lunes, 12 de septiembre de 2016

Sucedió en Argente


Exhumación de la fosa común en Argente (Diario de Teruel)

Argente es un pueblo de poco más de 200 habitantes, muy pocos más, ubicado justo en el centro geográfico de la provincia de Teruel. Argente, como Teruel, existe y es el pueblo de mi padre lo cual le confiere, sin duda, una notoriedad que ya quisieran para sí el resto de municipios de España. Pero bueno, acepto que esa es una verdad cuanto menos discutible. Otras no. Por ejemplo, Argente no es un pueblo blanco de esos a los que cantó Joan Manuel Serrat; pero es un pueblo de esos en los que nunca pasa nada o, como contó mucho mejor Serrat, un pueblo de esos en los que “por no pasar, no paso ni la guerra”. O eso tenía yo entendido.

En la memoria oral transmitida en conversaciones con la familia del padre nunca se habló mucho de la guerra civil. Decían los viejos de Argente que “aquí apenas si hubo tiros”, que a veces llegaban los milicianos por la mañana y las tropas franquistas por la noche “para no dejarnos en paz ni los unos ni otros”.  Contaban que el frente se  quedó estancado en la cercana Sierra Palomera y en algunas trincheras que hoy son visitables en pueblos vecinos como Singra o Rubielos de la Cérida. Poca cosa más. Pero sí pasaron cosas en Argente. Pasó, al menos, una pequeña historia que quiero contribuir a que no quede en el olvido y que conocí este mes de agosto en la visita de cada verano al pueblo. Esta vez ya sin la compañía del padre.

A muy pocos kilómetros de Argente, en la carretera de Bueña y en una vieja paridera abandonada a la altura de la Loma Alta, se ha desenterrado la última fosa de la guerra civil que se ha exhumado en España. Contenía dos esqueletos y uno de los ellos se sabe que es el de Lorenzo Martínez Esteban, un vecino de Alfambra a quien ejecutaron en ese mismo lugar el 10 de agosto de 1936. Sus restos se han llevado a Madrid, al anatómico forense, aunque se sabe con absoluta certeza que son los de Lorenzo. De hecho su mujer Facunda y su hija mayor Humildad lo supieron siempre: Ya al día siguiente de su muerte sabían donde estaba enterrado Lorenzo porque  un pastor que oyó los disparos y lo vio todo lo contó en el pueblo esa misma tarde. Otro vecino de Argente, de nombre Pelegrín y amigo de la familia, acudió de noche a la paridera y enterró los cadáveres para que no los devoraran las alimañas. Pelegrín marcó el lugar con dos cruces hoy apenas visibles que gravó sobre las piedras de la pared de la cabaña… y se llevó el cinturón y la cartera de Martínez para entregárselos a la viuda.

La familia de Lorenzo vivía en Camañas, un pueblo vecino, donde era teniente de alcalde. De allí se lo llevaron unas gentes esa misma mañana mientras trabajaba sus tierras. De allí, tras recibir la noticia de la muerte de su esposo, y tras recoger el cinturón y la cartera, se tuvieron que marchar la viuda y sus hijos porque les hicieron la vida imposible. Al término de la guerra regresaron a Camañas pero la situación fue a peor: Eran perdedoras y además del padre y esposo habían perdido también la casa y la tierras. Empezaron una nueva vida en Cuevas Labradas, otro exilio cercano. Humildad, se casó y se instaló en Alfambra, regresando así al pueblo de su padre. Le contó a su hija, la nieta de Lorenzo, donde estaban los restos del abuelo y le pidió que si algún día podía recuperar su cuerpo lo enterrara junto a ella.

Humildad murió hace cinco años y la familia empezó entonces las gestiones para recuperar el cadáver de Lorenzo con la colaboración de la “Asociación Pozos de Caudé”. No ha sido una tarea fácil. En el bar de la piscina de Argente, que otra cosa no pero piscina si que hay en Argente, pude leer el Diario de Teruel donde se señalaba que “A pesar de que la Administración central no cumple con lo establecido por la Ley de Memoria Histórica y ha eliminado la financiación para las exhumaciones, la voluntad de numerosas personas y el empeño de la Asociación Pozos de Caudé ha permitido recuperar a estas dos víctimas de la represión para cerrar un proceso y dignificar a quienes fueron asesinados por ser servidores públicos elegidos democráticamente, como lo fue el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Camañas Lorenzo Martínez Esteban”
La familia de Humildad ha podido cumplir con su última voluntad. Han encontrado al abuelo a quien habían recordado durante todos estos años sin necesidad de percibir subvención alguna como miserablemente les acusó el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Rafael Hernando. Una acusación que retrata a quien fue capaz de pronunciarla desde la mezquindad y el desprecio que caracterizan al personaje.

Pese a haber ratificado todas las resoluciones y convenciones sobre desaparecidos que se han planteado en la Asamblea de la ONU, España sigue siendo el segundo país del mundo con mayor número de desparecidos sólo superado por Camboya. Según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, 114.226 hombres y mujeres permanecen en fosas comunes, “algunas con más de mil personas dentro, sin haber sido identificados y enterrados dignamente por sus familias".... Heridas que se abrieron en aquella guerra civil y que, incomprensiblemente, no se han cerrado con esta democracia. ¿Hasta cuando?

A día de hoy se desconoce la identidad del otro esqueleto enterrado en Argente, el pueblo de mi padre, en una fosa común encontrada junto a una paridera abandonada situada en la carretera de Bueña, a la altura de la Loma Alta. Nadie lo reclama... Y sí, pasó en Argente.

Publicat al Levante de Castelló, 10 de setembre de 2016

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