Cuenta el periodista Miguel
Angel Aguilar que en vísperas del triunfo del PP en las elecciones de marzo
de 1996 a Rodolfo Martín Villa se le oyó decir en más de una ocasión aquello
de: ¡Cuerpo a tierra, que vienen los
nuestros!. Una frase cuya paternidad le es atribuida a Pío Cabanillas
en los meses en que la UCD de Adolfo Suárez entró en fase de descomposición.
Hoy en día la alerta sigue de plena vigencia. Por ejemplo para el presidente Alberto
Fabra: En política el fuego amigo también suele causar estragos y a Fabra le disparan desde muchos frentes dentro del PP.
La dimisión de Juan
Cotino le salvó del bochorno de compartir boato con un presidente de las
Cortes imputado en pleno ejercicio del cargo: Sólo unos días después de cambiar
la política por el cultivo de caquis a Cotino le llegó la imputación por presunta
malversación de fondos durante la famosa visita del Papa. Esa bala no alcanzó a
un Fabra que no pudo evitar tener que cruzar una miradita de esas que ‘matan’,
aunque sólo una fuera, con su compañera y alcaldesa de Alicante Sonia
Castedo en un acto presidido por Felipe VI a quien, por cierto, no le
cayó la corona por saludar a una doble imputada. Castedo tuvo su foto con el
nuevo rey y a la mañana siguiente se sintió ‘indispuesta’ para saludar a su
doble presidente Mariano Rajoy. Esa foto, al parecer, ya la tenía. Para unos
es una muestra más del poder de la alcaldesa a quien Fabra no puede marcarle el
paso. Para la versión oficial es justo todo lo contrario: Una ausencia forzada,
un éxito personal de Fabra que pudo sentirse aliviado al lograr que su jefe no
quedara retratado con la imputada más mediática de España.
Pero no hay dos sin tres y
Castedo envió al suplente, el vicealcalde Andrés Llorens, que también
está imputado por prevaricación. Es lo malo de tener tantas causas pendientes
con la justicia: Los que van detrás tampoco están limpios de sumario y toga.
Una realidad que no es nueva para los populares valencianos. Les pasó al sustituir
a Cotino como diputado autonómico: el siguiente en la lista, Felipe del Baño,
también estaba imputado. Hay tantos que la línea roja de Fabra no alcanza. El
último les ha salido respondón, como
Castedo, y ha puesto al presidente regional en un trance complicado. El órdago
del concejal de Valencia Alfonso Grau al pasarse por el forro de su
verborrea la doctrina de su jefe en público obliga a Fabra a mover ficha. Grau dijo
con indisimulada arrogancia que las líneas rojas de Fabra: “son suyas, yo tengo mis propias líneas que
pueden coincidir… ¡¡o no!!”.
El vicealcalde se vino arriba ante la prensa, a la que también leyó la
cartilla, y añadió que se irá sólo cuando él quiera y pidió “coherencia a la hora de aplicar las líneas
rojas". Una enmienda a la totalidad que deja a Fabra sin apenas margen:
O le cesa o queda desacreditado para seguir al frente del PP a riesgo de
convertirse en un pim-pam-pum al que
disparan por igual desde las dos grandes alcaldías. Pero también desde otras plazas
‘menores’. Los de Castedo y Grau no son los únicos chuleos al mandamiento de tolerancia cero con la corrupción que
promulgó Fabra. Francisco Martínez sigue de alcalde popular en Vall d’Alba pese a estar imputado. Y otra
Martínez, de nombre Milagrosa, se aferra al cargo en Novelda aunque esté
imputada por la pieza de Fitur en la trama Gürtel,
en ambos casos sin que Fabra pueda, o quiera, obligarlos a dimitir. Los apartan
de las instituciones para que no ‘contaminen’ a sus superiores, pero les
mantienen allí donde son útiles a los intereses del partido gracias al
clientelismo que han generado tras tantos años de poder absoluto.
Aunque nada es comparable
con el pulso lanzado por Grau. Fabra le replicó en un ‘duelo al sol’ impropio
de quien ostenta el mandato de hacer valer los principios de obediencia y
jerarquía que tanto valoran los militantes del PP. “Cuando se produzca el auto del juez, hablaremos”, contestó Fabra
desde la prensa. No son maneras: Si el presidente cree que el concejal traspasa
su línea roja debe obligarle a dejar el cargo, o expulsarle si se niega a ello.
No hay otra. No puede permitir determinadas actitudes y formas. Esas que el
propio Fabra dice que no le gustan, pero con las que traga… por ahora.
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| Alberto Fabra en Ràdio 9 |
Pero este Fabra ya está en
campaña y al día siguiente se fue a les Corts y dejó descolocado a Rus y al resto
de personal –a propios y ajenos- al
decir que sí, que vale, que se puede reabrir Canal 9… siempre que sea "sostenible". Fue esa misma la propuesta que Fabra rechazó de los trabajadores tras la sentencia del primer ERE para
evitar un cierre que le ha costado a los valencianos 200 millones de euros y que ha destrozado 1.600
familias y a todo el sector audiovisual.
¿Sostenible? La radiotelevisión pública puede serlo,
seguro. Lo que no es sostenible es mantener por más tiempo a un presidente así.


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