domingo, 8 de febrero de 2015

Camino de ninguna parte



Rajoy y Sánchez firman el pacto de estado contra el terrorismo yihadista


A sus adversarios políticos y a la prensa hostil les dio munición para hacer coña durante unos cuantos días, pero a los compañeros de partido menos entusiastas con su liderazgo les sirvió para advertir de la que les puede caer encima. Y pudiera ser que estos últimos tengan razón. La pérdida de Pedro Sánchez en Washignton cuando se dirigía a una cita con estudiantes de la Universidad George Mason es toda una metáfora del incierto rumbo con el que el secretario general del PSOE está dirigiendo a su partido. Tras aquel ‘despiste’ el rector al que dejó plantado, Ángel Cabrera, escribió en su cuenta de twitter que esperaba que Sánchez "sepa gobernar un país mejor que usar un GPS".
En esa misma duda siguen instalados los socialistas un mes después de aquella pérdida puntual y siete meses después de que lo eligieran líder del todavía primer partido de la oposición. Motivos ha dado ya unos cuantos para alimentar esa sensación. Desde la llamada en directo al presentador de ‘Sálvame’, Jorge Javier Vázquez, cuando amenazó con dejar de votar al PSOE por permitir su alcalde de Tordesillas celebrar del toro de La Vega, hasta el anuncio de una iniciativa legislativa para elevar a la categoría de funerales de Estado las exequias por las víctimas de la violencia machista. O sus declaraciones anunciando la supresión del Ministerio de Defensa en un hipotético gobierno por él presidido y que su número dos, César Luena, tuvo que matizar con un vigoroso respaldo al papel de los Ejércitos. Por citar sólo algunas de las más sonadas.
La última ha sido la que más ha trascendido: La foto de Pedro Sánchez con Mariano Rajoy firmando un solemne pacto de estado contra el terrorismo yihadista. El día siguiente, y mientras el portavoz socialista en el congreso aseguraba que no eran posibles más pactos con el PP, el propio Sánchez abogaba por cerrar “cuantos más mejor”. Una vez mas el discurso único y la coherencia programática volvía a saltar por los aires.
Pedro Sánchez ya tiene su pacto de estado, pero su partido tiene otro serio problema. Dar el sí quiero a un texto que en la práctica reinstaura la cadena perpetua en España es una incongruencia que miles de sus militantes, y millones de votantes, no entienden ni comparten por mucho que lo intenten adornar con juegos florales en forma de simulación en diferido. Hacerlo a las puertas de unas elecciones es además un grave error que los ciudadanos castigarán en las personas que opten a las alcaldías y a la presidencia de las comunidades autónomas. Y es también un paso más en el camino que lleva al PSOE… a ninguna parte; bueno, sí, lleva a dejar de ser la organización imprescindible para garantizar gobiernos progresistas en España.
Es la foto que buscaban Rajoy y el PP para escenificar que sólo hay política de estado con los dos grandes partidos tradicionales y que, por tanto, son o ellos ó el caos. Y es la foto que deseaban Pablo Iglesias y Podemos para seguir llenando el zurrón de votos socialistas sin dejar de  tararear esa vieja cantinela de que unos y otros la misma cosa son. Que no es cierto, aunque no dejan de dar motivos para que cada vez más gente piense lo contrario.
Todos ganan con esa foto menos un PSOE que da a entender que firma con las manos atadas por la necesidad de legislar en caliente ante los últimos atentados en Europa. Decir acto seguido que lo rectificarán cuando lleguen al gobierno es mantenerse en el esperpento: Sánchez pide que tengamos fe, un buen propósito cara a un hipotético futuro, pero la realidad es que pone su firma en el pie de página de un texto que dibuja un presente inaceptable para la izquierda con la implantación de la cadena perpetua revisable. En el mejor de los casos, aunque nos creamos sus buenas intenciones, ¿dónde está escrito que pueda ganar las elecciones y hacer efectivo ese propósito de enmienda? ¿Y qué hacemos hasta entonces, seguir tragando también en esto?. Pues ya van….
Sí, van tantas que el partido que gobernó España en 2004 con el apoyo del 42,59 por cien de los ciudadanos, más de once millones de votos y 166 diputados, se enfrenta esta semana a la dura realidad del CIS: tercera fuerza política en estimación de voto. El famoso sorpasso que soñó Julio Anguita durante una década lo puede lograr Podemos en unos meses sin soltarse la coleta. Y de paso laminando del mapa electoral a IU, el partido que parecía llamado a protagonizar algún día esa hipotética alternancia en el liderazgo de la izquierda española. Podemos puede hacerlo.
No creo que éstos jóvenes, aunque suficientemente preparados, profesores universitarios sean más listos que aquel maestro de historia hoy jubilado: Pasa que este PSOE sigue sin conectar con la gente que antes le marcaba el camino y sigue con el GPS desorientado. Y, claro, así uno no puede llegar a la Universidad de Washington, pero mucho menos a la Moncloa… a no ser que lo hagas en calidad de invitado a la firma de algún pacto de Estado.
Pero hasta eso se acabará como no recuperen el rumbo adecuado, qué les pregunten sino a sus compañeros del PASOK.   

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