Mariano Rajoy quiere
cambiar las reglas del juego para que sólo pueda ser alcalde el candidato de la
lista más votada. Alberto Fabra se ha puesto el primero en la fila de
los palmeros municipalistas para loar las excelencias de la última ocurrencia
de su jefe; sin importarle que él llegó a ser alcalde de Castelló y presidente
de la Generalitat sin ni siquiera haber sido votado. Javier Moliner también
ha reflexionado y pide una tercera urna para elegir directamente a los diputados
provinciales sin pasar por el filtro de las listas municipales. Alfonso
Bataller no ha dicho nada sobre el tema pero no descarten que proponga que un
imputado pueda ser alcalde si cuenta en su curriculum con el título de patrón
de yates; por ejemplo.
Dicen en el PP que son
aportaciones para dar respuesta a la cada vez mayor demanda ciudadana de regeneración
democrática. Lo dicen y se quedan tan tranquilos. Da igual la que tienen encima
con la Gürtel, los sobresueldos a sus
dirigentes, la imputación de sus dos últimos tesoreros, la reforma en negro de
la sede de Génova, las últimas revelaciones de las conversaciones del Caso Brugal, etc. Para los populares la
regeneración democrática que necesita este país se sustancia con una reforma
electoral gracias a la cual Mariano ejerce de trilero para darnos el cambiazo: ¡¡Nada por aquí, nada por allá!! ¿Dónde están las alcaldías? ¡¡Alehop!!,
siguen en manos del PP.
Se trata de pervertir el
principio básico de la democracia según el cual todos los votos valen igual y
es la suma de todos ellos la que confiere el mandato para gobernar, para
administrar la representatividad que otorgan esos votos. Eso ha sido así hasta
ahora, pero es ahora, cuando el PP cae en la cuenta de que no le salen las
cuentas, que en nombre de una pretendida gobernabilidad (¿?) quiere legislar a
conveniencia de parte.
Son cientos, miles, las
alcaldías que peligran y algunas tan significativas como Madrid, Valencia,
Sevilla… o Castelló. En las elecciones europeas el PP le ha visto las orejas al
lobo del cambio y para evitarlo nada mejor que cambiar las reglas del juego y
adecuarlas a sus propias necesidades a tenor de las expectativas electorales
que manejan. Según esos cálculos el medio millón de votos que se dejó el PP en
la Comunidad Valenciana el 25-M, junto al incremento de partidos a la izquierda
del PSOE, puede suponer la pérdida de buena parte del poder municipal de los
populares si se llega a pactos post electorales. La debacle sería mayor en los
municipios de más de 20.000 habitantes en los que el PP perdería hasta 38 de
las alcaldías que gobierna, entre ellas las tres capitales. Un auténtico tsunami electoral que la derecha no
parece dispuesta a consentir.
La propuesta de Rajoy por
la que, por ejemplo, 11 concejales de su partido siempre tienen más derecho que
la suma de 9+5+2 de la oposición, daría la alcaldía al PP en todos esos
municipios… aunque no tuviera en ninguno de ellos mayoría absoluta y aunque se
pudiera conformar en todos ellos una mayoría alternativa. Este mismo diario
hecho cuentas el pasado miércoles y el resultado no puede ser más ventajoso
para los populares: el 78% de los 542 municipios valencianos tendría en 2015 un
gobierno del PP aunque ese partido vuelva a perder el medio millón de votos que
se dejó el 25-M.
La mayoría absoluta de la
que dispone el PP en el Congreso le concede la legitimidad constitucional para
modificar la ley electoral, pero no concede legitimidad moral para una reforma
que no figuró en su programa electoral y que han ‘parido’ tras el susto de las
elecciones europeas. Reforma que, por otra parte, el PP nunca se planteó allí
donde hizo uso de los pactos para conformar mayorías que le dieron el poder.
Sin ir más lejos, en Valencia, donde gobierna desde 1991 gracias a que nueve concejales
del PP y ocho de UV sumaron tres más que los 14 del PSOE. Conclusión: Clementina
Ródenas no fue alcaldesa y se estrenó Rita Barberá, que sigue hasta
la fecha.
Si la propuesta de Rajoy
es tramposa la última petición de Alberto Fabra es impresentable: Mejor
financiación, más pelas en definitiva, para mantener a la Comunitat como el dique
de contención del separatismo catalán. Sólo así se evitará que crucen el Servol
de la mano de un tripartito que, según Fabra, sirve de instrumento de
“agitación independentista”.
Será cosa del agua de la
sierra de Guadarrama, donde Fabra pronunció su arenga en los cursos de verano
de la FAES y cosechó el aplauso entusiasta de Aznar y Esperanza
Aguirre quien, por cierto, le felicitó también por el cierre de RTVV… algo
que ni siquiera ella se atrevió a hacer con Telemadrid.
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