Cuentan
los puristas, que también los hay en esta materia, que la tradición de montar
belenes en España se remonta al siglo XV cuando empiezan a instalarlos los
monjes franciscanos. Nos recuerdan también que “Todavía podemos visitar en el
Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid su famoso Belén de Coral del siglo
XVI, con figuras talladas en coral, plata y bronce” o que en el inventario
póstumo de Lope de Vega, por ejemplo, “aparece una colección de figuras
con las que cada año montaba un belén casero en el siglo XVII”. Con todo, no
fue hasta el reinado de Carlos III (1716-1788) cuando esta costumbre
navideña se popularizó en todo el territorio nacional. Carlos era el tercer hijo
varón de Felipe V y fue nombrado Rey de Nápoles hasta que la muerte sin
descendientes de su hermano Fernando VI le convirtió en rey de España y
de las Indias. Fue entonces cuando se trasladó a la Villa y Corte de Madrid
donde su esposa, Mª Amalia de Sajonia, introdujo algunas de las
costumbres napolitanas con las que habían convivido. Entre ellas, la de montar
en Navidad la representación del nacimiento de Jesús, una actividad a la que al
parecer eran muy aficionados, tanto que mandaron traer desde Nápoles unas de
7.000 figuras para su Belén en Madrid. Un año después Amalia de Sajonia
falleció sin ser consciente que había creado escuela al importar una práctica
que pervive hasta nuestros días, pese a la dura competencia de las tradiciones
anglosajonas. Pero esa es otra historia.
Desde
entonces se lleva mucho en España eso de “montar un belén”. Tanto que el
desbarajuste que ocasiona en el ámbito familiar ha servido para acuñar una
expresión que refleja una situación de desorden o de caos... vamos, un follón.
Expresión que no hay que confundir con
esa otra de “montar un pollo” que, en contra de lo que pueda parecer, nada
tiene que ver con el animal de granja sino con el taburete o atril portátil que durante el siglo XIX
utilizaban los oradores que llegaban a una plaza o parque público para montarse
en ellos y lanzar desde allí sus proclamas. Ese atril o taburete, en ocasiones
una simple caja, se llamaba “poyo” (del latín pódium) y dio pie a la
citada expresión al constatar que en numerosas ocasiones, tras montar el poyo o
la tribuna, llegaba la discusión y el enfrentamiento entre los asistentes según
fueran estos partidarios o detractores de aquello que decía el orador. Hoy el
podio, que no el pollo, sirve igual para coronar los campeones olímpicos que para el lucimiento de las y
los “gogos” en las discotecas. Pero esa
es también otra historia...
En
todo caso se siguen armando belenes y montando pollos... en España y en Italia.
También aquí, en Castelló. Por ejemplo en el Hospital Provincial donde se dan
los dos casos: se monta el Nacimiento, un reconocido y querido Belén, al tiempo
que se monta un pollo de dimensiones políticas considerables tras la decisión
del Consell de levantar las alfombras y
llevar a la justicia las más de 4.000 facturas presuntamente irregulares de los
años de mayorías absolutas del PP. Algunas, por importe de 90.000 euros,
corresponden al montaje del Belén del Hospital Provincial. Ese del que se
ocupaba el popular capellà de l'Hospital, Mossen Manuel Carceller,
quien recogió una tradición que se remonta al año 1940 cuando se montó por
primera vez un Belén en el recién estrenado Pabellón de Niños del Hospital. Fue
la religiosa, Sor Gabriela quien, con la ayuda “de los Soldados
Hospitalarios y del personal militar y civil del centro” montó un belén “con
mas de 800 figuras” ya en el año 1942.
Hasta la fecha.
Un
nacimiento realmente singular que era visita obligada para los escolares que
guardaban cola a las puertas del Hospital Provincial antes de poder admirar las
figuras en movimiento accionadas en muchos casos con pequeños motores de
todo tipo de pequeños electrodomésticos
o utensilios domésticos como máquinas de coser. Es
el mismo Belén que estos días ocupó en la prensa nacional el mismo espació de
crítica y guasa que hace unos años se reservaba para el entonces todavía
aeropuerto sin aviones de Castelló. El motivo del interés de los medios ya lo
conocen: el mismo belén que el Mossen Carceller y las monjitas montaban a coste
cero para las arcas públicas se ha disparado hasta los 90.000 € cuando el
servicio de montaje se ha “externalizado”, son cosas de los nuevos tiempos, a
una de las empresas que aparecen implicadas en el paquete de facturas
supuestamente irregulares del Provincial. Entre ellas figuran 30 pagadas a dos
empresas del grupo Domo por la "instalación, montaje y restauración"
del belén del Hospital Provincial por un importe de 90.000 euros, de los que
casi 70.000 obedecen al concepto de “instalación y montaje del mismo”. Todo un
pastón por el mismo trabajo que ya en 1942 Sor Gabriela realizaba de forma
altruista, al igual haría después el recordado Mossen Carceller. Ahora se
monta a precio de coche de alta gama o sueldo de ministro.
La
Fiscalía dirá en su día, pero convendría que alguien lo explicara antes. Para
no seguir montando un pollo a cuenta del montaje del Belén será preciso saber
sí, de verdad, ha habido algún figura que se ha llevado los regalos de
los Reyes Magos y hasta la paja del pesebre... dicho sea sin ánimo de polémica,
aunque tratándose del Hospital
Provincial esa expresión pueda llevar a malos entendidos. Pero es lo que
hay...
Publicat al "Levante de Castelló" el 17 de Desembre de 2016
Publicat al "Levante de Castelló" el 17 de Desembre de 2016

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