domingo, 19 de junio de 2016

Barra libre en el chiringuito provincial

Destacados líderes del PP de Castellón de visita al Hospital Provincial

Del aeropuerto de Vilanova sabíamos por confesión propia, aunque fuera a los nietos y “robada” por las cámaras de televisión en una tierna escena familiar, que se trataba del aeropuerto del abuelito. Ya no lo es. Del Hospital Provincial de Castelló se sabía por lo que cuentan unos, y pese a lo que otros muchos callan, que se trata del chiringuito del partido. Así fue durante los años en los que Carlos Fabra hizo y deshizo a su antojo colocando a cuantos amigos, familiares y compañeros quiso. Eran años de total impunidad en los que Fabra se vanagloriaba de no ser capaz de recordar “a la cantidad de gente que habré colocado en 12 años” según se recogía en las grabaciones que en lebrero de 2009 desveló la cadena SER. Y entre los colocódromos favoritos de Fabra, del PP, ocupa un lugar destacado el Hospital Provincial junto a Penyeta Roja, el Puerto de Castelló, el Consorcio Provincial de Bomberos o la Escuela Taurina, por citar sólo algunos; que en otros, como la oficina de colocación en que se convirtió RTVV, no llegó a tener tanta mano.
Al parecer la barra libre que se servía en el chiringuito del provincial daba para muchos y de ella se beneficiaron también algunas empresas amigas que contrataron no sé si por encima de sus posibilidades, pero parece ser que sí por encima de lo que tenían firmado. Que es mucho. Y pese a ello muchos lectores van a compartir conmigo la sensación de que a uno no acaba de sorprenderle todo lo que estamos sabiendo estos días. Son de esas cosas que se “saben en Castelló” pero de las que nadie hablaba. Los más de veinte años de gestión del PP en el Hospital Provincial han dejado de estar bajo sospecha para pasar a estar bajo la investigación de la fiscalía anticorrupción y eso, en esta provincia, ya sorprende un poco más.

Javier Moliner junto al ex gerente Rafael Arce
Todo gracias al poder de las urnas, de su voto. Las elecciones de hace un año y el consiguiente cambio de inquilino en el Palau de la Generalitat han causado un auténtico terremoto con epicentro en la Avenida Doctor Clara que puede tener réplicas de un nivel considerable en el palacio de la Plaza de Las Aulas. No falta nada: Hasta tenemos la figura del "arrepentido" en la persona del ex gerente Rafael Arce quien, sin llegar a ser un freaky del estilo Marcos Benavent (hay personajes realmente irrepetibles), también está dispuesto a colaborar para desenmascarar un pufo que podría superar los 25 millones de euros y en el que están inmersas dos empresas, PIAF y TELESCO, estrechamente vinculadas al PP. Tanto que el propietario de una de ellas, Alejando Pons, reconoció ante la fiscalía que colaboró a la financiación de las campañas electorales del PP tal y cómo se ha sabido en una de las piezas de la trama Gürtel. La otra empresa sigue contratando con el ayuntamiento por importe de más de tres millones y acaba de renovar una de sus contratas con el propio Hospital Provincial.
Las revelaciones del ex gerente que nombró el último conceller de Sanidad del PP meten de lleno al presidente Javier Moliner en el ojo del huracán. Esta no es una cosa del pasado, de la herencia de Fabra como lo fueron las misteriosas herencias de Francisco Martínez o el caso de la depuradora de Borriol.  Esta es ya su época, es su responsabilidad, y la denuncia viene de unos de los suyos que asegura haber recibido amenazas de muerte por intentar poner orden y desmontar el chiringuito. Tanto es así que custodió en una notaría de la capital “por si le pasaba algo” la información que en su día puso en manos de los servicios jurídicos del Consorcio del Provincial y que ahora ha entregado a la Conselleria.  
Javier Moliner asegura que no sabía nada de todo este asunto. Puede ser. Y puede que sea así porque, sencillamente, nunca quiso saber nada. Puede ser también. Cuentan quienes han hablado con el ex gerente que éste asegura que hasta tres veces fue a reunirse con él sin poder pasar del despacho de su secretaria.  De hecho dice que no le recibió en algo más de un año. Puede ser. Es su versión y ahora el presidente de la Diputación deberá dar la suya y explicar de forma transparente su gestión en todo este asunto. El lunes, cara a cara con la Consellera Carmen Montón, tendrá ocasión para ello en una reunión extraordinaria del Consorcio que promete emociones.
En el fondo, más allá de lo que acabe dictaminando la justicia, lo que está bajo sospecha es el modelo de gestión que encierra una estructura de poder  como la que representa el Hospital Provincial. Un centro con novecientos trabajadores, novecientas familias, que cumple todos los requisitos para acoger una trama de esas características: Ajeno al control de la Generalitat o del gobierno central era tierra fértil para sembrar y recoger una buena cosecha de votos y de contratos. Más aún si se cuenta con la complicidad de algunos sindicatos que no sólo miraron hacia otro lado sino que disfrutaron también de generosas subvenciones dentro de la barra libre que se sirvió en el chiringuito del Provincial.
Lo dejó dicho Fabra: “Y toda esa gente es un voto cautivo. Ese es un voto cautivo, que lo tengáis muy claro". Pues así de claro, Don Carlos. Y ahora todos vuelven a votar, veremos.

Publicat al Levante de Castelló, 18 de juny de 2016
de Juny de 2016

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