Juan Cotino se ha jubilado. Tras casi
cuarenta años en política, veintitrés de ellos subidos en coche oficial desde
que en 1991 fue nombrado concejal de Seguridad Ciudadana en el primer
ayuntamiento de Rita Barberá, éste católico practicante y miembro del Opus
Dei deja la política y quiere hacer realidad su sueño de cultivar caquis.
Su actuación al frente de
la policía local de Valencia no pasó inadvertida para Jaime Mayor
Oreja quien le nombró Director General de la Policía en el primer gobierno
de José Mª Aznar. Cotino regresa a la Comunidad Valenciana en 2002 como
delegado del Gobierno, cargo que ocupa hasta la derrota popular en las elecciones de 2004. Pero aún no era
tiempo para los caquis: Francisco Camps -con quien compartió primero ayuntamiento de Valencia y mas tarde piso
en Madrid los años que Camps fue secretario de Estado-, lo recupera para la
política valenciana y se sucede al frente de las consellerías de Agricultura, Bienestar
Social y Medio Ambiente. Quedaba la guinda: Su amigo le premia con la
Presidencia de las Cortes Valencianas después de la última victoria autonómica
del PP en 2011.
Hombre fiel, Cotino condujo
personalmente hasta la puerta del Palacio de Justicia el BMW blanco del que se bajó
Camps el día que se sentó en el banquillo de los acusados por el caso de los
trajes. Fidelidad que no le pasó factura. Con el apoyo incondicional de Rita
Barberá en activo y de Camps en la sombra, Alberto Fabra no pudo
desbancarlo de la presidencia de les Corts y desde allí fustigó con el látigo
de la disciplina parlamentaria a la diputada de Compromís, Mónica Oltra,
a la que expulsó en dos ocasiones. El desencuentro venía de lejos: Años
antes la había insultado gravemente desde su escaño en un acalorado debate siendo
vicepresidente del Consell.
No le dolieron prendas en
pedir público perdón. La alusión de la diputada a los negocios de Sedesa, la empresa de la familia, le sacó
de sus casillas. No volvió a pasar nunca más: No contestó entonces sobre Sedesa y hoy deja la política sin aclarar
las dudas sobre una empresa que apareció en los papeles de Bárcenas como
donante de 200.000 euros a la caja ‘B’ del PP. Bueno sí, una vez dio una respuesta:
"Yo puedo haber metido la pata, lo
he dicho mil veces, pero no he metido nunca la mano". La misma empresa
a la que se investiga en las piezas de la trama Gürtel que abrió el TSJ por la presunta
financiación ilegal del PP los años 2007-2008 y por la que está imputado su
sobrino Vicente. La Unidad de delitos fiscales de la Guardia Civil (UDEF),
tan de moda estos días por sus informes sobre las cuentas del PP, mantiene que
en 2004 Sedesa recibió adjudicaciones
del Consell por valor de 24,5 millones de euros, que se repitieron en 2006 por
una cuantía similar. Según las cifras que maneja la oposición el total de las
adjudicaciones supera los 800 millones de euros.
Pero estas cosas pertenecen
a este mundo y está claro que donde Cotino tenía que dar lo mejor de sí mismo
era durante la visita de Benedicto XVI a Valencia. El hombre que impuso la
presencia del crucifijo en la mesa de las Corts se volcó para que todo fuera celestial durante la estancia del Papa. Tanto se involucró que algunos
imputados le han señalado como la persona que “cortaba el bacalao” en la toma de decisiones y en la intervención ante
la dirección de RTVV para que Canal 9 fuera el instrumento necesario en el pelotazo
que la Gürtel pegó con la presencia en Valencia del representante de Dios en la
tierra. Y que, por cierto, resultó ruinosa para los valencianos: la misma
cobertura que en Galicia o Cataluña costó 900.000 euros se fue aquí hasta el
cielo de los catorce millones.
Cotino no ha sido imputado
por eso ante la justicia, es cierto. Tampoco por su intervención en la gestión
de la crisis del accidente de metro que costó la vida a 43 ciudadanos. Ni
siquiera por el maltrato que denunciaron algunos familiares de las víctimas.
Nunca les pidió perdón ni mostró el más mínimo propósito de enmienda ante la
grave acusación de intentar comprar su dolor ofreciéndoles un puesto de trabajo a cambio de retirarse del proceso penal. Los familiares querían, quieren aún, conocer
en sede judicial la verdad que les fue negada en sede parlamentaria y que se
tapó en una infame comisión de investigación que el Consell manipuló hasta
límites espurios.
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| Cotino con Jordi Évole en 'Salvados' |
Ese puede ser el último servicio
de Cotino a su partido. Dicen que el caqui, también conocido como palo santo,
ayuda a mejorar el tránsito intestinal y a frenar la diarrea. Y está siendo
eso, una diarrea incontrolada, el efecto de la corrupción sobre el PP
valenciano. La sufrida línea roja de Fabra no da para tapar tanta descomposición.
Me temo que los caquis tampoco. Vamos, que ni con Cotino, ni sin él, tienen sus
males remedio.


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