jueves, 6 de febrero de 2014

PSPV, primero primarias





Ximo Puig y Toni Gaspar en la presentación de los avales




Los socialistas valencianos están de campaña. No en la que ellos querrían y cuya convocatoria no controlan, las autonómicas; pero si en la que ellos han querido, las primarias. Mientras Alberto Fabra agota su patético discurrir por lo que queda de legislatura buscando al ‘topo’ del Palau y protegido por la policía allá donde va, la oposición de izquierdas anda más ocupada en intentar poner en orden sus filas de cara a la que se avecina. Como están casi siempre, cierto, aunque esta vez con una diferencia significativa: Se ven con posibilidades de ganar las elecciones y de acabar con veinte años de gobierno del PP;  y lo que es más importante, también lo percibe así el electorado. Esa va a ser la principal característica del proceso electoral que nos aguarda dentro de año y medio, sino antes. Lo ven incluso en el PP donde empiezan a descontar una posible derrota en el que ha sido uno de sus graneros de votos más fértil, el mismo que lo fue antes para el PSOE los años de las mayorías absolutas de Felipe González y de Joan Lerma.
Quien más se juega en el posible cambio de ciclo es el PSPV que aspira al máximo: recuperar el gobierno de la Generalitat que Lerma perdió ante el PP de Eduardo Zaplana y el bipartito del ‘pacto del pollo’ con la UV de Vicente González Lizondo. Se juegan tanto que han decidido presentarse ante la sociedad con nuevas formas y, si ésta lo quiere, hasta con nuevas caras. Ximo Puig, el primer líder de Blanquerías capaz de conformar una mayoría estable en una organización de difícil convivencia entre familias desde hace años, se ha mostrado un político de palabra y ha cumplido la que dio al anunciar que habrían primarias y que serían abiertas a la sociedad. Ya están convocadas para el 9 de marzo. Toni Gaspar, alcalde de Faura, y figura emergente del PSPV-PSOE sin ataduras a ningún pasado, acepta el órdago y le echará un pulso que será bueno para el partido en la medida en que genere debate y no navajazos.
Los militantes podrán decidir y con ellos los ciudadanos que así lo quieran. Estamos ante la expresión de democracia participativa más directa que ha  protagonizado alguno de los grandes partidos españoles desde la transición: por primera vez se cede parte de la soberanía que asiste a los militantes para elegir a sus candidatos y se comparte esa decisión con quienes no comparten el pago de las cuotas. No es sólo un acto de generosidad cara al exterior: En cada cita electoral los partidos salen a la calle a pedirle el voto al conjunto de los ciudadanos y no sólo a sus militantes. Si se apela al compromiso del individuo ajeno al clan parece lógico que éste sea partícipe también del proceso de elección del candidato que le pasa a la firma un ‘contrato’ de representación basado en la confianza mutua. Entendidas así, las primarias no deberían ser sólo una opción al albur de la conveniencia de los partidos sino una obligación contemplada en sus estatutos o en la ley electoral. Vamos, de interés general.

Borrell y Almunia midieron sus fuerzas en 1998 y
ganó el candidato no 'oficialista'.
Un proceso no exento de riesgos para los aparatos de los partidos: Cuando se salta al terreno de juego de las urnas siempre se puede perder. No es lo habitual, pero el alcorcornazo, (la histórica eliminación del Real Madrid de la Copa a manos del modesto Alcorcón), también se da en política y en el recuerdo de los socialistas españoles está la victoria en 1998 por goleada de Josep Borrell ante el secretario general Joaquín Almunia. Otro riesgo a tener muy en cuenta es el de la participación. En Ferraz dirían aquello tan castizo de que les salió ‘el tiro por la culata’, aquí hablarían de ‘fer figa’. Una baja respuesta de los propios sería preocupante, pero la indiferencia o el rechazo de los ajenos sería peor para un partido que sufre una constante fuga de apoyos y que tiene en el alejamiento con su base electoral el primer reto a superar.
El último riesgo es el de desvirtuar el proceso por un desigual trato del aparato a los candidatos en función de su peso en la organización, todos deben tener las mismas posibilidades. Una máxima que hay que cumplir con más pulcritud cuando, como es el caso, el secretario general está en la pugna. Me consta que Ximo Puig lo tiene muy claro, pero deberá vigilar que nadie lo olvide en la sede de la calle Blanquerías: los hay que pueden pasarse de serviciales o serviles, y más ahora que se huele poder.
Riesgos y virtudes de un proceso que gana pedigrí democrático si se pone en contraposición a la fórmula que siguen en el PP para estos menesteres. La comparación no pasa la prueba del algodón: entre la designación a dedo y el voto universal no hay color… ó así me lo parece a mí.

¿Las listas abiertas? Sería el paso siguiente, sí. Pero me da que habrá que esperar, y mucho.



Publicado en 'Levante de Castelló' el 8 de febrero de 2014


No hay comentarios:

Publicar un comentario