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| Exhumación de la fosa común en Argente (Diario de Teruel) |
Argente es un pueblo de poco más de 200 habitantes,
muy pocos más, ubicado justo en el centro geográfico de la provincia de Teruel.
Argente, como Teruel, existe y es el pueblo de mi padre lo cual le confiere,
sin duda, una notoriedad que ya quisieran para sí el resto de municipios de
España. Pero bueno, acepto que esa es una verdad cuanto menos discutible. Otras
no. Por ejemplo, Argente no es un pueblo blanco de esos a los que cantó Joan
Manuel Serrat; pero es un pueblo de esos en los que nunca pasa nada o, como
contó mucho mejor Serrat, un pueblo de esos en los que “por no pasar, no
paso ni la guerra”. O eso tenía yo entendido.
En la memoria oral transmitida en conversaciones con
la familia del padre nunca se habló mucho de la guerra civil. Decían los viejos
de Argente que “aquí apenas si hubo tiros”, que a veces llegaban los milicianos
por la mañana y las tropas franquistas por la noche “para no dejarnos en paz ni
los unos ni otros”. Contaban que el
frente se quedó estancado en la cercana
Sierra Palomera y en algunas trincheras que hoy son visitables en pueblos
vecinos como Singra o Rubielos de la Cérida. Poca cosa más. Pero sí pasaron
cosas en Argente. Pasó, al menos, una pequeña historia que quiero contribuir a
que no quede en el olvido y que conocí este mes de agosto en la visita de cada
verano al pueblo. Esta vez ya sin la compañía del padre.
A muy pocos kilómetros de Argente, en la carretera
de Bueña y en una vieja paridera abandonada a la altura de la Loma Alta, se ha
desenterrado la última fosa de la guerra civil que se ha exhumado en España.
Contenía dos esqueletos y uno de los ellos se sabe que es el de Lorenzo
Martínez Esteban, un vecino de Alfambra a quien ejecutaron en ese mismo
lugar el 10 de agosto de 1936. Sus restos se han llevado a Madrid, al anatómico
forense, aunque se sabe con absoluta certeza que son los de Lorenzo. De hecho
su mujer Facunda y su hija mayor Humildad lo supieron siempre: Ya
al día siguiente de su muerte sabían donde estaba enterrado Lorenzo porque un pastor que oyó los disparos y lo vio todo
lo contó en el pueblo esa misma tarde. Otro vecino de Argente, de nombre Pelegrín
y amigo de la familia, acudió de noche a la paridera y enterró los
cadáveres para que no los devoraran las alimañas. Pelegrín marcó el lugar con
dos cruces hoy apenas visibles que gravó sobre las piedras de la pared de la
cabaña… y se llevó el cinturón y la cartera de Martínez para entregárselos a la
viuda.
La familia de Lorenzo vivía en Camañas, un pueblo
vecino, donde era teniente de alcalde. De allí se lo llevaron unas gentes esa
misma mañana mientras trabajaba sus tierras. De allí, tras recibir la noticia
de la muerte de su esposo, y tras recoger el cinturón y la cartera, se tuvieron
que marchar la viuda y sus hijos porque les hicieron la vida imposible. Al
término de la guerra regresaron a Camañas pero la situación fue a peor: Eran
perdedoras y además del padre y esposo habían perdido también la casa y la
tierras. Empezaron una nueva vida en Cuevas Labradas, otro exilio cercano.
Humildad, se casó y se instaló en Alfambra, regresando así al pueblo de su
padre. Le contó a su hija, la nieta de Lorenzo, donde estaban los restos del
abuelo y le pidió que si algún día podía recuperar su cuerpo lo enterrara junto
a ella.
Humildad murió hace cinco años y la familia empezó entonces las
gestiones para recuperar el cadáver de Lorenzo con la colaboración de la
“Asociación Pozos de Caudé”. No ha sido una tarea fácil. En el bar de la piscina
de Argente, que otra cosa no pero piscina si que hay en Argente, pude leer el
Diario de Teruel donde se señalaba que “A pesar de que la Administración
central no cumple con lo establecido por la Ley de Memoria Histórica y ha eliminado
la financiación para las exhumaciones, la voluntad de numerosas personas y el
empeño de la Asociación Pozos de Caudé ha permitido recuperar a estas dos
víctimas de la represión para cerrar un proceso y dignificar a quienes fueron
asesinados por ser servidores públicos elegidos democráticamente, como lo fue
el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Camañas Lorenzo Martínez Esteban”
La familia de Humildad ha podido cumplir con su
última voluntad. Han encontrado al abuelo a quien habían recordado durante
todos estos años sin necesidad de percibir subvención alguna como
miserablemente les acusó el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Rafael
Hernando. Una acusación que retrata a quien fue capaz de pronunciarla desde
la mezquindad y el desprecio que caracterizan al personaje.
Pese a haber ratificado todas las resoluciones y
convenciones sobre desaparecidos que se han planteado en la Asamblea de la ONU,
España sigue siendo el segundo país del mundo con mayor número de desparecidos
sólo superado por Camboya. Según la Asociación para la Recuperación de la
Memoria Histórica, 114.226 hombres y mujeres permanecen en fosas comunes,
“algunas con más de mil personas dentro, sin haber sido identificados y
enterrados dignamente por sus familias".... Heridas que se abrieron en
aquella guerra civil y que, incomprensiblemente, no se han cerrado con esta
democracia. ¿Hasta cuando?
A día de hoy se desconoce la identidad del otro
esqueleto enterrado en Argente, el pueblo de mi padre, en una fosa común
encontrada junto a una paridera abandonada situada en la carretera de Bueña, a
la altura de la Loma Alta. Nadie lo reclama... Y sí, pasó en Argente.
Publicat al Levante de Castelló, 10 de setembre de 2016
Publicat al Levante de Castelló, 10 de setembre de 2016

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