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| La corrupción en el PPCV sigue siendo portada de informativos |
Alberto Fabra sigue en campaña, en una
doble campaña. De una parte la suya particular para intentar ser elegido por Rajoy
como aspirante popular a la presidencia de la Generalitat; de otra, en la de su
partido para hacernos creer a los valencianos que el PP no es el máximo responsable
de la que nos ha caído encima en esta comunidad en los últimos años.
En aras del primer
propósito el presidente designado a dedo ha demostrado en varias ocasiones como
su condición de ‘mandado’ de Génova prevalece sobre el cargo al que fue
designado por sus jefes. De ahí que anteponga los intereses del gobierno de su partido a los intereses de
sus administrados. Es por eso que, por ejemplo, se ha negado sistemáticamente a
hacer valer ante el gobierno central las reivindicaciones que los grupos
políticos, la patronal y los sindicatos, las asociaciones profesionales, los
colectivos ciudadanos, las ONG, etc, le hacían llegar para ser trasladadas a
Madrid. Ni siquiera ha sido capaz de cumplir su propio ideario respecto a los
temas bandera que los populares valencianos utilizaron como artillería para contribuir,
con un notable éxito por cierto, desde este Levante feliz a la derrota en las
urnas de los gobiernos socialistas: Ni una sola gota del otrora innegociable
trasvase del agua del Ebro, ese que catalanes y socialistas nos negaban una y
otra vez, ha llegado a esta comunidad incluso con el PP acumulando el mayor
poder territorial que se recuerda y al frente de los gobiernos de España,
Aragón, Castilla La Mancha, Murcia y la Comunidad Valenciana. Es más ahora, con
Carlos Fabra a la sombra, ni siquiera las pancartas cuelgan en el balcón
de la Diputación Provincial de Castelló para recordar aquello de que necesitábamos
el “Agua para todos”.
Tampoco nos ha llegado el
corredor mediterráneo, ese que los populares no apoyaron en Bruselas al votar
en contra la ministra Ana Pastor porque en la propuesta de red europea no
se contemplaba el eje central que reclaman los gobiernos autonómicos de Castilla-La
Mancha, Madrid y Aragón. Era marzo de 2012. Tan sólo unos meses antes,
septiembre de 2011, el alcalde Bataller
y el presidente Fabra se volcaron en defensa de esa infraestructura en la
cumbre que llenó de insignes invitados el Casino Antiguo de Castelló. Claro que para entonces al ministro que
había que crucificar era aquel al que llamaban Pepinho y el
gobierno al que había que culpar estaba presidido por un tal Zapatero.
Llegados a este punto ya se nombró a la bicha.
El PP valenciano siempre justifica sus incumplimientos con el mismo argumento: El
gobierno de Rajoy no puede reparar el destrozo que dejó Zapatero. ¡Que mucha culpa
tendrá, seguro!, pero que nunca gobernó el Palau de la Generalitat.
Lerma y el PSOE dejaron la
presidencia en julio de 1995. Desde entonces los sucesivos gobiernos de Zaplana,
Olivas, Camps y Fabra han sido los responsables de la gestión del día a día de esta comunidad.
Y si lo fueron para bien en los años de crecimiento y pleno empleo, lo han sido
también para mal en los años de destrucción de empleo, de recortes desmesurados
y de corrupción generalizada. Que esa es otra. En estos años el PPCV no sólo ha
ofrecido nuevas glorias a España y millones de votos a su partido en Madrid,
también propició que engordará la cuenta corriente de los mafiosos de la trama
Gürtel. Hasta 3,4 millones aportó el PP a la caja B de Correa entre los
años 2006 y 2009 a través de su filial valenciana, Orange Market, según los datos
del informe que la Policía remitió al juez de la Audiencia Nacional, Pablo
Ruz.
Otros hablarán en sus
territorios de la trama socialista de los ERE en Andalucía, del caso Palau en
la Catalunya convergente, o de la pérdida de la causa contra el PP por el
borrado de los ordenadores de Bárcenas y la financiación ilegal de ese
partido en Madrid. Porque en todas partes cuecen corruptos. Pero aquí ha sido el
PP quien ha convertido la Generalitat en una versión cutre de la cueva de Alí
Babá y sus no se sabe cuantos ladrones. Tanto que han tenido que cambiar a
los presidentes de la Generalitat y de las Cortes, a varios consellers, a una
docena larga de diputados, a otros tantos altos cargos de la administración, a
la gerente del partido, y a un indeterminado número de alcaldes… bueno, en eso
aún están ocupados, al menos en los casos de Milagrosa Martínez y Francisco
Martínez.
Es la otra campaña en la
que anda metido Fabra, la del lavado de cara de un partido que ha sido el campeón
de la corrupción en esta comunidad. Y ya se sabe que en campaña a los políticos
se les suelta la boca con facilidad. Le ha pasado al president Fabra cuando
dijo que el PP es el “partido más honrado y más honesto que puede haber en cualquier panorama político.”
Hombre, presidente, con la
que han montado aquí es un pelín exagerado. ¿El qué más, el qué más? Pues a lo
mejor no, la verdad… pero solo a lo mejor, eh.
Publicat al Levante de Castelló el 21 de febrer de 2015
Publicat al Levante de Castelló el 21 de febrer de 2015

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