lunes, 13 de octubre de 2014

Plagas y "barrenillos"



El tomicus destruens amenaza el paraje de La Magdalena




También conocido como “barrenillo de los pinos” el tomicus destruens, al igual que su pariente el tomicus piniperda, es un insecto coleóptero de la familia Scolytidae cuyos ejemplares adultos apenas alcanzan los 4 mm de longitud. Pero no se fíen: en este caso ha quedado demostrado ser cierto eso de que el tamaño no importa. Pese a su calibre demuestra una eficacia que ya quisieran para sí otros ejemplares de mayor envergadura. Tanto que si nadie lo remedia el tomicus destruens amenaza con cargarse este otoño la pinada verde que envuelve la ermita de La Magdalena y de paso, si le dejan, el resto del Desert de les Palmes.
Servidor, al igual que usted, desconocía de su existencia, pero en la red es fácil conocer el modus operandi de estos insectos. Copio y pego: “Para su reproducción cada pareja realiza una galería subcortical en los fustes y en las ramas de los pinos en la que la hembra pone a ambos lados los huevos. Cuando las temperaturas son las adecuadas nacen las larvas, que realizan unas pequeñas galerías, generalmente perpendiculares a las maternas. Al terminar su desarrollo las larvas realizan una cámara de ‘pupación’ en la corteza del árbol, y tras completarse la transformación, el insecto sale al exterior a través de un orificio en la corteza. Los nuevos insectos adultos suben a las copas en las que perforan la médula de las ramillas terminales, para alimentarse y de este modo robustecerse y adquirir la madurez sexual. Por lo tanto, los daños que provocan sobre los pinos son galerías en fustes y ramas y perforaciones de la médula de las ramillas terminales. Los efectos son la muerte y caída de ramillas terminales a partir de finales del verano, y la muerte de los pies afectados por el corte de circulación de la savia debido a las galerías realizadas en el fuste”.
Se sabe tanto de él porque resulta que no es de ahora. El tomicus destruens es un viejo conocido en los bosques mediterráneos que esta vez ha llegado para quedarse favorecido por unos factores climatológicos que propician su expansión y consolidación: fundamentalmente la sequía y por tanto la falta de riego. Y a mí, no sé por qué, esta plaga destructora me recuerda a otra que azota desde hace años la península ibérica… y no es la del picudo. Me refiero a la corrupción que sacude a la sociedad española en su conjunto; no tan sólo a la mediterránea, aunque está fuertemente arraigada y se muestra especialmente agresiva en nuestra Comunidad.

Como pasa con el tomicus destruens los corruptos también habitan entre nosotros desde hace tiempos. En un principio se pensó que tenían su hábitat natural en las prebendas de la dictadura y que muerta ésta acabaría la plaga. Grave error. Sobrevivieron e infectaron también al sistema democrático que surgió tras una transición que al parecer no fue tan modélica. No, al menos, en lo que se refiere a la salud moral de quienes debieron velar por ella y ponerse al frente de la ejemplaridad. De Roldán a Filesa en el PSOE; del caso Naseiro a la trama Gürtel en el PP; de los ERE de Andalucía al saqueo de RTVV en nombre de la visita del Papa a Valencia; del ‘olvido’ regulador de Jordi Pujol a los sobresueldos en B en la calle Génova y la fortuna de Luis Bárcenas; del ‘desconocimiento’ conyugal de la infanta de España al enriquecimiento de alcaldes tras la compra de terrenos donde luego llovían depuradoras; del comportamiento mafioso del ex presidente de la CEOE al reparto del botín y posterior vaciado de las cajas de ahorro; de la reiterada buena suerte de unos con la lotería a las tarjetas opacas de quienes arruinaron Bankia; del trato amable de la justicia para con algunos a la inhabilitación de los jueces que más molestan; etc, etc, etc…
Un clamor que recorre España

Como en el caso del tomicus destruens, la penetración de estos “barrenillos de la democracia” es también transversal: afecta al conjunto del árbol desde el tronco más duro a las ramas más frágiles y lo ocasionan tanto las larvas más incipientes como los ejemplares adultos más desarrollados, porque se sienten impunes ante la débil defensa que encuentran. Al igual que ocurre con sus colegas coleópteros estos destruens de la política se han visto favorecidos por unas condiciones ‘ambientales’ y sociales que fomentan su expansión y que en muchos casos ha propiciado la propia sociedad en la que se corrompen y a la que esquilman: la dejación en manos de terceros de nuestras responsabilidades ciudadanas sólo por el mero trámite de haberles votado; la falta de tolerancia cero, sea quien sea y milite donde milite; la asunción del clientelismo cómo un mal inevitable; la aceptación de la falta de transparencia como un pecado venial y consustancial al quehacer de las clases dirigentes, sean políticas, económicas o judiciales; etc, etc, etc. 
La culpa es de la plaga, por supuesto, pero convendrá no 'abonar' tanto el terreno. Los expertos dicen que hará falta mucha agua para que los pinos de la Magdalena puedan expulsar al tomicus. Lo malo es que no llueve. Y claro, sólo con rogativas y lamentos va a ser que no.

Publicat al 'Levante de Castelló'. 11 d'octubre de 2014

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