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| Ximo Puig i Mónica Oltra con la Asociación Víctimas del Metro de Valencia |
En su primera decisión como presidente de las Cortes Valencianas, -por cierto, el presidente más breve que se recuerda- Francesc Colomer hizo retirar el ágape que se había contratado para festejar el inicio de la nueva legislatura y ordenó que se llevara a un comedor social, al de la ‘Casa de la Caridad’ de Valencia; la prensa habló ese día de un ahorro cercano a los 17.000 euros. Pocos días después, en la que puede ser una de sus últimas decisiones como presidente de las Cortes Valencianas antes de pasar a ser conseller de Turismo sin consellería, Francesc Colomer se negó a firmar la compra de 99 teléfonos móviles de última generación para uso de los recién estrenados diputados; en total la prensa hablaba de un gasto de más de 64.000 euros. Es el signo de los nuevos tiempos, menos ágapes y menos gigas. Aunque tranquilos que sus señorías no van a quedar sin cobertura, ni alimentaria ni telefónica, por supuesto.
Ese mismo día el ex
president de la Generalitat José Luis Olivas declaraba ante el juez de
la Audiencia Nacional quien decretó su libertad con cargos y la obligación de comparecer
cada quince días en su Juzgado. Olivas había sido detenido por la Guardia Civil
en el marco de la ‘Operación Coral’ que investiga los préstamos presuntamente
irregulares que Bancaja otorgó a los empresarios alicantinos Juan Vicente
Ferri y José Salvador Baldól para proyectos inmobiliarios en el
Caribe mexicano y la Baja California cuando Olivas era máximo responsable de
Bancaja lo que pudo propiciar a la entidad financiera después intervenida con
dinero público unas pérdidas superiores a 200 millones de euros. Era el signo
de los viejos tiempos, todo para unos y unos para todo.
Nuevos tiempos y nuevos
signos. En esas está el nuevo Consell, en días de gestos y símbolos: Recibir cómo
se merecen a las víctimas del Metro para pedirles perdón o derogar el inhumano copago
a los dependientes. Mientras el viejo Consell ya cesado se reincorpora a la
vida civil. Alberto Fabra, por ejemplo, demuestra que anda muy pendiente
de ver cómo se quedará lo suyo y anuncia que se acoge al estatuto de ex president
que le da derecho a despacho, al coche oficial con su chófer incluido, a la escolta, y a mantener a la pareja… de asesores,
me refiero. Todo ello pese a que el mes que viene hará efectivo su desembarco
en Madrid para cumplir con la tradición de acabar sus días en el cómodo Senado
de España, como debe ser. Una prebenda que aunque el PP diga lo contrario no
han aceptado todos los ex presidentes que de la Generalitat han sido: Joan
Lerma renunció a ella cuando también se fue a Madrid y Olivas cuando pasó
a presidir Bancaixa. Eso sí, Fabra
renuncia a su puesto en el Consell Jurídic Consultiu –a todo no se puede
llegar- donde su antecesor Francisco Camps percibe una nómina anual de unos
57.000 euros. Más de los viejos tiempos, esos que estos nuevos harán bien en
llevarse por delante.
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| La nota que esperó 20 años en el palau de la Generalitat |
La semana de la transición
en el gobierno de la Generalitat Valenciana ha dejado imágenes para la historia
con la masiva entrada de Ximo Puig en el Palau de la Generalitat donde,
por cierto, otro morellano Andreu Ferrer, hoy nuevo Secretario Autonómico
de Presidencia, encontró aquel papel con la palabra Tornarem que habían escondido hace veinte años cuando dejaron el
despacho del Jefe de Gabinete de Lerma. Allí estaba tal y como les conté la
semana pasada.
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| Isabel Bonig, Mónica Oltra y Mª José Salvador |
Dos días después vimos la
imagen con más morbo, político por supuesto: la de dos ilustres vallleras
condenadas a no entenderse nunca. Isabel Bonig y María José Salvador,
dándose el relevo en la Consellería de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración
del Territorio bajo la supervisión de la omnipresente Mònica Oltra y con
la consellera saliente mucho más dada a la sonrisa… tal vez por el alivio de lo
que le quitaban de encima. Los otros dos diputados castellonenses en el nuevo Consell,
el presidente Ximo Puig y el nacionalista Vicent Marzà, ya se habían sentado juntos unos días antes durante un par de largas horas sin Mónica Oltra de
testigo y sin intimidad ninguna. Fue casualidad. El calendario y el protocolo les
hicieron coincidir en el salón de plenos del Ayuntamiento de Castelló en la
toma de posesión de la nueva corporación y hasta donde yo sé para nada hablaron
de la posibilidad que ahora se ha dado de poder llegar a compartir gobierno. Pero
a diferencia de lo que pasa entre Salvador y Bonig, Puig y Marzà no sólo están condenados
a entenderse, además van a estar encantados de hacerlo.
Por cierto que algunos
quisieron encontrar en la cuenta de tuitter del nuevo conseller de Educación,
Cultura y Deporte, una versión fet a
València de la cacería que le costó el puesto al concejal madrileño Guillermo
Zapata por unos chistes que ahora la Justicia ha decretado que no son
delictivos. Pero no pudo ser. A fuerza de tanto rebuscar y de nada encontrar, sólo
pudieron echar mano del socorrido separatismo catalán para titular que “El consejero de Educación de Puig tuiteó a
favor de la independencia. Marzà tuvo su cuenta cerrada 48 horas supuestamente
para borrar tuits”, según leímos en el diario ‘La Razón’. Sobra lo de
supuestamente: Verdaderamente estos chicos de la derecha mediática son
inquebrantables al desaliento…
Publicat al Levante de Castelló el 04 de Juliol de 2015
Publicat al Levante de Castelló el 04 de Juliol de 2015



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