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| Bataller en su segunda declaración en el TSJ. (Foto: EL MUNDO) |
Los tiempos de la justicia
llevan su ritmo, mucho más pausado que el ritmo frenético que marcan la actividad
política y los titulares de prensa. Y en ocasiones eso es bueno para los intereses
de los políticos: Carlos Fabra pudo así aguantar en el cargo durante los
diez años que se alargó la instrucción del caso ‘Naranjax’ incluidos los que se mantuvo como imputado y en los que
la causa pasó a llevar su nombre. Tan sólo la apertura de juicio oral, y más tarde la condena, le apearon del sillón
presidencial.
Estos días hay otro
político del PP, el alcalde de Castelló Alfonso Bataller, que anda muy pendiente
de los ritmos y plazos de la justicia. A él también le va el cargo en ello. No
el que ocupa en la actualidad y que su partido no le piensa reclamar pese a su condición
de imputado, pero sí el que pudiera obtener si como está previsto encabeza la
lista del PP a la alcaldía. A día de hoy no está tan claro. Prevalece la incógnita
porque ya no depende sólo de lo que finalmente diga la cúpula de su partido sino
de lo que decida un juez a propósito de la causa por la que está siendo
investigado. Vamos, que está en manos de la prisa, ó la pausa, que se pueda dar
el magistrado Jose Ceres en la instrucción del sumario abierto en el TSJ
que se ocupa de las distintas fechorías que la trama Gürtel cometió en muy
diversas esferas de la administración autonómica los años en que Francisco
Camps presidió el Consell. Años en los que Bataller estaba allí en condición
de subsecretario de la Conselleria de Sanidad y en los que firmó contratos y
adjudicaciones con empresas de la Gürtel. Por eso le pregunta el juez, por la
reiteración de pagos fraccionados que no superaron nunca los 11.948 euros, el
límite que se permite a la administración para contratar sin mediar concurso
público.
Pese a su seguridad en que
todo quedaría aclarado una vez declarase ante el juez, la situación del alcalde
Bataller lejos de clarificarse parece cada vez más difícil tras conocerse el
contenido de un correo electrónico de una testigo que revelaría “su alto grado
de intervención en la contratación con la trama, a la que incluso indicaba cómo
debía facturar a la Consejería de Sanidad”, según publicó la prensa. Hechos por
los que podría ser acusado de los delitos de malversación, prevaricación y
falsedad. Pocas bromas. Ya van dos visitas al juez y otras tantas imputaciones…
o la ampliación de la primera, que no sé muy bien como debo decirlo.
Médico anestesista de
profesión, le espera su plaza como jede de sección en el Hospital General de
Castelló, a Bataller no le salvaría ni el poder aplicar algún anestésico para
dormir la causa los mismos años que se prolongó la de su Carlos Fabra. (Además no
le veo aguantando el tipo todo ese tiempo, que para eso hace falta estar hecho
de otra pasta). Pero digo que ni siquiera así lo iba a conseguir si Alberto
Fabra cumple lo prometido y deja limpias de imputados las listas de su
partido.
Al alcalde Bataller sólo
le puede salvar justo lo contrario, la celeridad en el proceso y que el juez le
deje libre de sospecha y paja antes de que se ponga en marcha el calendario
electoral con la designación de candidatos. Como muy tarde las elecciones autonómicas
serán en mayo de 2015, poco más de un año. Es muy poco tiempo en política, pero
toda una eternidad para llevar a cuestas una imputación. Tic-tac, tic-tac. En esa carrera contrarreloj está el alcalde Bataller
porque, llegado el día, en su actual situación procesal no pasaría el control de
calidad para ser candidato que ha impuesto su partido. Para Fabra los imputados
también tienen una fecha de consumo preferente sobrepasada la cual no conviene
contar con ellos, pero hasta entonces se les deja acabar con tranquilidad sus mandatos
cómo alcalde o diputados.
Bueno, aunque lo de acabar
el mandato con tranquilidad depende también de otras circunstancias tal y como
vimos en el último pleno municipal de Castelló con la policía desalojando a los
airados vecinos. Todo un síntoma.

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