viernes, 24 de junio de 2016

Jornada de reflexión






Espero que aprovechen la jornada y lo reflexionen bien. No me refiero a ustedes, a los ciudadanos electores, sino a ellos, a los ciudadanos elegidos. Espero que aprovechen el día de hoy para reflexionar cómo comportarse el lunes a partir de lo que mañana hablen las urnas. No es una cuestión baladí: estamos ahora aquí, votando de nuevo, porque acabaron administrando de la peor manera posible el voto que les dimos en diciembre. Como nada hace pensar que mañana vaya a ser muy diferente el resultado electoral, es de desear que tengan claro cómo van a entenderse para no vernos abocados a la sinrazón de una tercera consulta a las urnas.
Se señala al PSOE como el partido que más debe reflexionar. Es el único que llega a la cita sin desvelar el sentido de tan profunda meditación para que sus votantes sepan antes de introducir la papeleta si, llegado el caso, ésta servirá para mantener al PP en el gobierno, con o sin Mariano Rajoy al frente, o para hacer presidente a Pablo Iglesias. Que no es lo mismo, por supuesto, pero en todo caso es una decisión que puede dividir en dos al partido. La brecha entre la doble alma que durante años ha convivido bajo las siglas centenarias del PSOE se hace hoy mucho más visible y amenaza con dejar de compartir proyecto no por la vía de la escisión sino de la deserción: se están yendo a centenares los militantes decepcionados y a miles los votantes desencantados. Un drama para un partido de gobierno, el gran proyecto transformador de la sociedad española, que ha aportado a este país los mayores logros en la instauración de las políticas del bienestar y en la recuperación de las libertades colectivas e individuales perdidas tras los negros años del franquismo.
Claro que puede pasar que, finalmente, no llegue la sorpresa del sorpasso en la persona de quien ya se ve ocupando la Moncloa después de consumar el asalto al cielo electoral de socialistas y comunistas y de hacer realidad la vieja ensoñación de liderar la casa común de la izquierda. Pase lo que pase mañana el mesiánico profesor reconvertido a la socialdemocracia, ese que ahora habla con Zapatero en la intimidad, deberá reflexionar al respecto de los motivos que les han llevado a caer en tan corto espacio de tiempo en algunos de los vicios que tanto criticaron a los partidos de la vieja política. Ya son parte del sistema a todos los efectos e instalados en él reproducen muchos de sus defectos.
También el PP deberá pasar a partir del lunes por el rincón de pensar, seguro. En su caso para decidir si acometen de una vez por todas una segunda refundación que les lleve a soltar lastre y romper con una cúpula dirigente que convive con prácticas antidemocráticas, como las que hemos conocido del ministro del Interior, y que sigue atrapada hasta las trancas en el fango de una corrupción sistémica que no deja de supurar escándalos cada vez que la justicia, o los nuevos gobiernos del cambio, meten el bisturí de la regeneración en la gestión de los populares allí donde han encadenado décadas de mayorías e impunidades absolutas.
Es el caso de Castelló donde sabemos que también pasaron cosas. La gestión del PP en el Hospital Provincial sigue dando nuevos titulares de prensa y nuevas visitas al juzgado. La Conselleria de Sanidad aporta ante la fiscalía los papeles que en su día el ex gerente nombrado por el PP no pudo entregar a ningún superior, nadie quiso saber nada.  Y desde la trinchera de la diputación  se responde con una querella por injurias y calumnias que se extiende además a la persona del candidato socialista Artemi Rallo. Algo inédito en la historia de las elecciones en esta provincia donde no recuerdo antes que una campaña acabe en el Palacio de Justicia. Llevar a un rival político a los tribunales resulta tan sorpresivo como esclarecedor: al PP le molesta más lo que se dice a la prensa sobre su gestión política que lo que dice la prensa sobre las posibles irregularidades que se cometieron durante esa gestión.

Esta semana hemos sabido una más al conocerse que la trama de la Púnica también mordió en estas latitudes. Francisco Camps y Carlos Fabra destinaron diez millones de euros de dinero público para que la empresa Match Golf Consulting organizara el Master de Golf “Costa de Azahar” en el club privado de Borriol que presidía el presidente de la diputación y del PP provincial. Javier Moliner se defiende asegurando que él heredó unos contratos y que fue bajo su mandato cuando se dejó de celebrar el torneo, pero estampó su firma para su continuidad al menos en una edición más. Luego se acabó la barra libre, cierto, y dejó de rodar la pelotita; pero fue porque la crisis se llevó por delante tanto el golf en Castelló como la F1 o la Copa América en Valencia, todo. Como pueden hacer mañana las urnas… y eso bien merece una profunda reflexión.

Publicat al Levante de Castelló, 25 de juny de 2016

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