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| Rita Barberá en el senado (Foto: Europa Press) |
La
número tres ha pasado a ser la última de la lista, a quedar fuera. Rita
Barberá, la titular del
carnet número tres del PPCV, ya no milita en partido al que ingresó en 1976. Fue
antes de la refundación, en los tiempos de Alianza Popular, y cuentan que la
joven militante tuvo que superar las reticencias iniciales de Manuel Fraga a quien acabó ganando para
su causa cuando le prometió que haría del partido la primera fuerza política de
la Comunidad Valenciana. Lo logró y se ganó a pulso ser conocida como “La Jefa”.
Antes
tuvo otras nominaciones no menos curiosas. En 1973 fue designada 'Musa del
Humor' en la Olimpiada del Humor que por aquel entonces era una de las
actividades culturales más significadas organizadas por el ayuntamiento
franquista de la capital del Turia. Poca broma: el año anterior la designación
recayó en Natalia Figueroa unos meses antes de convertirse en esposa del
cantante Raphael. Leo en un perfil de Rita Barberá que ese año “el
Jefe de la Policía Municipal de Valencia, encargó al director de la Banda de
Música de la Policía que compusiera un pasodoble para la influyente hija de José Barberá”. Era su padre, un
prestigioso periodista que llegó a presidir durante 30 años la Asociación de la
Prensa de Valencia.
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| Musa del Humor en 1973 |
Rita
llevaba en la sangre el gusanillo de la prensa y el de la política. Licenciada
en Ciencias Políticas, Económicas y Empresariales por la Universidad de
Valencia y en Ciencias de la Información por la Universidad, realizó sus
prácticas de periodismo en Radio Valencia, donde acudió a cubrir la histórica
inauguración de la factoría Ford de Almusafes, antes de ser redactora de
tribunales (precisamente) y de urbanismo en el diario Levante. Fue entonces cuando cambió el periodismo por la política e
inició su meteórica carrera como candidata de AP a la presidencia de la
Generalitat Valenciana en las autonómicas de 1987 que ganó Joan Lerma. Sería su última derrota ante los socialistas. Cuatro
años después perdió las municipales ante Clementina
Ródenas pero su alianza con los
regionalistas de Unión Valenciana le dio la alcaldía. Eran otros tiempos y al
PP no le daba entonces por exigir que se dejara gobernar a la lista más votada
cómo suplicó la noche que Rita se llevó 'la hostia' que susurró a oídos
del president Fabra al comprobar que todo tiene su fin y que
veinticuatro años después una coalición de izquierdas le arrebataba la alcaldía
de Valencia, su alcaldía.
Por
encima de presidentes de la Generalitat (Zaplana,
Olivas, Camps y Fabra), o de
líderes provinciales con poder absoluto en sus feudos (el ‘otro’ Fabra, Rus y Ripoll), Rita fue el máximo referente del poder que el PP llegó a
acaparar en la Comunidad Valenciana. La amiga de Rajoy era ella y a ella paseó
Camps en un Ferrari azul en la foto que se convirtió en icono de los años de
vino y rosas; de mayorías absolutas en las urnas y, como se está sabiendo
ahora, de absoluta corrupción en las arcas públicas.
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| Camps al volante y Rita al lado |
Con
ella no hubo nunca término medio, tampoco en el adiós. El carrusel Rita giró
desde el minuto cero a un ritmo vertiginoso hasta el descarrilamiento final.
Aquella Musa del Humor acabó siendo la alcaldesa más votada de España. La
política mejor pagada será investigada por entregar dos billetes de 500 € y recibir
una transferencia de mil. “La Jefa” pasa de ser tan idolatrada por los suyos
cómo odiada por la oposición, a denostada (por los suyos) y señalada por todos
(por los suyos y por la oposición). Deja de ser “la mejor” cómo le gritó Rajoy
en una plaza de toros llena hasta la
bandera para tener que bajarse sola del AVE en la estación de Valencia
ya que nadie quería recibirla en la sede de la calle Génova. Ese tren pasó para
siempre y para Rajoy su amiga de ayer es hoy sólo “ruido”.
Rita
Barberá sufre estos días en sus carnes
los efectos de un ‘caloret’ que nada tiene que ver con aquel al que se refirió
cuando balbuceaba todo su poder de seducción desde las torres de Serrano para
invitarnos a una nueva edición de las fiestas josefinas en el Cap i Casal. Este de ahora es mucho
fuerte, más intenso. Ha pasado de aquel 'caloret' circunstancial al sofocón que
la tiene desparecida tras saberse que el Tribunal Supremo va a investigarla por
un presunto blanqueo de capitales relacionado con la financiación ilegal del PPCV.
No ha resistido la presión política y mediática de
los nuevos tiempos que corren en la política nacional y en algunos círculos de
su partido. Rita deja el PP por la puerta de servicio, la misma que utilizó al
abandonar el ayuntamiento de Valencia, para tomar aire y superar el sofocón. Lo
hará desde su escaño en el Senado donde se atrinchera para evitar la pena de
telediario de esos interminables paseíllos ante los tribunales de la ciudad en
la que no hace tanto tiraba masclests
y le componían pasodobles. La senadora territorial conserva el escaño que el PP
nacional no le reclama formalmente, más allá de manifestaciones puntuales de
algunos militantes, para poder mantener su condición de aforada y de 'forrada'
con su sueldo como senadora.
Tendrá como compañero al senador castellonense de
Compromís Carles Mulet, azote del PP allí donde tiene la oportunidad de
ejercer su acción política. También al representante de Bildu y a los
'secesionistas' catalanes. De nuevo el carrusel: Nadie pudo imaginar nunca nunca
que la mujer de rojo, acostumbrada a ocupar escaños de primera fila y a elegir
compañeros de fotos en los saraos de la F1 o la Copa América, apuraría sus días
en política agazapada junto a sus enemigos más acérrimos; esos a los que aún
considera “peligrosos separatistas” y a los que acusa de todos sus males..
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| Rita Barberá en su discurso sobre el "caloret" |
El partido que la idolatró durante décadas, el mismo
que la nombró senadora pese a su situación procesal, se sube al carro del
clamor institucional y le exige que devuelva un escaño fruto de una decisión
política de les Corts Valencianes y no de las urnas. No tienen otra: Isabel Bonig
tampoco está para muchos sofocones a propósito de la corrupción que asola a su
partido. O limpia a fondo o la limpian a ella, como le pasó a Alberto Fabra.
Pero Rita echa mano del cancionero popular que entonaba de pequeña para
contestar que “lo que se da (a Rita) ya
no se quita”. Y en esas estamos, intentando ganar esta última batalla
después de 'muerta', como El Cid en la conquista de Valencia. Eso da
seguro para un tercer pasodoble que podría pasar a musical de éxito si
finalmente “la Jefa” hace un Marcos Benavent y se convierte en la última
versión de aquella otra Rita La Cantaora.
Pero va a ser que no. La ganadora de la Olimpiada del Humor del 73 no da para tanto. ¿O sí?... Veremos si se detiene por fin el carrusel.
Pero va a ser que no. La ganadora de la Olimpiada del Humor del 73 no da para tanto. ¿O sí?... Veremos si se detiene por fin el carrusel.
Publicat al Levante de Castelló, 17 de setembre de 2016




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