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| Portada de ABC del pasado jueves |
Los cronistas de la Villa
y Corte lo destacaron tras el pleno del Congreso que aprobó la ley de
abdicación del rey Juan Carlos I: La bancada popular aplaudió la
intervención de Alfredo Pérez Rubalcaba y algunos diputados del PP reconocieron
en privado que les costó contenerse, que querían más honores para él: “No le he aplaudido más por responsabilidad,
porque bastante sacrificio ha hecho llegando hasta aquí después del resultado
de las europeas como para que encima le perjudiquemos con nuestros aplausos”.
Al día siguiente la portada de diario conservador ABC mostraba un perfil de Rubalcaba y Rajoy unidos por la
espina dorsal como garantes de la mayoría parlamentaria que refrendó la continuidad
de la monarquía como forma de la jefatura del Estado.
Ese mismo día Pere
Navarro anunciaba su renuncia a la secretaria general del PSC y abría la
enésima crisis en un partido que hace sólo cuatro años, en 2010, llegó a
acaparar casi todo el poder político en Cataluña: desde la presidencia de la Generalitat
en manos de José Montilla, a algunos de los grandes ayuntamientos como el
de Barcelona o la Diputación de esa misma provincia. Hoy no gobierna ninguna de
esas tres instituciones y es la tercera fuerza política en Cataluña tras perder
en las elecciones europeas casi la mitad de los apoyos que obtuvo en 2009, cuando
fue la opción más votada. Es la realidad del PSC: Carmen Chacón
los dejó tirados y se fue a hacer las américas,
cuando más la necesitaba su partido, y ahora el propulsor de la tercera vía se
ve obligado a abandonar tras las disensiones internas y el fracaso electoral.
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| Pere Navarro |
Todo suma en la espiral
negativa en que ha entrado el PSOE. Bueno en este caso todo resta. Que en eso
están los socialistas, en una resta constante por mucho que sumen cada vez más
aplausos de sus queridos enemigos del PP y de la prensa de derechas. Pero son eso, sólo aplausos… que
no votos.
También suman abandonos.
Los más preocupantes, sin duda, los de unos electores que no dejan de pasarles
factura en las urnas. Pero no sólo se van votos. El adiós de Navarro estuvo
precedido por los de Julio Villarrubia, secretario general de
Castilla-León, y los más sonados de Patxi López y el del propio
Rubalcaba en la secretaría general del partido. Todo se fía ahora al acierto en
la elección de líder que salga del congreso extraordinario de julio y al que no
ha querido presentarse Susana Díaz. La lideresa aclamada para rearmar al
PSOE en la diáspora y conducirlo hasta el reencuentro con el voto perdido ha
dicho NO, en lo que no parece tanto un abandono cómo un aplazamiento.
Lo malo es que los socialistas
no están para muchas demoras. Urge acertar en la búsqueda de un líder sólido capaz
de frenar un descenso vertiginoso. A estas alturas nadie se atreve a predecir
quién podrá abrir a tiempo el paracaídas para poder frenar primero la caída y
después remontar el vuelo. No es una tarea fácil, ni siquiera es la principal
tarea, pero es lo que toca antes
de afrontar el verdadero problema: solucionado el tema ‘interno’ del cabeza de
cartel habrá que superar el reto de recuperar la confianza y el respaldo de los
electores.
Eso sólo pasará si se acierta en el diagnóstico. Saber leer qué distanció al PSOE de sus votantes es el primer paso para volver a ellos. La imagen de los diputados del PP aplaudiendo al secretario general y portadas como la de ABC pueden dar una pista al respecto; el incremento de votos de IU y el fenómeno electoral que representa 'Podemos' también. Nadie habla de radicalizarse, es más sencillo: se trata de volver a los orígenes, de entender qué significan sus siglas -y su historia- y obrar en consecuencia. Porque, como se preguntó un dirigente socialista en Andalucia hace unos días, ¿Dónde está escrito que el PSOE no pueda irse al carajo? Pues eso.


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