, sería interminable. O casi.

Sí, lo se. En Andalucía los socialistas están hasta las trancas en la trama de los ERE, igual que el clan de los Pujol y CIU en Catalunya. Pero yo, como Alfonso Rus en su nueva tele, sólo quiero hablar de lo nostre… bueno, en este caso de lo suyo. Vamos de lo de su partido para ser más exacto.


Publicat al Levante de Castelló el 24 de gener de 2015

martes, 11 de noviembre de 2014

La vergüenza cambia de acera



Pablo Iglesias en la Asamblea de Podemos


Al final fue el miércoles, pero llegó. El barómetro del CIS más esperado de los últimos años se hizo esperar, como la llegada de este tardío otoño que finalmente nos acompaña. Quien sabe, tal vez sea porque esa encuesta, como éste otoño, augura el final del buen tiempo. En este caso para los intereses del partido del gobierno, porque la propaganda al sol de la tan cacareada recuperación no parece surgir el efecto deseado y en el PP se han visto obligados a abrir el armario para sacar ropa de abrigo y paraguas.
Toca protegerse de los chubascos y los negros nubarrones que se ciernen sobre un partido que a día de hoy aún concentra casi todo el poder político e institucional en este país, pero que suscita también el mayor rechazo que jamás acaparó un partido de gobierno en tan poco tiempo. La crisis, la corrupción y el hartazgo lo han hecho posible. El ‘Veroño’ feliz de Rajoy parece que también toca a su fin y esta vez el presidente no puede negar la realidad que se avecina por mucho que se aferre a eso de “que lo peor ha pasado”. No es del todo cierto: mucha gente lo sigue pasando mal y a él y su partido le puede ir peor. De hecho le irá peor cuando pase a la oposición.
Rajoy tiene problemas para aceptar los cambios. Hace años negó el cambio climático tras consultar a su primo meteorólogo. Hoy cuesta imaginar que su asesor de cabecera, Pedro Arriola, –el que le aconsejó dar marcha atrás en la contrarreforma de la ley del aborto- no le pueda convencer de una realidad que el propio Arriola no fue capaz de valorar cuando calificó de ‘frikis’a los miles de ciudadanos que apoyaron y dieron forma al fenómeno ‘Podemos’ tras el éxito de la formación de Pablo Iglesias en las europeas: Aquellos frikis de hace unos meses son hoy una seria amenaza para los muchos intereses –electorales y de todo tipo- del PP.
Eso apuntaba la filtración de un barómetro que se publica siempre el primer lunes del mes y que esta vez llega con retraso. No muchos días, la verdad, pero era tanta la expectación y el morbo que suscitó el anticipo de sus resultados que tertulianos y políticos estaban ya atacados de los nervios. Tanto que algunos han puesto en duda que el retraso se deba a los motivos técnicos propios de la habitual “cocina” demoscópica que acompaña a este tipo de estudios. Dicen los más incrédulos que no hacía falta tanto aderezo y que se han dado el tiempo necesario para poder aplicarle lo que Ferrán Adrià aportó a la cocina contemporánea, y por cierto con notable éxito: la desestructuración o deconstrucción. No tengo el gusto, pero dicen que consiste en cambiar totalmente el aspecto, la textura y la combinación de los alimentos para mejorar el estímulo sensorial que nos producen y hacer así participes a todos los sentidos en el goce gastronómico. En su afán por darle forma a la realidad que más les interesa estos gourmets de las encuestas superan al mismísimo fundador de El Bulli. Tras pasar por su particular deconstrucción la ensalada de datos y el revuelto de cifras del sondeo del CIS acaba siendo otra “simulación en diferido”, por decirlo con palabras que les son propias.
Los resultados del barómetro dicen que ‘Podemos’ es la primera fuerza en intención directa de voto con un 17’6 por cien de apoyos, frente el 14’3 del PSOE y el 11’7 del PP. Más que una oleada demoscópica es un tsunami surgido de la nada, de la indignación de a calle, que deja una doble lectura: sorpasso de ‘Podemos’ al PSOE por la izquierda y sorpresa de las grandes al superar en seis puntos al PP. Pero la “cocina” obra el milagro y convenientemente condimentado y sazonado el resultado es otro: Si hoy se celebrasen elecciones ganaría el PP con el 27’5 % de los votos, seguido del PSOE con el 23’9, mientras Podemos se quedaría en un tercer puesto con el 22’5de votos. Le llaman estimación de voto y es la conclusión que extraen los maestros “cocineros” al predecir el resultado final teniendo en cuenta lo que puede votar el 21,9% que no contestan o se declaran indecisos. Ahí gana el PP porque hoy buena parte de aquel voto oculto del que se avergonzaban los simpatizantes  socialistas desencantados pertenece a ciudadanos que acabarán votando popular aunque -cómo aquellos- lo hagan tapándose la nariz. La vergüenza cambia de acera.
En todo caso al PP no le da para gobernar… a no ser que llegue la tan deseada, por algunos, gran coalición PP-PSOE. Esa que puede significar un nuevo exilio para los socialistas españoles: Al anterior se fueron obligados por el régimen franquista y a éste le enviarán con sus votos los ciudadanos si pactan con la derecha. La sombra del PASOK es alargada, mucho.
Hay un último dato contundente que no ha podido ser desestructurado en la “cocina”: El 86’6 por cien de los españoles consultados –una gran mayoría en la que seguro hay miles de votantes del PP- tiene "poca" o "ninguna" confianza en el presidente que los gobierna. Rajoy es, con diferencia, el político peor valorado de España. Pedro Sánchez, que se estrena en la encuesta, tiene el rechazo del 67’8 por cien de los encuestados.

¿Por quién, por Pablo Iglesias? Pues no, no han preguntado… ¿será por si acaso?


Publicat al 'Levante de Castelló' - 8 de Novembre de 2014