Javier Moliner sigue a la suya, limpiando. Parece seguir al pie de la letra el lema que la RAE adoptó para celebrar su 300 aniversario: luego tocará fijar para, finalmente, mostrar el esplendor de su gestión al frente de la diputación provincial. Lo hace además convencido. Sabe que sólo así podrá mantener el cargo ante los nubarrones que presagian las encuestas en los medios y los cabreos en la calle. Que ya se sabe: aunque esto no sea el barrio burgalés de Gamonal -aquí tragamos sin rechistar con la trampa del TRAM y con aeropuertos sin aviones- tampoco conviene dar más motivos a los muchos que ya le sobran a la gente. Motivos para el cabreo digo.
Con su desaire Fabra no
hizo sino fijar el foco sobre un político al que muy poco, nada, se conocía
fuera de esta provincia. Hoy lo es un poco más y esa es una virtud que hay que
reconocerle a Carlos Fabra: se muestra cruel con sus oponentes pero les da tanto
desprecio como fama y audiencia en prime
time, lo sabe bien el socialista Francesc Colomer. Es en esa contraposición al estilo Fabra cuando empezamos a conocer mejor al ‘nuevo’ Javier Moliner.
Sabemos que se bajó el sueldo, que recortó -aunque poco y menos de los
prometidos- la nómina de asesores, que no insulta en el salón de plenos, y que en
el primer renuncio se ha cargado a Francisco Martínez, la mano derecha
de Fabra en los últimos veinte años. Esther Pallardó, la pareja sentimental
de Fabra, y según dicen una de las imposiciones del ex a su sucesor, es la última
superviviente del fabrismo en la
cúpula de gobierno.
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| Francisco Martínez |
Es su línea roja, la misma
que su presidente regional. No va más allá, ni siquiera ahora que el cesado Martínez
es también el imputado Martínez por un presunto delito de prevaricación y
fraude por cobrar a los ayuntamientos las entradas para la corrida de la Beneficencia
aunque éstos no las quisieran y en algunos casos, según el Bloc, detrayendo el
importe de las partidas para servicios sociales. Javier Moliner, que también es
muy de ir a los toros –sobre todo al festival de su otro pueblo, Benasal-, no entra
a matar y se limita a aplicarle las banderillas de castigo: Le cesa aduciendo
‘pérdida de confianza’ para no verse a su lado en las fotos y evitar salir en algún
sketch de ‘El Intermedio’ donde ya ha sido protagonista, Martínez no Moliner.
Pero lo mantiene de diputado. Es la doctrina Alberto Fabra que no quiere
imputados cerca pero los tiene a todos en nómina en el grupo parlamentario para
que aprieten el botón… menos al díscolo Rafael Blasco, cierto.
Se explica desde la lógica
particular de los partidos políticos: el PP tiene a otro alcalde imputado en la
capital, Alfonso Bataller, a quien no le piden ninguna responsabilidad.
Además cuando se produjeron los hechos por los que Martínez ha sido imputado, y
otros parecidos a los que han propiciado la ‘pérdida de confianza’, Moliner en
particular y su partido en general los dieron siempre por buenos y nadie
levantó la voz. Tal vez por eso Carlos Fabra no lo reconoce en su actual versión.
A él, a Moliner, poco le importa y sigue a la suya: limpia, fija, y da
esplendor. Como la RAE.
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| Fabra, Martínez y Aparici en "El Intermedio" |


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