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| Cuatro besos para la historia. De Klimt a Iglesias. |
Hasta la fecha el más
famoso es el del simbolista austríaco Gustav Klimt quien, según la Wikipedia,
fue “uno de los más conspicuos
representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa” Tal vez
por eso su beso es de los más reproducidos en la historia del arte. Pero Klimt no ha sido el único artista que se ha inspirado en un beso a la hora de
crear. En otra disciplina, la música, se ha cantado al beso desde
tiempos inmemorables: bailamos en los guateques de los años setenta sellados con
el beso de Boby Vinton y, en clave más patria, fue Manolo Escobar
quien nos recordó que como aquí no se besa en ningún sitio. Bueno, tal vez en
Times Square: Fue la tarde de aquel 14 de julio de 1945 cuando el presidente Truman
acababa de anunciar el fin de la Segunda Guerra Mundial tras la rendición de Japón y allí mismo un marinero besó a
una bella enfermera para celebrarlo... justo en el momento en que Alfred
Eisenstaedt, un fotógrafo de la revista Life,
disparó su Leica. Una foto, y un beso, para la historia.
Estos días el beso ha
sido noticia más cerca, aquí en España. Si escriben esa palabra en el buscador más famoso del
planeta Internet la entrada que aparece en primer lugar no hace referencia a la
obra de Klimt, ni a la fotografía de Eisenstaedt, tampoco a la música de Vinton.
Ni siquiera a una de las célebres Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer titulada "El Beso" y ambientada
en la imperial Toledo ocupada por las tropas napoleónicas. Nada de eso. A día
de hoy no hay beso más mediático, y por tanto más, universal que el "pico" que se
dieron Pablo Iglesias y Xavi Domènech en la primera jornada del
debate de la investidura (fallida) de Pedro Sánchez.
Como estaba previsto el candidato socialista falló en su intento por ser elegido presidente del
gobierno, pero como también era previsible no fallaron los partidos de la nueva política al elegir cómo volver a ser el centro de todos
los disparos. Y no sólo los dialécticos,
que también. Sobre todo esos otros que interesan tanto o más que aquellos: Los disparos
en modo ráfaga de los fotógrafos y el buen tiro de las cámaras de televisión para
volver a reservarse la imagen de portada de tan histórica jornada. Nada nuevo.
En su primer día en el Congreso fue el niño de Carolina Bescansa y en
esta ocasión ha sido el beso en la boca de Iglesias y Domènech.
Es la nueva política,
aunque sea con viejos usos. Porque Iglesias no es el primer político que alude
a la “cal viva” para referirse a Felipe González en el congreso, lo hizo Julio Anguita mirando a los ojos del ex presidente del
gobierno presente en la cámara. Tampoco es el primer político que besa en la
boca a un colega de profesión: El fotógrafo Regis Bossu inmortalizó en 1979,
el "beso fraternal" entre Leonidas Breznev y Erich Honecker en aquellos años de la guerra fría. Los líderes de la URSS y la RDA eran buenos
camaradas y el protocolo al uso marcaba la manera en la que los mandatarios socialistas debían saludarse: un gran abrazo seguido de tres besos en mejillas
alternas. Sólo en ocasiones excepcionales, si existía una especial relación de
amistad, se podían sustituir por un beso en los labios y así fue. Una vez
derribado el muro de Berlín el artista ruso Dimitri Vrúbel pintó en 1989
la escena en la East Side Gallery en el que es el tramo de muro más
fotografiado por los turistas.
El de Iglesias y Domènech
no alcanzará con el tiempo tanta notoriedad ni merecerá un mural callejero y,
seguro, irá perdiendo influencia en las redes sociales a medida que lleguen
otros abrazos, otros pactos y, quien sabe si otros besos. No puede ser de otra
manera. Le faltó el enigma que dejó aquel beso en blanco y negro entre Breznev
y Honecker y, sobre todo, el glamour de ese beso lésbico en color entre
Madonna y Britney Spears que hace diez años tanto escandalizó a buena
parte de la sociedad estadounidense más conservadora.
Pero el beso de
Iglesias y Domènech tiene algo en común con el que protagonizaron las
estrellas del pop: aquí también se escandalizó la derecha; al menos los ministros (en funciones)
que fueron testigos de excepción en la primera fila del Congreso de los Diputados.
La cara de Luís de Guindos es ilustrativa al respecto: le sorprendió más
la escena del beso que la quiebra de la Lehman Brothers de la que fue responsable en Europa. Reconforta saber qué aún
hay cosas que sorprenden a la derecha española: por ejemplo comprobar que, como
cantaba la copla, la española cuando besa es que besa de verdad... la nueva izquierda
española, al menos.
Publicat al Levante de Castelló, 04 de Març de 2016
Publicat al Levante de Castelló, 04 de Març de 2016

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