domingo, 20 de marzo de 2016

Un cambalache despreciable

Refugiados sirios cruzando el río en la frontera entre Grecia y Macedonia / Foto: STOYAN NENOV (REUTERS)


Pese a no haber (todavía) nuevo gobierno, o quizás por ello, la semana ha pasado entretenida. Y no sólo por los problemas judiciales, que no cesan, para una Rita Barberá cada vez más a la defensiva contra el mundo y contra su propio partido; ni por el apagón mediático del desparecido Iñigo Errejón tras comprobarse que un Pablo Iglesias enfadado se comporta igual que la resta de políticos de la casta cuando hacer valer sus poderes; ni siquiera por la incongruencia que demuestra Pedro Sánchez al medir a su líder en Galicia, éste si imputado por corrupción, con una vara muy distinta a la que empleó para defenestrar a su líder de Madrid… Tampoco me refiero a que sus señorías hayan ocupado mucho de su preciado tiempo en el empeño de encontrar a alguien que se ocupe de la gobernabilidad para sacar a este país del largo ralentí en que se encuentra. Nada de eso.
Apunto tan sólo que lo del desgobierno de este gobierno (en funciones) ya cansa porque entre otras cosas reduce la capacidad de afrontar temas y adoptar acuerdos que no pueden esperar. Por ejemplo, a propósito de la mal llamada crisis de los refugiados sirios -que nada tiene de crisis y sí mucho de tragedia- y de la solución que Europa anunció en su día para sacudirse de sus fronteras un drama que empieza a superar los límites de la decencia y a minar los valores que, se supone, definen la razón de ser de la Unión Europea en materia de derechos civiles y libertades fundamentales.
El Reino de España, que dicho así -y con mayúsculas- parece que suene más serio, no podía sumarse a la indignidad de aceptar la deportación de  miles de personas que llegan a Europa huyendo de la guerra y enviarlos a Turquía a cambio de 6.000 millones de euros y de permitir a los ciudadanos de ese país viajar a la UE sin visado. Unos ciudadanos a cambio de otros. Deportaciones masivas de refugiados, algo que no está contemplado en el derecho internacional ni en el lícito moral.
Un cambalache despreciable del que no quiero sentirme cómplice dada mi condición de ciudadano europeo. Y como yo millones de españoles que han recuperado aquel eslogan de la guerra de Golfo para gritar “No en nuestro nombre”. El gobierno del PP (en funciones) dice ser consciente de ello pero las apretadas agendas del Presidente y el ministro de exteriores (ambos en funciones) les impidieron dar la cara en el Congreso y recoger un clamor mayoritario en el parlamento y en la calle. Tan mayoritario que llevó al gobierno y al PP a cambiar de rumbo y oponerse ahora al mismo acuerdo que bendijeron hace unos días. Bien está, lo que bien acaba… aunque no es suficiente porque nada ha acabado. El drama de miles de familias continúa en campamentos inhumanos como el de Idomeni, las muertes de niños como Aylan continúa en playas como la de Bodrum o al intentar cruzar ríos como el de la frontera con Macedonía, las vejaciones continúan en fronteras como la de Hungría, y continúa la tragedia de los más de 10.000 niños que según al Interpol han “desaparecido” en suelo europeo para caer en redes de tráfico de menores, etc.

El nuevo acuerdo que se quiere firmar con Ankara contempla que Europa admita tantos refugiados sirios como inmigrantes se devuelvan a Turquía, manteniendo el incremento de la ayuda económica al gobierno de Erdogan hasta alcanzar los 6.000 millones de euros que preveía el anterior acuerdo. De nuevo la transacción y el cambalache. Tampoco quiero ese acuerdo en mi nombre. Sigue siendo impresentable y no queda otra que continuar con las acciones y las presiones políticas para que no sea una realidad, actuando cada uno desde sus posibilidades y desde sus responsabilidades. También el gobierno de España por mucho que siga en funciones.
Un gobierno que debería ponerse las pilas y acabar con la indignidad que significa acoger tan sólo a 18 de los 18.000 refugiados a los que se comprometió, aunque fuera a regañadientes. Otra vergüenza que no merece soportar este país y que hay que cargar en el debe de un gobierno que pese a estar en funciones se niega a que funcione la solidaridad que el pueblo valenciano quiere demostrar trayendo 1.200 refugiados de Grecia gracias a la iniciativa conjunta de la Generalitat Valenciana y la naviera Balearia. Pero, como el perro del hortelano, ni acogen ni deja acoger.
 Y mientras se siguen muriendo. Así de demagogo, así de cierto. 

Publicat al Levante de Castelló, 19 de Març de 2016

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