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Espero que aprovechen la jornada y lo reflexionen bien. No me refiero a ustedes, a los ciudadanos electores, sino a ellos, a los ciudadanos elegidos. Espero que aprovechen el día de hoy para reflexionar cómo comportarse el lunes a partir de lo que mañana hablen las urnas. No es una cuestión baladí: estamos ahora aquí, votando de nuevo, porque acabaron administrando de la peor manera posible el voto que les dimos en diciembre. Como nada hace pensar que mañana vaya a ser muy diferente el resultado electoral, es de desear que tengan claro cómo van a entenderse para no vernos abocados a la sinrazón de una tercera consulta a las urnas.
Se señala al PSOE como el partido que más
debe reflexionar. Es el único que llega a la cita sin desvelar el sentido de
tan profunda meditación para que sus votantes sepan antes de introducir la
papeleta si, llegado el caso, ésta servirá para mantener al PP en el gobierno,
con o sin Mariano Rajoy al frente, o para hacer presidente a Pablo
Iglesias. Que no es lo mismo, por supuesto, pero en todo caso es una decisión
que puede dividir en dos al partido. La brecha entre la doble alma que durante
años ha convivido bajo las siglas centenarias del PSOE se hace hoy mucho más
visible y amenaza con dejar de compartir proyecto no por la vía de la escisión
sino de la deserción: se están yendo a centenares los militantes decepcionados y
a miles los votantes desencantados. Un drama para un partido de gobierno, el
gran proyecto transformador de la sociedad española, que ha aportado a este
país los mayores logros en la instauración de las políticas del bienestar y en
la recuperación de las libertades colectivas e individuales perdidas tras los
negros años del franquismo.
Claro que puede pasar que, finalmente, no
llegue la sorpresa del sorpasso en la persona de quien ya se ve ocupando
la Moncloa después de consumar el asalto al cielo electoral de socialistas y
comunistas y de hacer realidad la vieja ensoñación de liderar la casa común de
la izquierda. Pase lo que pase mañana el mesiánico profesor reconvertido a la
socialdemocracia, ese que ahora habla con Zapatero
en la intimidad, deberá reflexionar al respecto de los motivos que les han
llevado a caer en tan corto espacio de tiempo en algunos de los vicios que
tanto criticaron a los partidos de la vieja política. Ya son parte del sistema
a todos los efectos e instalados en él reproducen muchos de sus defectos.
También el PP deberá pasar a partir del lunes
por el rincón de pensar, seguro. En su caso para decidir si acometen de una vez
por todas una segunda refundación que les lleve a soltar lastre y romper con
una cúpula dirigente que convive con prácticas antidemocráticas, como las que
hemos conocido del ministro del Interior, y que sigue atrapada hasta las trancas
en el fango de una corrupción sistémica que no deja de supurar escándalos cada
vez que la justicia, o los nuevos gobiernos del cambio, meten el bisturí de la
regeneración en la gestión de los populares allí donde han encadenado décadas
de mayorías e impunidades absolutas.
Es el caso de Castelló donde sabemos que también
pasaron cosas. La gestión del PP en el Hospital Provincial sigue dando nuevos
titulares de prensa y nuevas visitas al juzgado. La Conselleria de Sanidad aporta
ante la fiscalía los papeles que en su día el ex gerente nombrado por el PP no
pudo entregar a ningún superior, nadie quiso saber nada. Y desde la trinchera de la diputación se responde con una querella por injurias y
calumnias que se extiende además a la persona del candidato socialista
Artemi Rallo. Algo inédito en la historia de las elecciones en esta
provincia donde no recuerdo antes que una campaña acabe en el Palacio de
Justicia. Llevar a un rival político a los tribunales resulta tan sorpresivo
como esclarecedor: al PP le molesta más lo que se dice a la prensa sobre su
gestión política que lo que dice la prensa sobre las posibles irregularidades
que se cometieron durante esa gestión.
Esta semana hemos sabido una más al conocerse
que la trama de la Púnica también mordió
en estas latitudes. Francisco Camps y Carlos Fabra destinaron
diez millones de euros de dinero público para que la empresa Match
Golf Consulting organizara
el Master de Golf “Costa de Azahar” en el club privado de Borriol que presidía el
presidente de la diputación y del PP provincial. Javier Moliner se defiende asegurando que él heredó unos contratos
y que fue bajo su mandato cuando se dejó de celebrar el torneo, pero estampó su
firma para su continuidad al menos en una edición más. Luego se acabó la barra
libre, cierto, y dejó de rodar la pelotita; pero fue porque la crisis se llevó
por delante tanto el golf en Castelló como la F1 o la Copa América en Valencia,
todo. Como pueden hacer mañana las urnas… y eso bien merece una profunda
reflexión.
Publicat al Levante de Castelló, 25 de juny de 2016
Publicat al Levante de Castelló, 25 de juny de 2016

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