viernes, 31 de enero de 2014

El pleno del diputado Martínez





El martes volví a entrar al salón de plenos de la diputación provincial más de una década después. (Bueno, hace unos meses asistí allí a la entrega al amigo Nel·lo Navarro del premio de narrativa breve Josep Pascual Tirado). Volví a entrar al salón de plenos, uno de los escenarios por los que pateaba asiduamente como periodista de información local cuando me inicié en la profesión los años en que Joaquín Farnós presidía esa casa. Muchos años. Después llegó la toma de posesión de Francisco Solsona y más tarde la de Carlos Fabra en la vuelta de la saga familiar al sillón de la presidencia. Afortunadamente en esa época uno ejercía otras funciones y me salvé del mal trago de presenciar alguna de las jornadas más lamentables de la confrontación política provincial. Ya saben, y saben que no era de gusto.
El pleno debatía sobre la controvertida figura de Francisco Martínez tras la decisión de Javier Moliner de prescindir de sus servicios y rebajarlo a la clase de tropa. Además uno no tenía nada mejor que hacer ese día: Alberto Fabra sigue pagándome el sueldo pero no me deja trabajar en RTVV, mi empresa, que sigue cerrada. Ya van dos meses a razón de 190.000 euros al día, casi 12 millones, que Fabra malgasta del dinero de todos para hacer posible su despropósito de dejar a los valencianos sin radiotelevisión en su lengua. Paga por tener la tele cerrada y paga por lo que no se vio en la tele: 16 millones a Imagina Media, la antigua Mediapro, “por las temporadas del mundial de Fórmula Uno que no emitió Canal 9, correspondientes a 2012 y 2013..” Es el riesgo que se corre cuando se acaba en los tribunales, puedes perder. Otro negocio ruinoso que pagaremos entre todos.
Vuelvo al pleno. Lo primero que me sorprendió fue la ‘cordialidad’ con la que discreparon los oradores en discursos no exentos de crítica, sarcasmo, inevitables dosis de demagogia, muchas citas traídas de algún buscador, y hasta cierta maldad bien argumentada, sobre todo en los cara a cara entre Moliner y el portavoz socialista Francesc Colomer. Primera conclusión: La ausencia de Fabra es una bendición para la política y para la normalidad democrática, un alivio por lo que nos habían contado y por lo que vimos en televisión.

Martínez, antes en la presidencia, ahora en el banco


Y allí estaba él, agazapado en la segunda fila de la bancada, como si la cosa nos fuera con su persona. Un hierático e imperturbable diputado Martínez soportó las críticas de la oposición sin inmutarse y, lo que debió ser peor, las heridas que dejó el fuego amigo. Quien aguanta así semejante chaparrón es porque se sabe a resguardo. Segunda conclusión: Moliner comete un grave error político al intentar comprar la paz, ó el silencio, del imputado Martínez pagándole una vergonzante e injustificada dedicación exclusiva de 40.000 euros. Bien está que Moliner no quiera hacer más sangre y que espere una mejor ocasión –lo será la confección de la listas- para acabar de laminar el fabrismo, pero los tiempos de los ciudadanos son otros. Cómo hace Fabra en les Corts, Moliner no quiere ‘apestados’ en los órganos de gobierno que representan al presidente pero los mantiene en aquellos donde se sustenta la representación de los ciudadanos, en este caso los municipios. Una marcha atrás en el camino apuntado por el nuevo presidente hacia una regeneración ética que al menos en este caso deja a medias. El sabrá por qué…
Tercera conclusión: Hace falta un nuevo salón de plenos adecuado a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades de los diputados, de los medios de comunicación, del personal de la casa, y del mucho público asistente. Una necesidad urgente: Creo haber reconocido las mismas sillas en las que nos sentábamos en la década de los ochenta. Eso o acabar de una vez con la institución y, por tanto, con el obsoleto salón y sus sillas tapizadas en rojo.

Alfonso Bataller  y Vicent  Farnós, imputados
Otra silla se ha movido esta semana tras una nueva entrega de la serie que narra en sede judicial las pillerías que los ‘piratas’ de la Gürtel cometieron en Castelló al cobijo del PP en las instituciones que gobernaba durante los años que Camps presidió el Consell. Y no es la del acalde Bataller, pese a que el juez se plantea ampliar su imputación tras un informe de la Unidad de Delitos Económicos que apunta sobre una posible segunda contratación a la trama Gürtel cuando fue subsecretario de la consellería de Sanidad. Pero nadie le pide que deje el cargo. Peor suerte ha corrido Vicent Farnós cesado como subdirector de Castelló Cultural a las pocas horas de haber sido imputado porque también contrato con ellos. La pandemia se extiende.





Publicado en Levante de Castelló el 01 de febrero de 2014


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