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| Mariano Rajoy y Rita Barberá (Foto:EFE) |
La solución que proponen es
resetearse, someterse a un plan Renove
hecho a medida que les garantice la continuidad en el mercado como marca líder
del sector. Es lo que quieren, pero está por ver si es lo que funciona: nadie
garantiza que lo que va bien para el mercado del automóvil sea válido en el complicado
mercadeo de la política. Porque una cosa es ofrecer incentivos para comprar un coche
y mandar al desguace a los viejos cacharros y otra muy distinta incentivar para
que prevalezca la decencia y mandar a casa –o en su caso a la cárcel- a los corruptos
que proliferaron al cobijo de una gestión de gobierno monocolor que en algunos
casos se prolongó durante veinticuatro años. En esas está el PP de la Comunidad
Valenciana.
La Operación Taula amenaza judicial y electoralmente al que fue partido
de gobierno hegemónico en la Comunidad Valenciana en el último cuarto de siglo.
Bajo el mantel de esta taula parece
destaparse un escándalo que colma el vaso de la complacencia y la inacción ante
las prácticas corruptas en el partido que las amparó y consintió durante ese
tiempo. Si hace meses la voz de Rus contando billetes en un coche supuso
la constatación sonora de lo que han sido estos años de impunidad y saqueo, estos
días la imagen de medio centenar de militantes, asesores y ex cargos del PPCV haciendo
cola en la Guardia Civil de Patraix y después en la puerta del juzgado ha sido la
guinda al pasteleo con que ese partido se comportó en los años de mayoría
absoluta de Rita Barberá en la ciudad de Valencia. Tras el éxito de “50
sombras de Grey” llega ahora “50 del PP a la sombra”; no a la sombra de la
cárcel, todavía, pero sí a la sombra de la sospecha. Cincuenta investigados,
que ahora se llaman así, en un interminable paseíllo de nunca acabar: Las últimas cifras dicen que van ya por 80. Superan, al
menos en número, a los 40 de Alí Babá y la cueva..
La imagen ha sido
demoledora y en el PP se anuncia una “contundente respuesta” en estos tiempos
de tribulaciones en los que nadie quiere formar gobierno con un partido que en la
Comunidad Valenciana está infectado por el virus de la corrupción. El saqueo de
los ERE al sur de Sierra Morena bajo los gobiernos socialistas de Chavez
y Griñán fue propio también de una banda de modernos bandoleros, seguro;
pero la multitud y diversidad de las tramas corruptas urdidas al cobijo de los
diferentes gobiernos del PP valenciano (Orange Market, Imelsa, IVAM, Brugal, Ciegsa,
Fitur, Avialsa, Caso Cooperación Emarsa, Gürtel, Feria Valencia, Noos, Rabasa, Vaersa,
Púnica, visita del Papa, Acuamed, Caso Fabra, basuras de Torrevieja, RTVV, Operación
Taula, etc…) demuestran clínicamente que la metástasis de la corrupción se extendió
en un partido que, por supuesto, tiene en sus filas miles de militantes y
cargos públicos honrados, pero que también tiene en la cárcel a un ex presidente
de la diputación de Castelló, Carlos Fabra, a un conseller de Valencia, Rafael
Blasco, a un alcalde de Torrevieja, Pedro Hernández Mateo, y que por
tener tiene también a un ex delegado del gobierno de España, Serafín
Castellano, en libertad con cargos tras ser detenido. Es la constatación de
que en todos los niveles de poder y en todos los territorios se cocieron las
habas de la corrupción.
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| La Guardia Civil en los despachos del grupo municipal del PP en el ayuntamiento deValencia |
Una realidad que lleva al
ahora senador Alberto Fabra a decir en público que ya no pone la mano en el fuego por nadie en su partido. No se fía de los suyos y asegura que hubo "tibieza de muchas personas del partido"
cuando él trazó su línea roja contra la corrupción. Fabra se sigue quedando
corto: entonces no dio nombres y tampoco los da ahora para señalar a quienes se
mostraron tibios, cuando no cómplices, ante unas prácticas que se sabían porque
se producían sin descaro. Todas las miradas, ahora también en el partido,
apuntan a su compañera Rita Barberá. De ella dijo Rajoy que era “la alcaldesa de
España” y ella puede ser la próxima víctima de la MM, la Maldición de Mariano,
un extraño mal de ojo por el cual aquellos a los que Mariano Rajoy
alaba en público acaban teniendo serios problemas ante la justicia. El discurso
de Rajoy ha cambiado estos últimos días. Ahora dice como Fabra que no da la
cara por nadie y avisa a los suyos: “Esto
se acabó, aquí ya no se pasa ninguna”. El adverbio de tiempo le delata.
¿Quiere decir que antes sí las dejaba pasar?; y de ser así, ¿A quién y porqué?
Pero una cosa es lo que si
dice y otra cómo se actúa: Allí Rajoy ha blindado a su amiga Rita colocándola
en la Comisión Permanente del Senado y por su condición de senadora territorial
no perderá el privilegio del aforamiento si se disuelvan las Cortes para
repetir elecciones. Aquí Isabel Bonig colocó en la lista al congreso, con el
visto bueno de Javier Moliner, al ex alcalde de La Vall, Óscar
Clavell, pese a estar investigado por prevaricación y malversación. Ahora goza
de la impunidad que le da su aforamiento. Es lo de antes, lo de siempre. Comportamientos
que nada tienen que ver con el espíritu regenerador del plan Renove que se anuncia a bombo y
platillo.
Mientras la Guardia Civil vuelve a entrar en la sede de la calle Génova en busca de ordenadores en las oficinas del PP de Madrid, el de Esperanza, como lo hizo aquí en el despacho del grupo municipal del PP de Valencia, el de Rita. La semana que viene continuará... y veremos en el banquillo al ex alcalde y ex vicepresidente de la diputación de Castelló Francisco Martínez. Pues eso.
Publicat al Levante de Castelló, 13 de Febrer de 2016


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