martes, 11 de noviembre de 2014

La vergüenza cambia de acera



Pablo Iglesias en la Asamblea de Podemos


Al final fue el miércoles, pero llegó. El barómetro del CIS más esperado de los últimos años se hizo esperar, como la llegada de este tardío otoño que finalmente nos acompaña. Quien sabe, tal vez sea porque esa encuesta, como éste otoño, augura el final del buen tiempo. En este caso para los intereses del partido del gobierno, porque la propaganda al sol de la tan cacareada recuperación no parece surgir el efecto deseado y en el PP se han visto obligados a abrir el armario para sacar ropa de abrigo y paraguas.
Toca protegerse de los chubascos y los negros nubarrones que se ciernen sobre un partido que a día de hoy aún concentra casi todo el poder político e institucional en este país, pero que suscita también el mayor rechazo que jamás acaparó un partido de gobierno en tan poco tiempo. La crisis, la corrupción y el hartazgo lo han hecho posible. El ‘Veroño’ feliz de Rajoy parece que también toca a su fin y esta vez el presidente no puede negar la realidad que se avecina por mucho que se aferre a eso de “que lo peor ha pasado”. No es del todo cierto: mucha gente lo sigue pasando mal y a él y su partido le puede ir peor. De hecho le irá peor cuando pase a la oposición.
Rajoy tiene problemas para aceptar los cambios. Hace años negó el cambio climático tras consultar a su primo meteorólogo. Hoy cuesta imaginar que su asesor de cabecera, Pedro Arriola, –el que le aconsejó dar marcha atrás en la contrarreforma de la ley del aborto- no le pueda convencer de una realidad que el propio Arriola no fue capaz de valorar cuando calificó de ‘frikis’a los miles de ciudadanos que apoyaron y dieron forma al fenómeno ‘Podemos’ tras el éxito de la formación de Pablo Iglesias en las europeas: Aquellos frikis de hace unos meses son hoy una seria amenaza para los muchos intereses –electorales y de todo tipo- del PP.
Eso apuntaba la filtración de un barómetro que se publica siempre el primer lunes del mes y que esta vez llega con retraso. No muchos días, la verdad, pero era tanta la expectación y el morbo que suscitó el anticipo de sus resultados que tertulianos y políticos estaban ya atacados de los nervios. Tanto que algunos han puesto en duda que el retraso se deba a los motivos técnicos propios de la habitual “cocina” demoscópica que acompaña a este tipo de estudios. Dicen los más incrédulos que no hacía falta tanto aderezo y que se han dado el tiempo necesario para poder aplicarle lo que Ferrán Adrià aportó a la cocina contemporánea, y por cierto con notable éxito: la desestructuración o deconstrucción. No tengo el gusto, pero dicen que consiste en cambiar totalmente el aspecto, la textura y la combinación de los alimentos para mejorar el estímulo sensorial que nos producen y hacer así participes a todos los sentidos en el goce gastronómico. En su afán por darle forma a la realidad que más les interesa estos gourmets de las encuestas superan al mismísimo fundador de El Bulli. Tras pasar por su particular deconstrucción la ensalada de datos y el revuelto de cifras del sondeo del CIS acaba siendo otra “simulación en diferido”, por decirlo con palabras que les son propias.
Los resultados del barómetro dicen que ‘Podemos’ es la primera fuerza en intención directa de voto con un 17’6 por cien de apoyos, frente el 14’3 del PSOE y el 11’7 del PP. Más que una oleada demoscópica es un tsunami surgido de la nada, de la indignación de a calle, que deja una doble lectura: sorpasso de ‘Podemos’ al PSOE por la izquierda y sorpresa de las grandes al superar en seis puntos al PP. Pero la “cocina” obra el milagro y convenientemente condimentado y sazonado el resultado es otro: Si hoy se celebrasen elecciones ganaría el PP con el 27’5 % de los votos, seguido del PSOE con el 23’9, mientras Podemos se quedaría en un tercer puesto con el 22’5de votos. Le llaman estimación de voto y es la conclusión que extraen los maestros “cocineros” al predecir el resultado final teniendo en cuenta lo que puede votar el 21,9% que no contestan o se declaran indecisos. Ahí gana el PP porque hoy buena parte de aquel voto oculto del que se avergonzaban los simpatizantes  socialistas desencantados pertenece a ciudadanos que acabarán votando popular aunque -cómo aquellos- lo hagan tapándose la nariz. La vergüenza cambia de acera.
En todo caso al PP no le da para gobernar… a no ser que llegue la tan deseada, por algunos, gran coalición PP-PSOE. Esa que puede significar un nuevo exilio para los socialistas españoles: Al anterior se fueron obligados por el régimen franquista y a éste le enviarán con sus votos los ciudadanos si pactan con la derecha. La sombra del PASOK es alargada, mucho.
Hay un último dato contundente que no ha podido ser desestructurado en la “cocina”: El 86’6 por cien de los españoles consultados –una gran mayoría en la que seguro hay miles de votantes del PP- tiene "poca" o "ninguna" confianza en el presidente que los gobierna. Rajoy es, con diferencia, el político peor valorado de España. Pedro Sánchez, que se estrena en la encuesta, tiene el rechazo del 67’8 por cien de los encuestados.

¿Por quién, por Pablo Iglesias? Pues no, no han preguntado… ¿será por si acaso?


Publicat al 'Levante de Castelló' - 8 de Novembre de 2014

No hay comentarios:

Publicar un comentario