jueves, 27 de febrero de 2014

La contrarreloj del alcalde Bataller

Bataller en su segunda declaración en el TSJ. (Foto: EL MUNDO)


Los tiempos de la justicia llevan su ritmo, mucho más pausado que el ritmo frenético que marcan la actividad política y los titulares de prensa. Y en ocasiones eso es bueno para los intereses de los políticos: Carlos Fabra pudo así aguantar en el cargo durante los diez años que se alargó la instrucción del caso ‘Naranjax’ incluidos los que se mantuvo como imputado y en los que la causa pasó a llevar su nombre. Tan sólo la apertura de juicio oral, y  más tarde la condena, le apearon del sillón presidencial.
Estos días hay otro político del PP, el alcalde de Castelló Alfonso Bataller, que anda muy pendiente de los ritmos y plazos de la justicia. A él también le va el cargo en ello. No el que ocupa en la actualidad y que su partido no le piensa reclamar pese a su condición de imputado, pero sí el que pudiera obtener si como está previsto encabeza la lista del PP a la alcaldía. A día de hoy no está tan claro. Prevalece la incógnita porque ya no depende sólo de lo que finalmente diga la cúpula de su partido sino de lo que decida un juez a propósito de la causa por la que está siendo investigado. Vamos, que está en manos de la prisa, ó la pausa, que se pueda dar el magistrado Jose Ceres en la instrucción del sumario abierto en el TSJ que se ocupa de las distintas fechorías que la trama Gürtel cometió en muy diversas esferas de la administración autonómica los años en que Francisco Camps presidió el Consell. Años en los que Bataller estaba allí en condición de subsecretario de la Conselleria de Sanidad y en los que firmó contratos y adjudicaciones con empresas de la Gürtel. Por eso le pregunta el juez, por la reiteración de pagos fraccionados que no superaron nunca los 11.948 euros, el límite que se permite a la administración para contratar sin mediar concurso público.
Pese a su seguridad en que todo quedaría aclarado una vez declarase ante el juez, la situación del alcalde Bataller lejos de clarificarse parece cada vez más difícil tras conocerse el contenido de un correo electrónico de una testigo que revelaría “su alto grado de intervención en la contratación con la trama, a la que incluso indicaba cómo debía facturar a la Consejería de Sanidad”, según publicó la prensa. Hechos por los que podría ser acusado de los delitos de malversación, prevaricación y falsedad. Pocas bromas. Ya van dos visitas al juez y otras tantas imputaciones… o la ampliación de la primera, que no sé muy bien como debo decirlo.
Médico anestesista de profesión, le espera su plaza como jede de sección en el Hospital General de Castelló, a Bataller no le salvaría ni el poder aplicar algún anestésico para dormir la causa los mismos años que se prolongó la de su Carlos Fabra. (Además no le veo aguantando el tipo todo ese tiempo, que para eso hace falta estar hecho de otra pasta). Pero digo que ni siquiera así lo iba a conseguir si Alberto Fabra cumple lo prometido y deja limpias de imputados las listas de su partido.
Al alcalde Bataller sólo le puede salvar justo lo contrario, la celeridad en el proceso y que el juez le deje libre de sospecha y paja antes de que se ponga en marcha el calendario electoral con la designación de candidatos. Como muy tarde las elecciones autonómicas serán en mayo de 2015, poco más de un año. Es muy poco tiempo en política, pero toda una eternidad para llevar a cuestas una imputación. Tic-tac, tic-tac. En esa carrera contrarreloj está el alcalde Bataller porque, llegado el día, en su actual situación procesal no pasaría el control de calidad para ser candidato que ha impuesto su partido. Para Fabra los imputados también tienen una fecha de consumo preferente sobrepasada la cual no conviene contar con ellos, pero hasta entonces se les deja acabar con tranquilidad sus mandatos cómo alcalde o diputados.

Bueno, aunque lo de acabar el mandato con tranquilidad depende también de otras circunstancias tal y como vimos en el último pleno municipal de Castelló con la policía desalojando a los airados vecinos. Todo un síntoma.



Publicado en 'Levante de Castelló' el 1 de marzo de 2014

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