viernes, 3 de julio de 2015

Días de gestos y símbolos


Ximo Puig i Mónica Oltra con la Asociación Víctimas del Metro de Valencia



En su primera decisión como presidente de las Cortes Valencianas, -por cierto, el presidente más breve que se recuerda- Francesc Colomer hizo retirar el ágape que se había contratado para festejar el inicio de la nueva legislatura y ordenó que se llevara a un comedor social, al de la ‘Casa de la Caridad’ de Valencia; la prensa habló ese día de un ahorro cercano a los 17.000 euros. Pocos días después, en la que puede ser una de sus últimas decisiones como presidente de las Cortes Valencianas antes de pasar a ser conseller de Turismo sin consellería, Francesc Colomer se negó a firmar la compra de 99 teléfonos móviles de última generación para uso de los recién estrenados diputados; en total la prensa hablaba de un gasto de más de 64.000 euros. Es el signo de los nuevos tiempos, menos ágapes y menos gigas. Aunque tranquilos que sus señorías no van a quedar sin cobertura, ni alimentaria ni telefónica, por supuesto.
Ese mismo día el ex president de la Generalitat José Luis Olivas declaraba ante el juez de la Audiencia Nacional quien decretó su libertad con cargos y la obligación de comparecer cada quince días en su Juzgado. Olivas había sido detenido por la Guardia Civil en el marco de la ‘Operación Coral’ que investiga los préstamos presuntamente irregulares que Bancaja otorgó a los empresarios alicantinos Juan Vicente Ferri y José Salvador Baldól para proyectos inmobiliarios en el Caribe mexicano y la Baja California cuando Olivas era máximo responsable de Bancaja lo que pudo propiciar a la entidad financiera después intervenida con dinero público unas pérdidas superiores a 200 millones de euros. Era el signo de los viejos tiempos, todo para unos y unos para todo.
Nuevos tiempos y nuevos signos. En esas está el nuevo Consell, en días de gestos y símbolos: Recibir cómo se merecen a las víctimas del Metro para pedirles perdón o derogar el inhumano copago a los dependientes. Mientras el viejo Consell ya cesado se reincorpora a la vida civil. Alberto Fabra, por ejemplo, demuestra que anda muy pendiente de ver cómo se quedará lo suyo y anuncia que se acoge al estatuto de ex president que le da derecho a despacho, al coche oficial con su chófer incluido, a la escolta,  y a mantener a la pareja… de asesores, me refiero. Todo ello pese a que el mes que viene hará efectivo su desembarco en Madrid para cumplir con la tradición de acabar sus días en el cómodo Senado de España, como debe ser. Una prebenda que aunque el PP diga lo contrario no han aceptado todos los ex presidentes que de la Generalitat han sido: Joan Lerma renunció a ella cuando también se fue a Madrid y Olivas cuando pasó a  presidir Bancaixa. Eso sí, Fabra renuncia a su puesto en el Consell Jurídic Consultiu –a todo no se puede llegar- donde su antecesor Francisco Camps percibe una nómina anual de unos 57.000 euros. Más de los viejos tiempos, esos que estos nuevos harán bien en llevarse por delante.

La nota que esperó 20 años en el palau de la Generalitat
La semana de la transición en el gobierno de la Generalitat Valenciana ha dejado imágenes para la historia con la masiva entrada de Ximo Puig en el Palau de la Generalitat donde, por cierto, otro morellano Andreu Ferrer, hoy nuevo Secretario Autonómico de Presidencia, encontró aquel papel con la palabra Tornarem que habían escondido hace veinte años cuando dejaron el despacho del Jefe de Gabinete de Lerma. Allí estaba tal y como les conté la semana pasada. 


Isabel Bonig, Mónica Oltra y Mª José Salvador
Dos días después vimos la imagen con más morbo, político por supuesto:  la de dos ilustres vallleras condenadas a no entenderse nunca. Isabel Bonig y María José Salvador, dándose el relevo en la Consellería de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración del Territorio bajo la supervisión de la omnipresente Mònica Oltra y con la consellera saliente mucho más dada a la sonrisa… tal vez por el alivio de lo que le quitaban de encima. Los otros dos diputados castellonenses en el nuevo Consell, el presidente Ximo Puig y el nacionalista Vicent Marzà, ya se habían sentado juntos unos días antes durante un par de largas horas sin Mónica Oltra de testigo y sin intimidad ninguna. Fue casualidad. El calendario y el protocolo les hicieron coincidir en el salón de plenos del Ayuntamiento de Castelló en la toma de posesión de la nueva corporación y hasta donde yo sé para nada hablaron de la posibilidad que ahora se ha dado de poder llegar a compartir gobierno. Pero a diferencia de lo que pasa entre Salvador y Bonig, Puig y Marzà no sólo están condenados a entenderse, además van a estar encantados de hacerlo.

Por cierto que algunos quisieron encontrar en la cuenta de tuitter del nuevo conseller de Educación, Cultura y Deporte, una versión fet a València de la cacería que le costó el puesto al concejal madrileño Guillermo Zapata por unos chistes que ahora la Justicia ha decretado que no son delictivos. Pero no pudo ser. A fuerza de tanto rebuscar y de nada encontrar, sólo pudieron echar mano del socorrido separatismo catalán para titular que “El consejero de Educación de Puig tuiteó a favor de la independencia. Marzà tuvo su cuenta cerrada 48 horas supuestamente para borrar tuits”, según leímos en el diario ‘La Razón’. Sobra lo de supuestamente: Verdaderamente estos chicos de la derecha mediática son inquebrantables al desaliento…

Publicat al Levante de Castelló el 04 de Juliol de 2015

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