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| Vicent Martí en la presentacion de Mónica Oltra. (Foto: EL MUNDO) |
En su página web se definen como
“la organización de debate de referencia en España” y nadie lo duda a tenor de
la frenética actividad que desarrollan y del curriculum de sus invitados. También
se definen como una iniciativa “de carácter privado, independiente y no partidista”
cuyo objetivo es promover “el debate y el diálogo a través de sus foros
abiertos, neutrales y plurales”. No les falta razón a los impulsores de
Nueva Economía Fórum: en su tribuna se ha desplegado la práctica totalidad del
abanico político, sindical, empresarial, y social de España. En su marca en la
Comunidad Valenciana, “Fórum Europa. Tribuna Mediterránea", también.
Tanto es así que en la presentación
de la conferencia de la Vicepresidenta del Consell, Mònica Oltra, se les
‘coló’ un peligroso y radical llaurador de l’Horta, Vicent Martí, cuyas
palabras en tan notable foro no han dejado a nadie indiferente. Y a algunos, al
parecer, les dejó enfadados. Tanto que los los organizadores se han visto en la
necesidad, quien sabe si en la obligación, de pedir perdón “por el inusual estilo y las palabras
utilizadas por el presentador… Entendemos que esas expresiones, que muchos de
los asistentes consideran insultantes y vejatorias, no son compatibles con la
misión y trayectoria de esta organización y sus actividades: ser un espacio de
encuentro y de debate plural, respetuoso en las divergencias y sereno”.
Respeto los argumentos que
expuso el presentador… tanto como los que en su nota de disculpa razonan los
organizadores, faltaría más. También la forma con que ambos los han expresado.
Ejercen su libertad de expresión y yo ese derecho fundamental se lo concedo por
igual a aquel que dice lo que me gusta oír como a quien argumenta justo todo lo
contrario. Es aquello que dijo Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu
derecho a expresarlo.” Y es ahí donde la nota de disculpa, en su redactado
final, deja cierto tufillo cuando señala que “las formas y expresiones usadas por el citado presentador no se justifican
en absoluto bajo el derecho a la libertad de expresión..” Pues sí, sí que
se justifican. Por supuesto. Porque en el caso de que hubieran sido realmente
“vejatorias e insultantes”, como se señala en otro párrafo de la nota, debería
ser la justicia y no la apreciación subjetiva de una parte quien lo sentenciara.
Otra cosa es que tan relevante
auditorio acostumbrado a departir con “Jefes
de Estado y de Gobierno, representantes de las Instituciones Europeas, agentes
sociales, relevantes actores del panorama económico, líderes de opinión, representantes
de la sociedad civil y de los medios de comunicación”, no estuviera preparado
para soportar los decibelios de un lenguaje más rudo y directo que el que
normalmente utiliza ese perfil de conferenciantes. Pero, claro, eso no se
supera pidiendo disculpas: Se cura, si acaso, haciendo lo posible para que ese otro
lenguaje que no gusta oír se haga más presente en los medios de comunicación y
en los foros de debate. Se trata de escuchar a todos, de compaginar tanto jefe
de estado y líder de opinión ‘políticamente correcto’ con la presencia de más
paisanos como Vicent Martí. Qué los hay.
Puestos a pedir perdón,
¿Por qué no hacerlo por haber dado la palabra a quienes han demostrado no
merecerla? Hay infinidad de casos: Francisco Granados, hoy en prisión
por sus andanzas en la trama Púnica, pontificaba contra la corrupción como
tertuliano de cabecera en varias televisiones. Rodrigo Rato, de quien
cada día se conoce un nuevo escándalo, ha sido invitado a los principales foros
de debate nacionales e internacionales y elevado a la categoría de Doctor
Honoris Causa por varias universidades. En sus años de presidente de la CEOE Gerardo
Díaz Ferrán, condenado a cinco años por los delitos de alzamiento de bienes,
blanqueo de capitales, concurso fraudulento, e integración en grupo criminal
fue conferenciante en cuentas tribunas tuvo a bien subirse. Etc.
Todos ellos hablaron con
mejor tono que Vicent Martí y nadie de quienes les escuchaban se pudieron
sentir ofendidos, seguro; pero ninguno de ellos, por supuesto, puede dar
lecciones al llaurador deslenguado.
Tampoco la mayoría de la selecta claque que los adulaba. No vaya a ser que
también en esto importen más las formas –siempre subjetivas en base a reglas
sociales y condicionamientos culturales- que el fondo de lo qué se dice… y se
hace.
Publicat al Levante de Castelló el 3 d'Octubre de 2015

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