También conocido como
“barrenillo de los pinos” el tomicus
destruens, al igual que su pariente el tomicus
piniperda, es un insecto coleóptero de la familia Scolytidae cuyos ejemplares
adultos apenas alcanzan los 4 mm de longitud. Pero no se fíen: en este caso ha
quedado demostrado ser cierto eso de que el tamaño no importa. Pese a su
calibre demuestra una eficacia que ya quisieran para sí otros ejemplares de
mayor envergadura. Tanto que si nadie lo remedia el tomicus destruens amenaza con cargarse este otoño la pinada verde que envuelve la ermita de La Magdalena y de paso, si le dejan, el resto del
Desert de les Palmes.
Servidor, al igual que
usted, desconocía de su existencia, pero en la red es fácil conocer el modus operandi de estos insectos. Copio y pego: “Para su reproducción cada pareja realiza una galería subcortical en
los fustes y en las ramas de los pinos en la que la hembra pone a ambos lados
los huevos. Cuando las temperaturas son las adecuadas nacen las larvas, que realizan
unas pequeñas galerías, generalmente perpendiculares a las maternas. Al
terminar su desarrollo las larvas realizan una cámara de ‘pupación’ en la
corteza del árbol, y tras completarse la transformación, el insecto sale al
exterior a través de un orificio en la corteza. Los nuevos insectos adultos
suben a las copas en las que perforan la médula de las ramillas terminales,
para alimentarse y de este modo robustecerse y adquirir la madurez sexual. Por
lo tanto, los daños que provocan sobre los pinos son galerías en fustes y ramas
y perforaciones de la médula de las ramillas terminales. Los efectos son la
muerte y caída de ramillas terminales a partir de finales del verano, y la
muerte de los pies afectados por el corte de circulación de la savia debido a
las galerías realizadas en el fuste”.
Se sabe tanto de él porque
resulta que no es de ahora. El tomicus
destruens es un viejo conocido en los bosques mediterráneos que esta vez ha
llegado para quedarse favorecido por unos factores climatológicos que propician
su expansión y consolidación: fundamentalmente la sequía y por tanto la falta
de riego. Y a mí, no sé por qué, esta plaga destructora me recuerda a otra que azota
desde hace años la península ibérica… y no es la del picudo. Me refiero a la
corrupción que sacude a la sociedad española en su conjunto; no tan sólo a la
mediterránea, aunque está fuertemente arraigada y se muestra especialmente agresiva
en nuestra Comunidad.
Como pasa con el tomicus destruens los corruptos también habitan
entre nosotros desde hace tiempos. En un principio se pensó que tenían su
hábitat natural en las prebendas de la dictadura y que muerta ésta acabaría la plaga.
Grave error. Sobrevivieron e infectaron también al sistema democrático que
surgió tras una transición que al parecer no fue tan modélica. No, al menos, en
lo que se refiere a la salud moral de quienes debieron velar por ella y ponerse
al frente de la ejemplaridad. De Roldán a Filesa en el PSOE; del caso Naseiro a la trama Gürtel en el PP; de los ERE de Andalucía al saqueo de RTVV en
nombre de la visita del Papa a Valencia; del ‘olvido’ regulador de Jordi
Pujol a los sobresueldos en B en la calle Génova y la fortuna de Luis
Bárcenas; del ‘desconocimiento’ conyugal de la infanta de España al
enriquecimiento de alcaldes tras la compra de terrenos donde luego llovían
depuradoras; del comportamiento mafioso del ex presidente de la CEOE al reparto
del botín y posterior vaciado de las cajas de ahorro; de la reiterada buena
suerte de unos con la lotería a las tarjetas opacas de quienes arruinaron
Bankia; del trato amable de la justicia para con algunos a la inhabilitación de
los jueces que más molestan; etc, etc, etc…
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| Un clamor que recorre España |
Como en el caso del tomicus destruens, la penetración de
estos “barrenillos de la democracia” es también transversal: afecta al conjunto
del árbol desde el tronco más duro a las ramas más frágiles y lo ocasionan tanto
las larvas más incipientes como los ejemplares adultos más desarrollados,
porque se sienten impunes ante la débil defensa que encuentran. Al igual que
ocurre con sus colegas coleópteros estos destruens
de la política se han visto favorecidos por unas condiciones ‘ambientales’ y
sociales que fomentan su expansión y que en muchos casos ha propiciado la propia
sociedad en la que se corrompen y a la que esquilman: la dejación en manos de
terceros de nuestras responsabilidades ciudadanas sólo por el mero trámite de
haberles votado; la falta de tolerancia cero, sea quien sea y milite donde
milite; la asunción del clientelismo cómo un mal inevitable; la aceptación de
la falta de transparencia como un pecado venial y consustancial al quehacer de
las clases dirigentes, sean políticas, económicas o judiciales; etc, etc, etc.
La culpa es de la plaga, por supuesto, pero convendrá no 'abonar' tanto el terreno. Los expertos dicen que hará falta mucha agua para que los pinos de la Magdalena puedan expulsar al tomicus. Lo malo es que no llueve. Y claro, sólo con rogativas y lamentos va a ser que no.

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