miércoles, 9 de marzo de 2016

Este otro beso

Cuatro besos para la historia. De Klimt a Iglesias.

Hasta la fecha el más famoso es el del simbolista austríaco Gustav Klimt quien, según la Wikipedia, fue “uno de los más conspicuos representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa” Tal vez por eso su beso es  de los más reproducidos en la historia del arte. Pero Klimt no ha sido el único artista que se ha inspirado en un beso a la hora de crear. En otra disciplina, la música, se ha cantado al beso desde tiempos inmemorables: bailamos en los guateques de los años setenta sellados con el beso de Boby Vinton y, en clave más patria, fue Manolo Escobar quien nos recordó que como aquí no se besa en ningún sitio. Bueno, tal vez en Times Square: Fue la tarde de aquel 14 de julio de 1945 cuando el presidente Truman acababa de anunciar el fin de la Segunda Guerra Mundial tras la rendición de Japón   y allí mismo un marinero besó a una bella enfermera para celebrarlo... justo en el momento en que Alfred Eisenstaedt, un fotógrafo de la revista Life, disparó su Leica. Una foto, y un beso, para la historia.
Estos días el beso ha sido noticia más cerca, aquí en España. Si escriben esa palabra en el buscador más famoso del planeta Internet la entrada que aparece en primer lugar no hace referencia a la obra de Klimt, ni a la fotografía de Eisenstaedt, tampoco a la música de Vinton. Ni siquiera a una de las célebres Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer titulada "El Beso" y ambientada en la imperial Toledo ocupada por las tropas napoleónicas. Nada de eso. A día de hoy no hay beso más mediático, y por tanto más, universal que el "pico" que se dieron Pablo Iglesias y Xavi Domènech en la primera jornada del debate de la investidura (fallida) de Pedro Sánchez.
Como estaba previsto el candidato socialista falló en su intento por ser elegido presidente del gobierno, pero como también era previsible no fallaron los partidos de la nueva política al elegir cómo volver a ser el centro de todos los disparos. Y  no sólo los dialécticos, que también. Sobre todo esos otros que interesan tanto o más que aquellos: Los disparos en modo ráfaga de los fotógrafos y el buen tiro de las cámaras de televisión para volver a reservarse la imagen de portada de tan histórica jornada. Nada nuevo. En su primer día en el Congreso fue el niño de Carolina Bescansa y en esta ocasión ha sido el beso en la boca de Iglesias y Domènech.  
Es la nueva política, aunque sea con viejos usos. Porque Iglesias no es el primer político que alude a la “cal viva” para referirse a Felipe González en el congreso, lo hizo Julio Anguita mirando a los ojos del ex presidente del gobierno presente en la cámara. Tampoco es el primer político que besa en la boca a un colega de profesión: El fotógrafo Regis Bossu inmortalizó en 1979, el "beso fraternal" entre Leonidas Breznev y Erich Honecker en aquellos años de la guerra fría. Los líderes de la URSS y la RDA eran buenos camaradas y el protocolo al uso marcaba la manera en la que los mandatarios socialistas debían saludarse: un gran abrazo seguido de tres besos en mejillas alternas. Sólo en ocasiones excepcionales, si existía una especial relación de amistad, se podían sustituir por un beso en los labios y así fue. Una vez derribado el muro de Berlín el artista ruso Dimitri Vrúbel pintó en 1989 la escena en la East Side Gallery en el que es el tramo de muro más fotografiado por los turistas.
El de Iglesias y Domènech no alcanzará con el tiempo tanta notoriedad ni merecerá un mural callejero y, seguro, irá perdiendo influencia en las redes sociales a medida que lleguen otros abrazos, otros pactos y, quien sabe si otros besos. No puede ser de otra manera. Le faltó el enigma que dejó aquel beso en blanco y negro entre Breznev y Honecker y, sobre todo, el glamour de ese beso lésbico en color entre Madonna y Britney Spears que hace diez años tanto escandalizó a buena parte de la sociedad estadounidense más conservadora. 
Pero el beso de Iglesias y Domènech tiene algo en común con el que protagonizaron las estrellas del pop: aquí también se escandalizó la derecha; al menos los ministros (en funciones) que fueron testigos de excepción en la primera fila del Congreso de los Diputados. La cara de Luís de Guindos es ilustrativa al respecto: le sorprendió más la escena del beso que la quiebra de la Lehman Brothers de la que fue responsable en Europa. Reconforta saber qué aún hay cosas que sorprenden a la derecha española: por ejemplo comprobar que, como cantaba la copla, la española cuando besa es que besa de verdad... la nueva izquierda española, al menos.

Publicat al Levante de Castelló, 04 de Març de 2016

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