Estos días se cumple un año. La noticia corrió cómo la pólvora por la ciudad y en los medios nacionales: Se había caído una escultura de Ripollés en Castellón. Pero no podía ser verdad... y no lo fue. Nuestro gozo en un pozo. No era la escultura que levantó en el aeropuerto sin aviones de su amigo Carlos Fabra, sino esa otra que dedicó a las víctimas del terrorismo. Que también era noticia, seguro, pero que evidentemente no era lo mismo. ¿Se imaginan?. ¡Por los suelos la escultura de la que despega un avión sobre la cabeza de Fabra!. No era posible idear una metáfora más acertada, toda una premonición de la caída que tan sólo un año más tarde vivió Carlos Fabra con su condena judicial y la que está viviendo el aeropuerto desde su condena inaugural. Aquella en la que se le bautizó como 'un aeropuerto para las personas'. Se nos dijo que no habíamos entendido nada y en esas seguimos.
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| Las manos rotas |
Hace un año que se les
cayó la estatua -a ellos- y aunque el ayuntamiento se afanó en decir que la levantaría de nuevo, tardó
en llegar la viagra necesaria para elevar semejante monumento. Y en eso están pese a
que el artista quiso que se quedara en el suelo, rota, porque así se lo había dicho la
estatua la noche en que habló con ella... de autor a obra.
El alcalde Alfonso
Bataller no estuvo tan perceptivo, no captó el fondo del mensaje, y se afanó en
recuperar la verticalidad de la estructura no fuera qué pasara a la historia
como el alcalde al que se le cayó la cosa. En eso está y, pese a la promesas inicial,
todo parece indicar que al final sí costará dinero público poder levantársela al ‘Beato Ripo’. Siempre les cuesta cumplir la palabra, ya pasó con aquella otra de dejar a la vista las ruinas de la muralla medieval que salieron en las obras del TRAM en la calle Gobernador. De 'ponerlas en valor' pasaron a ponerlas bajo tierra.
| El circo había llegado a la ciudad |
(Por cierto, también se
les caen los ladrillos de la Ciudad de la Justicia. Esos cuesta menos reponerlos.)

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