jueves, 16 de octubre de 2014

Ni Cotino ni sin él



Juan Cotino en su despacho


Juan Cotino se ha jubilado. Tras casi cuarenta años en política, veintitrés de ellos subidos en coche oficial desde que en 1991 fue nombrado concejal de Seguridad Ciudadana en el primer ayuntamiento de Rita Barberá, éste católico practicante y miembro del Opus Dei deja la política y quiere hacer realidad su sueño de cultivar caquis.
Su actuación al frente de la policía local de Valencia no pasó inadvertida para Jaime Mayor Oreja quien le nombró Director General de la Policía en el primer gobierno de José Mª Aznar. Cotino regresa a la Comunidad Valenciana en 2002 como delegado del Gobierno, cargo que ocupa hasta la  derrota popular en las elecciones de 2004. Pero aún no era tiempo para los caquis: Francisco Camps -con quien compartió primero  ayuntamiento de Valencia y mas tarde piso en Madrid los años que Camps fue secretario de Estado-, lo recupera para la política valenciana y se sucede al frente de las consellerías de Agricultura, Bienestar Social y Medio Ambiente. Quedaba la guinda: Su amigo le premia con la Presidencia de las Cortes Valencianas después de la última victoria autonómica del PP en 2011.
Hombre fiel, Cotino condujo personalmente hasta la puerta del Palacio de Justicia el BMW blanco del que se bajó Camps el día que se sentó en el banquillo de los acusados por el caso de los trajes. Fidelidad que no le pasó factura. Con el apoyo incondicional de Rita Barberá en activo y de Camps en la sombra, Alberto Fabra no pudo desbancarlo de la presidencia de les Corts y desde allí fustigó con el látigo de la disciplina parlamentaria a la diputada de Compromís, Mónica Oltra, a la que expulsó en dos ocasiones. El desencuentro venía de lejos: Años antes la había insultado gravemente desde su escaño en un acalorado debate siendo vicepresidente del Consell.
No le dolieron prendas en pedir público perdón. La alusión de la diputada a los negocios de Sedesa, la empresa de la familia, le sacó de sus casillas. No volvió a pasar nunca más: No contestó entonces sobre Sedesa y hoy deja la política sin aclarar las dudas sobre una empresa que apareció en los papeles de Bárcenas como donante de 200.000 euros a la caja ‘B’ del PP. Bueno sí, una vez dio una respuesta: "Yo puedo haber metido la pata, lo he dicho mil veces, pero no he metido nunca la mano". La misma empresa a la que se investiga en las piezas de la trama Gürtel que abrió el TSJ por la presunta financiación ilegal del PP los años 2007-2008 y por la que está imputado su sobrino Vicente. La Unidad de delitos fiscales de la Guardia Civil (UDEF), tan de moda estos días por sus informes sobre las cuentas del PP, mantiene que en 2004 Sedesa recibió adjudicaciones del Consell por valor de 24,5 millones de euros, que se repitieron en 2006 por una cuantía similar. Según las cifras que maneja la oposición el total de las adjudicaciones supera los 800 millones de euros.
Pero estas cosas pertenecen a este mundo y está claro que donde Cotino tenía que dar lo mejor de sí mismo era durante la visita de Benedicto XVI a Valencia. El hombre que impuso la presencia del crucifijo en la mesa de las Corts se volcó para que todo fuera celestial durante la estancia del Papa. Tanto se involucró que algunos imputados le han señalado como la persona que cortaba el bacalao en la toma de decisiones y en la intervención ante la dirección de RTVV para que Canal 9 fuera el instrumento necesario en el pelotazo que la Gürtel pegó con la presencia en Valencia del representante de Dios en la tierra. Y que, por cierto, resultó ruinosa para los valencianos: la misma cobertura que en Galicia o Cataluña costó 900.000 euros se fue aquí hasta el cielo de los catorce millones.
Cotino no ha sido imputado por eso ante la justicia, es cierto. Tampoco por su intervención en la gestión de la crisis del accidente de metro que costó la vida a 43 ciudadanos. Ni siquiera por el maltrato que denunciaron algunos familiares de las víctimas. Nunca les pidió perdón ni mostró el más mínimo propósito de enmienda ante la grave acusación de intentar comprar su dolor ofreciéndoles un puesto de trabajo a cambio de retirarse del proceso penal. Los familiares querían, quieren aún, conocer en sede judicial la verdad que les fue negada en sede parlamentaria y que se tapó en una infame comisión de investigación que el Consell manipuló hasta límites espurios.
Cotino con Jordi Évole en 'Salvados'
Pero también ese pecado, como todos, lleva implícita su penitencia: Cotino quedó retratado ante la sociedad española en un programa de televisión que significó el principio del fin de su carrera política. Salvados nos salvó de un político al que desnudó en prime time: Sus patéticos y reveladores silencios ante el lenguaraz Jordi Évole forjaron una imagen pública de Juan Cotino que le acompañará, incluso, en la soledad de su finca de caquis.

Ese puede ser el último servicio de Cotino a su partido. Dicen que el caqui, también conocido como palo santo, ayuda a mejorar el tránsito intestinal y a frenar la diarrea. Y está siendo eso, una diarrea incontrolada, el efecto de la corrupción sobre el PP valenciano. La sufrida línea roja de Fabra no da para tapar tanta descomposición. Me temo que los caquis tampoco. Vamos, que ni con Cotino, ni sin él, tienen sus males remedio.


Publicat al 'Levante de Castelló'. 18 d'octubre de 2014

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