viernes, 20 de febrero de 2015

Pues a lo mejor, no


La corrupción en el PPCV sigue siendo portada de informativos



Alberto Fabra sigue en campaña, en una doble campaña. De una parte la suya particular para intentar ser elegido por Rajoy como aspirante popular a la presidencia de la Generalitat; de otra, en la de su partido para hacernos creer a los valencianos que el PP no es el máximo responsable de la que nos ha caído encima en esta comunidad en los últimos años.
En aras del primer propósito el presidente designado a dedo ha demostrado en varias ocasiones como su condición de ‘mandado’ de Génova prevalece sobre el cargo al que fue designado por sus jefes. De ahí que anteponga  los intereses del gobierno de su partido a los intereses de sus administrados. Es por eso que, por ejemplo, se ha negado sistemáticamente a hacer valer ante el gobierno central las reivindicaciones que los grupos políticos, la patronal y los sindicatos, las asociaciones profesionales, los colectivos ciudadanos, las ONG, etc, le hacían llegar para ser trasladadas a Madrid. Ni siquiera ha sido capaz de cumplir su propio ideario respecto a los temas bandera que los populares valencianos utilizaron como artillería para contribuir, con un notable éxito por cierto, desde este Levante feliz a la derrota en las urnas de los gobiernos socialistas: Ni una sola gota del otrora innegociable trasvase del agua del Ebro, ese que catalanes y socialistas nos negaban una y otra vez, ha llegado a esta comunidad incluso con el PP acumulando el mayor poder territorial que se recuerda y al frente de los gobiernos de España, Aragón, Castilla La Mancha, Murcia y la Comunidad Valenciana. Es más ahora, con Carlos Fabra a la sombra, ni siquiera las pancartas cuelgan en el balcón de la Diputación Provincial de Castelló para recordar aquello de que necesitábamos el “Agua para todos”.
Tampoco nos ha llegado el corredor mediterráneo, ese que los populares no apoyaron en Bruselas al votar en contra la ministra Ana Pastor porque en la propuesta de red europea no se contemplaba el eje central que reclaman los gobiernos autonómicos de Castilla-La Mancha, Madrid y Aragón. Era marzo de 2012. Tan sólo unos meses antes, septiembre de 2011, el alcalde  Bataller y el presidente Fabra se volcaron en defensa de esa infraestructura en la cumbre que llenó de insignes invitados el Casino Antiguo de Castelló.  Claro que para entonces al ministro que había que crucificar era aquel al que llamaban Pepinho  y el gobierno al que había que culpar estaba presidido por un tal Zapatero. Llegados a este punto ya se nombró a la bicha. El PP valenciano siempre justifica sus incumplimientos con el mismo argumento: El gobierno de Rajoy no puede reparar el destrozo que dejó Zapatero. ¡Que mucha culpa tendrá, seguro!, pero que nunca gobernó el Palau de la Generalitat.
Lerma y el PSOE dejaron la presidencia en julio de 1995. Desde entonces los sucesivos gobiernos de Zaplana, Olivas, Camps y Fabra han sido los  responsables de la gestión del día a día de esta comunidad. Y si lo fueron para bien en los años de crecimiento y pleno empleo, lo han sido también para mal en los años de destrucción de empleo, de recortes desmesurados y de corrupción generalizada. Que esa es otra. En estos años el PPCV no sólo ha ofrecido nuevas glorias a España y millones de votos a su partido en Madrid, también propició que engordará la cuenta corriente de los mafiosos de la trama Gürtel. Hasta 3,4 millones aportó el PP a la caja B de Correa entre los años 2006 y 2009 a través de su filial valenciana, Orange Market, según los datos del informe que la Policía remitió al juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz.
Otros hablarán en sus territorios de la trama socialista de los ERE en Andalucía, del caso Palau en la Catalunya convergente, o de la pérdida de la causa contra el PP por el borrado de los ordenadores de Bárcenas y la financiación ilegal de ese partido en Madrid. Porque en todas partes cuecen corruptos. Pero aquí ha sido el PP quien ha convertido la Generalitat en una versión cutre de la cueva de Alí Babá y sus no se sabe cuantos ladrones. Tanto que han tenido que cambiar a los presidentes de la Generalitat y de las Cortes, a varios consellers, a una docena larga de diputados, a otros tantos altos cargos de la administración, a la gerente del partido, y a un indeterminado número de alcaldes… bueno, en eso aún están ocupados, al menos en los casos de Milagrosa Martínez y Francisco Martínez.
Es la otra campaña en la que anda metido Fabra, la del lavado de cara de un partido que ha sido el campeón de la corrupción en esta comunidad. Y ya se sabe que en campaña a los políticos se les suelta la boca con facilidad. Le ha pasado al president Fabra cuando dijo que el PP es el “partido más honrado y más honesto que puede haber en cualquier panorama político.”  

Hombre, presidente, con la que han montado aquí es un pelín exagerado. ¿El qué más, el qué más? Pues a lo mejor no, la verdad… pero solo a lo mejor, eh.

Publicat al Levante de Castelló el 21 de febrer de 2015

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