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| Pablo Iglesias en la Asamblea de Podemos |
Al final fue el miércoles, pero llegó. El barómetro del CIS más esperado de los últimos años se hizo esperar, como la llegada de este tardío otoño que finalmente nos acompaña. Quien sabe, tal vez sea porque esa encuesta, como éste otoño, augura el final del buen tiempo. En este caso para los intereses del partido del gobierno, porque la propaganda al sol de la tan cacareada recuperación no parece surgir el efecto deseado y en el PP se han visto obligados a abrir el armario para sacar ropa de abrigo y paraguas.
Toca protegerse de los
chubascos y los negros nubarrones que se ciernen sobre un partido que a día de
hoy aún concentra casi todo el poder político e institucional en este país,
pero que suscita también el mayor rechazo que jamás acaparó un partido de gobierno
en tan poco tiempo. La crisis, la corrupción y el hartazgo lo han hecho
posible. El ‘Veroño’ feliz de Rajoy
parece que también toca a su fin y esta vez el presidente no puede negar la
realidad que se avecina por mucho que se aferre a eso de “que lo peor ha pasado”.
No es del todo cierto: mucha gente lo sigue pasando mal y a él y su partido le puede
ir peor. De hecho le irá peor cuando pase a la oposición.
Rajoy tiene problemas para
aceptar los cambios. Hace años negó el cambio climático tras consultar a su primo meteorólogo. Hoy cuesta imaginar que su asesor de cabecera, Pedro
Arriola, –el que le aconsejó dar marcha atrás en la contrarreforma de la
ley del aborto- no le pueda convencer de una realidad que el propio Arriola no fue
capaz de valorar cuando calificó de ‘frikis’a los miles de ciudadanos que apoyaron y dieron forma al fenómeno ‘Podemos’
tras el éxito de la formación de Pablo Iglesias en las europeas: Aquellos
frikis de hace unos meses son hoy una
seria amenaza para los muchos intereses –electorales y de todo tipo- del PP.
Eso apuntaba la filtración
de un barómetro que se publica siempre el primer lunes del mes y que esta vez
llega con retraso. No muchos días, la verdad, pero era tanta la expectación y
el morbo que suscitó el anticipo de sus resultados que tertulianos y políticos estaban
ya atacados de los nervios. Tanto que algunos han puesto en duda que el retraso
se deba a los motivos técnicos propios de la habitual “cocina” demoscópica que acompaña
a este tipo de estudios. Dicen los más incrédulos que no hacía falta tanto
aderezo y que se han dado el tiempo necesario para poder aplicarle lo que Ferrán
Adrià aportó a la cocina contemporánea, y por cierto con notable éxito: la
desestructuración o deconstrucción. No tengo el gusto, pero dicen que consiste
en cambiar totalmente el aspecto, la textura y la combinación de los alimentos
para mejorar el estímulo sensorial que nos producen y hacer así participes a
todos los sentidos en el goce gastronómico. En su afán por darle forma a la
realidad que más les interesa estos gourmets de las encuestas superan al mismísimo
fundador de El Bulli. Tras pasar por
su particular deconstrucción la ensalada de datos y el revuelto de cifras del sondeo
del CIS acaba siendo otra “simulación en diferido”, por decirlo con palabras
que les son propias.
Los resultados del barómetro dicen que ‘Podemos’ es la primera fuerza en intención directa de voto
con un 17’6 por cien de apoyos, frente el 14’3 del PSOE y el 11’7 del PP. Más
que una oleada demoscópica es un tsunami surgido de la nada, de la
indignación de a calle, que deja una doble lectura: sorpasso de
‘Podemos’ al PSOE por la izquierda y sorpresa de las grandes al superar en seis
puntos al PP. Pero la “cocina” obra el milagro y convenientemente condimentado
y sazonado el resultado es otro: Si hoy se celebrasen elecciones ganaría el PP
con el 27’5 % de los votos, seguido del PSOE con el 23’9, mientras Podemos se
quedaría en un tercer puesto con el 22’5de votos. Le llaman estimación de voto
y es la conclusión que extraen los maestros “cocineros” al predecir el
resultado final teniendo en cuenta lo que puede votar el 21,9% que no contestan
o se declaran indecisos. Ahí gana el PP porque hoy buena parte de aquel voto oculto del que se avergonzaban los simpatizantes socialistas desencantados pertenece a ciudadanos que acabarán votando popular aunque -cómo aquellos- lo hagan tapándose
la nariz. La vergüenza cambia de acera.
En todo caso al PP no le
da para gobernar… a no ser que llegue la tan deseada, por algunos, gran coalición PP-PSOE. Esa que puede significar un nuevo exilio para los socialistas
españoles: Al anterior se fueron obligados por el régimen franquista y a éste le
enviarán con sus votos los ciudadanos si pactan con la derecha. La sombra del
PASOK es alargada, mucho.
Hay un último dato
contundente que no ha podido ser desestructurado en la “cocina”: El 86’6 por
cien de los españoles consultados –una gran mayoría en la que seguro hay miles
de votantes del PP- tiene "poca" o "ninguna" confianza en el
presidente que los gobierna. Rajoy es, con diferencia, el político peor
valorado de España. Pedro Sánchez, que se estrena en la encuesta, tiene
el rechazo del 67’8 por cien de los encuestados.
¿Por quién, por Pablo
Iglesias? Pues no, no han preguntado… ¿será por si acaso?

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