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| El nuevo President no lo tendrá fácil para poder arreglarlo. |
El presidente Ximo Puig
se cansó de decir en la pasada campaña electoral que su objetivo es hacer del
País Valencià la Finlandia del sur. Un reto que se antoja más difícil todavía
si, como es el caso, la comunidad que preside Puig parte de una realidad
incontestable: estamos mucho más cerca de ser la Grecia española que la
Finlandia mediterránea. Es lo que hay.
El pasado martes un
informe de la dirección general de Política Regional y Urbana de la Comisión
Europea alertaba de una
realidad incontestable: la Comunitat Valenciana, -la misma que hace unos meses
organizaba a bombo y platillo la Copa América de vela, carreras urbanas de Fórmula
1, o los Màster de Golf en Borriol-, se aleja de la convergencia europea al
mismo ritmo que lo está haciendo Grecia. Estamos en el furgón de cola en los
principales indicadores que marcan el nivel de desarrollo de las distintas
regiones europeas: Empleo, Investigación y Desarrollo, Cambio Climático y
Sostenibilidad, Educación, y Lucha contra la pobreza y exclusión social. En el
global de esos parámetros la brecha entre el País Valencià y la media de las
regiones europeas se abre en más de diez puntos. En España tan sólo la ciudad
autónoma de Ceuta está en la misma situación que la otrora feliz Comunitat
Valenciana y en el resto de Europa compartimos ranking con diez regiones
griegas y los estados de Chipre y Malta.
Es la situación en que nos
han dejado los veinte años de despilfarros y los saqueos auspiciados, o al menos
consentidos, desde los gobiernos populares en la Generalitat Valenciana. Eso y,
por supuesto, la secular discriminación financiera a que nos han sometido los
sucesivos gobiernos de España con socialistas y populares al frente. En este caso
si que se ha revelado cierta esa cantinela que tanto molesta a los socialistas
de que PP y PSOE “la misma cosa son”… el mismo caso han hecho a la justa
reivindicación de los valencianos.
Justa aunque no siempre
suficientemente defendida en Madrid. Al menos por los gobiernos populares que
nunca plantaron cara en el Congreso de los Diputados ni en La Moncloa, ni
siquiera en la intimidad de su partido a sus compañeros ministros. La sumisión
de Zaplana, Camps y Fabra a la hora de no exigir lo que
nos corresponde, y sus desmanes a la hora de gestionar lo poco o mucho de que
disponían, han traído estos lodos. Tanto enlodaron su acción de gobierno que
Europa ha condenando al gobierno de España a pagar una multa de 19 millones de
euros por las facturas que la Generalitat escondió para maquillar su déficit y
que deberá pagar el nuevo Consell. Es la herencia Fabra. Un barrizal del que
Puig y sus socios de Compromís van a tener que salir -sí o sí- si pretenden cumplir
con su programa de gobierno y sus compromisos electorales. Sin el cambio del
modelo que propicie una financiación justa no hay escapatoria posible: la deuda
de 40.000 millones de euros que arrastra la Comunitat Valenciana nos acerca más
Grecia que a Helsinki… por seguir con el modelo finlandés que tanto gusta al president y con la realidad griega que
tan de moda está estos días.
Mariano Rajoy anda crecido. El
presidente del gobierno no puede –ni quiere- ocultar su satisfacción al ver
cómo le ha ido a su ‘colega’ Alexis Tsirpas. El duro trágala a que se ha
visto obligado el presidente griego es considerado como una victoria propia en
la medida en que puede servirle a sus intereses electorales: el caos en Grecia,
y la posible caída del gobierno de la radical Syriza, puede frenar el temido ascenso
de Podemos. Ese es su miedo y combatirlo es su objetivo: cuanto peor le vaya al
pueblo griego más dudas tendrá el pueblo español en dar su voto a quienes se
han identificado como la franquicia española de Syriza. El “espera Alexis” que Pablo Iglesias
lanzó en público a Tsipras demuestra esa complicidad. Una frase que, por
cierto, recuerda mucho a ese otro “Luís
se fuerte” que Rajoy escribió en privado a su entonces amigo Bárcenas,
el mismo al que ahora deniega su retorno a la nómina de trabajadores del PP.
El presidente del gobierno
de España se ha destapado como uno de los más entusiastas voceros del “Leña al griego hasta que pague” que la
canciller Angela Merkel y el resto de integristas financieros han
puesto en marcha. Tanto se ha venido arriba Mariano Rajoy que en un ataque de
democracia parlamentaria sin precedentes anuncia que llevará al Congreso el
acuerdo sobre Grecia para que sus señorías se pronuncien y, por boca de ellos,
los ciudadanos que les votaron. Resulta curioso: los españoles –al menos sus
representantes- van a poder pronunciarse sobre el rescate a Grecia cuando en su
día, aquel verano de 2011, no pudieron decidir sobre el rescate a España que Zapatero
y Rajoy pactaron a solas al
modificar el artículo 135 de la Constitución para calmar a los mercados, al
Banco Central Europeo y al eje franco-alemán.
Menos mal que esa campaña
de “leña al griego hasta que pague” no se hace extensiva al resto de administraciones
europeas morosas… nosaltres, els
valencians, también formamos parte de ese club. Del de los morosos, digo. Incluso
escondimos facturas y falsificamos déficits como también hicieron los gobiernos
griegos.
Lo dicho, más Grecia que
Finlandia. Mas cerca.
Publicat al Levante de Castelló el 18 de Juliol de 2015
Publicat al Levante de Castelló el 18 de Juliol de 2015

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