viernes, 27 de junio de 2014

Un vaso que no rebosa


El efecto purificador que se atribuye a las hogueras de la mágica nit de Sant Joan se ha demostrado del todo insuficiente, pese a que ardieron miles de ellas en todas las playas del extenso litoral español. Lo cual da una idea de la magnitud del problema: hace falta mucha leña para erradicar la pandemia de la corrupción en España. O en su caso la percepción que de ella se tiene cuando se juntan actitudes, decisiones políticas y comportamientos que no hacen sino incrementar la sensación de podredumbre generalizada. Estos últimos días de junio están siendo especialmente propicios para ello.
Sonia Castedo y Enrique Ortíz
Por no alejarnos mucho en el calendario, ni en el espacio, comenzaremos por Alicante. Allí, pese la magnificencia de sus fogueres, nada parece ser suficiente para quemar la vida política a una alcaldesa, Sonia Castedo, que ha sido protagonista por la revelación de nuevas conversaciones con otro ‘amiguito del alma’, el empresario Enrique Ortíz, donde dejan entrever unos comportamientos cuanto menos despreciables. Un chalaneo impropio de quien ocupa la alcaldía de cualquier municipio.
Y allí, en Alicante, estaba ese día un Alberto Fabra que volvió a decir que en las listas del PP no habrá sitio para ningún imputados, pero no se atreve a sacar a quien ya está imputada. Con la flexibilidad que caracteriza a su línea roja Fabra traga hoy con lo que dice que es inadmisible para mañana. No se entiende, a no ser por el temor a perder más votos en ese futuro si la imputada Castedo hace realidad la amenaza de montar su propio partido. En Castelló Alfonso Bataller no amenaza con tanto, de hecho no amenaza nada, pero está en idéntica situación que su colega de Alicante: imputado y pese a ello al frente de la alcaldía llevando con pulso firme el rumbo de la ciudad, será por su auto publicitada titulación de patrón de yate.
Más cerca de Fabra, en les Corts Valencianes, su presidente Juan Cotino es otro personaje que anda quemándose estos días, pero no acaba de arder en el fuego eterno de la dimisión, siempre ejemplarizante, o el cese mucho más humillante. Tras aparecer cómo donante en los papeles de Bárcenas vuelve a tener problemas con la familia, con el sobrino Vicente quien se lamentaba ante el mismo empresario, Enrique Ortíz, de que tras el cese de tío como conseller iban a acabarse algunas concesiones. Es lo que tiene la familia, que siempre espera regalos… sea o no Navidad.
Es injusto señalar que el fuego purificador de la renovación ética sólo debe actuar en nuestra comunidad. La corrupción no conoce de siglas, territorios, ni identidades nacionales. En Tarragona la Guardia Civil detuvo al alcalde de Torredembarra, (CiU) y a seis concejales, a los que acusa de varios delitos contra la administración pública. En Valladolid la Policía Judicial registró el despacho del jefe del Mantenimiento por su implicación en una trama de concesión de contratos a empresas vinculadas a su familia que podría superar los 11 millones de euros. En Murcia el juez ha imputado al delegado del Gobierno (PP) por un caso de corrupción urbanística al permitir el proyecto de construcción de un complejo turístico en terrenos protegidos junto al Mar Menor. En Sevilla se ha detenido a sindicalistas de UGT y a empresarios por un presunto fraude en los cursos de formación. La ex ministra socialista Magdalena Alvárez ha dimitido finalmente de su millonario puesto en el BCE por su imputación en el caso de los ERE de Andalucía… por traer sólo cinco ejemplos de los últimos cuatro días.
Hay más y hay casos en los que no se puede hablar de corrupción, pero que indignan igualmente al personal. La revelación de que varios eurodiputados españoles suscribieron un ventajoso plan privado de pensiones a una Sicav radicada en Luxemburgo es la última gota en un vaso que no parece rebosar nunca. Willy Meyer, cabeza de lista por IU, ha dimitido por ello: le honra, pero no le exime por una práctica que había demonizado. Los otros ‘europensionados’, desde la socialista Elena Valenciano al popular Cañete pasando por Rosa Díez, miran hacia otro lado y defienden una legalidad que nadie cuestiona, pero callan sobre una moralidad que pocos niegan.
Pasa también con los últimos acontecimientos que marcan la actualidad de la familia del Rey, que ya no la Casa Real. De las prisas por aforar al ex rey Juan Carlos I, mediante una enmienda exprés a la ley de racionalización del sector público, a las ganas nada disimuladas de la fiscalía y la Agencia Tributaria por ejercer de abogados defensores y dejar fuera del juicio por el caso Noos a su hija Cristina, la hermana.
Puede ser todo legal, que lo es, pero no puede ser que quieran que la gente se crea eso de que la justicia es igual para todos... por mucho que lo diga (también) el nuevo Rey ó su porquero. 


Publicat al 'Levante de Castelló' el  28 de Juny de 2014

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