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| Refugiados sirios cruzando el río en la frontera entre Grecia y Macedonia / Foto: STOYAN NENOV (REUTERS) |
Pese a no haber (todavía) nuevo
gobierno, o quizás por ello, la semana ha pasado entretenida. Y no sólo por los
problemas judiciales, que no cesan, para una Rita Barberá cada vez más a
la defensiva contra el mundo y contra su propio partido; ni por el apagón
mediático del desparecido Iñigo Errejón tras comprobarse que un Pablo
Iglesias enfadado se comporta igual que la resta de políticos de la casta cuando
hacer valer sus poderes; ni siquiera por la incongruencia que demuestra Pedro
Sánchez al medir a su líder en Galicia, éste si imputado por corrupción,
con una vara muy distinta a la que empleó para defenestrar a su líder de
Madrid… Tampoco me refiero a que sus señorías hayan ocupado mucho de su
preciado tiempo en el empeño de encontrar a alguien que se ocupe de la
gobernabilidad para sacar a este país del largo ralentí en que se encuentra. Nada
de eso.
Apunto tan sólo que lo del
desgobierno de este gobierno (en funciones) ya cansa porque entre otras cosas reduce
la capacidad de afrontar temas y adoptar acuerdos que no pueden esperar. Por
ejemplo, a propósito de la mal llamada crisis de los refugiados sirios -que nada
tiene de crisis y sí mucho de tragedia- y de la solución que Europa anunció en
su día para sacudirse de sus fronteras un drama que empieza a superar los
límites de la decencia y a minar los valores que, se supone, definen la razón
de ser de la Unión Europea en materia de derechos civiles y libertades
fundamentales.
El Reino de España, que
dicho así -y con mayúsculas- parece que suene más serio, no podía sumarse a la
indignidad de aceptar la deportación de miles de personas que llegan a Europa huyendo de la guerra y enviarlos
a Turquía a cambio de 6.000 millones de euros y de permitir a los ciudadanos de
ese país viajar a la UE sin visado. Unos ciudadanos a cambio de otros. Deportaciones
masivas de refugiados, algo que no está contemplado en el derecho internacional
ni en el lícito moral.
Un cambalache despreciable
del que no quiero sentirme cómplice dada mi condición de ciudadano europeo. Y como
yo millones de españoles que han recuperado aquel eslogan de la guerra de Golfo
para gritar “No en nuestro nombre”. El gobierno del PP (en funciones) dice ser consciente
de ello pero las apretadas agendas del Presidente y el ministro de exteriores (ambos
en funciones) les impidieron dar la cara en el Congreso y recoger un clamor
mayoritario en el parlamento y en la calle. Tan mayoritario que llevó al gobierno
y al PP a cambiar de rumbo y oponerse ahora al mismo acuerdo que bendijeron
hace unos días. Bien está, lo que bien acaba… aunque no es suficiente porque
nada ha acabado. El drama de miles de familias continúa en campamentos inhumanos
como el de Idomeni, las muertes de niños como Aylan continúa en playas
como la de Bodrum o al intentar cruzar ríos como el de la frontera con
Macedonía, las vejaciones continúan en fronteras como la de Hungría, y continúa
la tragedia de los más de 10.000 niños que según al Interpol han “desaparecido”
en suelo europeo para caer en redes de tráfico de menores, etc.
El nuevo acuerdo que se
quiere firmar con Ankara contempla que Europa admita tantos refugiados sirios
como inmigrantes se devuelvan a Turquía, manteniendo el incremento de la ayuda
económica al gobierno de Erdogan hasta alcanzar los 6.000 millones de
euros que preveía el anterior acuerdo. De nuevo la transacción y el cambalache.
Tampoco quiero ese acuerdo en mi nombre. Sigue siendo impresentable y no queda
otra que continuar con las acciones y las presiones políticas para que no sea
una realidad, actuando cada uno desde sus posibilidades y desde sus
responsabilidades. También el gobierno de España por mucho que siga en funciones.
Un gobierno que debería
ponerse las pilas y acabar con la indignidad que significa acoger tan sólo a 18
de los 18.000 refugiados a los que se comprometió, aunque fuera a regañadientes.
Otra vergüenza que no merece soportar este país y que hay que cargar en el debe
de un gobierno que pese a estar en funciones se niega a que funcione la
solidaridad que el pueblo valenciano quiere demostrar trayendo 1.200 refugiados
de Grecia gracias a la iniciativa conjunta de la Generalitat Valenciana y la naviera
Balearia. Pero, como el perro del hortelano, ni acogen ni deja acoger.
Y mientras se siguen muriendo. Así de demagogo, así de cierto.
Publicat al Levante de Castelló, 19 de Març de 2016
Publicat al Levante de Castelló, 19 de Març de 2016


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