El pleno debatía sobre la controvertida
figura de Francisco Martínez tras la decisión de Javier Moliner
de prescindir de sus servicios y rebajarlo a la clase de tropa. Además uno no tenía
nada mejor que hacer ese día: Alberto Fabra sigue pagándome el sueldo
pero no me deja trabajar en RTVV, mi empresa, que sigue cerrada. Ya van dos meses
a razón de 190.000 euros al día, casi 12 millones, que Fabra malgasta del dinero
de todos para hacer posible su despropósito de dejar a los valencianos sin
radiotelevisión en su lengua. Paga por tener la tele cerrada y paga por lo que
no se vio en la tele: 16 millones a Imagina Media, la antigua Mediapro, “por las temporadas del mundial de Fórmula
Uno que no emitió Canal 9, correspondientes a 2012 y 2013..” Es el riesgo
que se corre cuando se acaba en los tribunales, puedes perder. Otro negocio
ruinoso que pagaremos entre todos.
Vuelvo al pleno. Lo
primero que me sorprendió fue la ‘cordialidad’ con la que discreparon los oradores
en discursos no exentos de crítica, sarcasmo, inevitables dosis de demagogia, muchas
citas traídas de algún buscador, y hasta cierta maldad bien argumentada, sobre
todo en los cara a cara entre Moliner y el portavoz socialista Francesc
Colomer. Primera conclusión: La ausencia de Fabra es una bendición para la
política y para la normalidad democrática, un alivio por lo que nos habían
contado y por lo que vimos en televisión.
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| Martínez, antes en la presidencia, ahora en el banco |
Y allí estaba él, agazapado en la segunda fila de la bancada, como si la cosa nos fuera con su persona. Un hierático e imperturbable diputado Martínez soportó las críticas de la oposición sin inmutarse y, lo que debió ser peor, las heridas que dejó el fuego amigo. Quien aguanta así semejante chaparrón es porque se sabe a resguardo. Segunda conclusión: Moliner comete un grave error político al intentar comprar la paz, ó el silencio, del imputado Martínez pagándole una vergonzante e injustificada dedicación exclusiva de 40.000 euros. Bien está que Moliner no quiera hacer más sangre y que espere una mejor ocasión –lo será la confección de la listas- para acabar de laminar el fabrismo, pero los tiempos de los ciudadanos son otros. Cómo hace Fabra en les Corts, Moliner no quiere ‘apestados’ en los órganos de gobierno que representan al presidente pero los mantiene en aquellos donde se sustenta la representación de los ciudadanos, en este caso los municipios. Una marcha atrás en el camino apuntado por el nuevo presidente hacia una regeneración ética que al menos en este caso deja a medias. El sabrá por qué…
Tercera conclusión: Hace
falta un nuevo salón de plenos adecuado a los nuevos tiempos y a las nuevas
necesidades de los diputados, de los medios de comunicación, del personal de la
casa, y del mucho público asistente. Una necesidad urgente: Creo haber
reconocido las mismas sillas en las que nos sentábamos en la década de los
ochenta. Eso o acabar de una vez con la institución y, por tanto, con el
obsoleto salón y sus sillas tapizadas en rojo.
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| Alfonso Bataller y Vicent Farnós, imputados |


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