lunes, 27 de enero de 2014

La banda del empastre


La estatua por los suelos
Durante unos días fue un 'atractivo' para los vecinos



Estos días se cumple un año. La noticia corrió cómo la pólvora por la ciudad y en los medios nacionales: Se había caído una escultura de Ripollés en Castellón. Pero no podía ser verdad... y no lo fue. Nuestro gozo en un pozo. No era la escultura que levantó en el aeropuerto sin aviones de su amigo Carlos Fabra, sino esa otra que dedicó a las víctimas del terrorismo. Que también era noticia, seguro, pero que evidentemente no era lo mismo. ¿Se imaginan?. ¡Por los suelos la escultura de la que despega un avión sobre la cabeza de Fabra!. No era posible idear una metáfora más acertada, toda una premonición de la caída que tan sólo un año más tarde vivió Carlos Fabra con su condena judicial y la que está viviendo el aeropuerto desde su condena inaugural. Aquella en la que se le bautizó como 'un aeropuerto para las personas'. Se nos dijo que no habíamos entendido nada y en esas seguimos.


Las manos rotas
Pero, como digo, era otra escultura. Una obra que nació, que la parieron, con la firme voluntad de perdurar en el tiempo: No iba a haber en toda España una escultura dedicada a las víctimas del terrorismo más grande que la nuestra. La que más. ¿Era necesario?. No hacía falta ninguna justificación. Poco importa que, afortunadamente, esta no haya sido una tierra golpeada por el terrorismo: Tampoco tenemos TRAM y se gastan 86 millones de euros en su trazado, así que en eso también íbamos a poder presumir de ser los que más grande la tendríamos, la escultura. Porque el tamaño sí importa en ocasiones. Y así fue, de un tamaño descomunal: 29 metros de altura, 16 de diámetro y 38 toneladas de peso. Tan grande, pero no aguantó el fuerte viento.
Hace un año que se les cayó la estatua -a ellos- y aunque el ayuntamiento se afanó en decir que la levantaría de nuevo, tardó en llegar la viagra necesaria para elevar semejante monumento. Y en eso están pese a que el artista quiso que se quedara en el suelo, rota, porque así se lo había dicho la estatua la noche en que habló con ella... de autor a obra. 


El alcalde Alfonso Bataller no estuvo tan perceptivo, no captó el fondo del mensaje, y se afanó en recuperar la verticalidad de la estructura no fuera qué pasara a la historia como el alcalde al que se le cayó la cosa. En eso está y, pese a la promesas inicial, todo parece indicar que al final sí costará dinero público poder levantársela al ‘Beato Ripo’. Siempre les cuesta cumplir la palabra, ya pasó con aquella otra de dejar a la vista las ruinas de la muralla medieval que salieron en las obras del TRAM en la calle Gobernador. De 'ponerlas en valor' pasaron a ponerlas bajo tierra.

El circo había llegado a la ciudad
Aquel día, hoy hace un año, en una valla cercana a la rotonda que alberga la estatua se anunciaba la presencia en Castelló del circo Wonderland con sus tigres de Siberia y sus payasos. Pero la música, aquel día de enero, la puso nuestra particular banda del empastre. Otro más.

(Por cierto, también se les caen los ladrillos de la Ciudad de la Justicia. Esos cuesta menos reponerlos.)



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