lunes, 21 de julio de 2014

Siguen a lo suyo



Ximo Puig y Pedro Sánchez



Los socialistas españoles tienen nuevo secretario general, Pedro Sánchez, y su primera medida no ha gustado al PP, ni a algunos de sus compañeros: obligó vía twitter a los eurodiputados socialistas españoles a votar en contra de Jean-Claude Juncker como nuevo presidente de la Comisión Europea. La forma de hacerlo, el twitter, ya es una novedad; la decisión de romper la unidad con la mayoría conservadora en el euro parlamento, también. Y, por lo visto, es una novedad importante por mucho que parezca de una lógica aplastante eso de que la izquierda no apoye a quien defiende y representa las políticas de la derecha. Vamos, algo tan simple, y tan importante, como mantener la coherencia ideológica y el mandato recibido de sus electores.
Pero no. Al PP, y a algunos de sus compañeros, les hubiera gustado que el nuevo líder socialista se mostrara partidario de mantener el statu quo de entendimiento con los populares en los grandes ‘temas de estado’ del que tanto abusó su antecesor y que, por cierto, llevó al PSOE a sus peores resultados desde 1979. No sólo eso. La última encuesta del CIS sitúa a los socialistas por detrás de Podemos respecto a los niveles de cercanía con los electores. En esas están y por esas han tenido que buscar un nuevo líder que les guíe en esta travesía del desierto que significa dejar atrás las políticas del postzapaterismo que lideró el hoy felizmente jubilado Alfredo Pérez Rubalcaba. Un status quo con el que, por cierto, le ha ido muy bien en las urnas al PP. ¿A ver si va a ser por eso su enfado? En ese caso podría entenderse… el de los populares, digo, pero no el de aquellos socialistas que querían mantener esas políticas y esos pactos.  
A Pedro Sánchez apenas si le he seguido un par de entrevistas y la primera impresión fue decepcionante cuando defendió vehementemente el SÍ a la Monarquía y en su indefinición sobre Catalunya. En todo caso dicen que por sus obras los conoceremos y a mí me ha gustado mucho más su primera ‘mala’ acción, el NO a Juncker, que sus anteriores mil ‘buenas’ palabras. Más allá del pacto que hubiera con la derecha en aras de no se sabe bien qué interés general, ha sido coherente con lo que se espera de su partido y con lo que quieren sus bases. Ese es el camino. La crítica recibida desde el PP por coincidir con la ultraderecha de Le Penn o con los euro escépticos no se aguanta: No es tanto votar lo mismo sino las distintas razones que llevan a cada uno a votar en coherencia y en este caso es evidente que no todo el NO a Juncker está basado en las mismas razones ni obedece a los mismos objetivos. Pasa lo mismo con el SÍ, seguro.
Ahora el nuevo secretario general del PSOE debe afrontar nuevos retos y explicar muy bien sus próximas decisiones. No será fácil. El PSOE es una organización especializada en complicarse la vida, ellos solos. No salen de un jardín y ya están chafando el otro, sin apenas darse una pausa. Resuelto el de la elección de su secretario general, pese a la larga sombra de Susana Díaz que siempre estará ahí, el próximo se llama primarias. Prometidas para noviembre por Rubalcaba antes del batacazo electoral que obligó al relevo al frente del partido, hoy los socialistas no saben qué hacer: cumplen con lo prometido y las convocan ó hacen caso a la mayoría de los barones regionales y las posponen entendiendo que la reciente elección de Pedro Sánchez lleva implícita su condición de candidato a la presidencia del gobierno. Se quiere evitar –dicen- la imagen de que el PSOE pasa todo el año hablando de sus cosas y no de los problemas de los ciudadanos. Otros defienden que los compromisos están para cumplirlos, ¿también aquel que les obligaba a votar a Juncker?, y que las primarias han de ser convocadas porque así se le dijo a la ciudadanía y aunque, llegado el caso, sólo se presente el nuevo secretario general. Pues eso, que en esas están. Donde dicen que no quieren estar: Hablando de lo suyo y no de lo que les sigue distanciando de los ‘suyos’, de sus electores. ¿Hasta cuando?.
Mientras en el PP también siguen a lo suyo: Aquí, en Castellón, sumando imputados en la Diputación que Javier Moliner quiere regenerar en las urnas... después de dejarla degenerar por su debilidad para apartar a Francisco Martínez. Allí, en Valencia, más de lo mismo y ahora el cinismo de culpar también a Zapatero -¿cómo no?- de las trampas que hizo Camps con las cuentas que presentó en Bruselas. Y más allá, en Madrid, Mariano Rajoy sigue de fiesta con su autoproclamada recuperación económica,  aunque no hace partícipe de ella a la Comunidad Valenciana a la que sigue negando el pan y la sal de una financiación más justa que ya le reclaman con vehemencia hasta sus amigos de la patronal... por cierto, con el mismo éxito que Alberto Fabra. Ninguno.  

Publicat al 'Levante de Castelló' el  19 de Juliol de 2014

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