viernes, 2 de octubre de 2015

El lenguaje y las formas


Vicent Martí en la presentacion de Mónica Oltra. (Foto: EL MUNDO)


En su página web se definen como “la organización de debate de referencia en España” y nadie lo duda a tenor de la frenética actividad que desarrollan y del curriculum de sus invitados. También se definen como una iniciativa “de carácter privado, independiente y no partidista” cuyo objetivo es promover “el debate y el diálogo a través de sus foros abiertos, neutrales y plurales”.  No les falta razón a los impulsores de Nueva Economía Fórum: en su tribuna se ha desplegado la práctica totalidad del abanico político, sindical, empresarial, y social de España. En su marca en la Comunidad Valenciana, “Fórum Europa. Tribuna Mediterránea", también.
Tanto es así que en la presentación de la conferencia de la Vicepresidenta del Consell, Mònica Oltra, se les ‘coló’ un peligroso y radical llaurador de l’Horta, Vicent Martí, cuyas palabras en tan notable foro no han dejado a nadie indiferente. Y a algunos, al parecer, les dejó enfadados. Tanto que los los organizadores se han visto en la necesidad, quien sabe si en la obligación, de pedir perdón por el inusual estilo y las palabras utilizadas por el presentador… Entendemos que esas expresiones, que muchos de los asistentes consideran insultantes y vejatorias, no son compatibles con la misión y trayectoria de esta organización y sus actividades: ser un espacio de encuentro y de debate plural, respetuoso en las divergencias y sereno”.
Respeto los argumentos que expuso el presentador… tanto como los que en su nota de disculpa razonan los organizadores, faltaría más. También la forma con que ambos los han expresado. Ejercen su libertad de expresión y yo ese derecho fundamental se lo concedo por igual a aquel que dice lo que me gusta oír como a quien argumenta justo todo lo contrario. Es aquello que dijo Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.” Y es ahí donde la nota de disculpa, en su redactado final, deja cierto tufillo cuando señala que “las formas y expresiones usadas por el citado presentador no se justifican en absoluto bajo el derecho a la libertad de expresión..” Pues sí, sí que se justifican. Por supuesto. Porque en el caso de que hubieran sido realmente “vejatorias e insultantes”, como se señala en otro párrafo de la nota, debería ser la justicia y no la apreciación subjetiva de una parte quien lo sentenciara.
Otra cosa es que tan relevante auditorio acostumbrado a departir con “Jefes de Estado y de Gobierno, representantes de las Instituciones Europeas, agentes sociales, relevantes actores del panorama económico, líderes de opinión, representantes de la sociedad civil y de los medios de comunicación”, no estuviera preparado para soportar los decibelios de un lenguaje más rudo y directo que el que normalmente utiliza ese perfil de conferenciantes. Pero, claro, eso no se supera pidiendo disculpas: Se cura, si acaso, haciendo lo posible para que ese otro lenguaje que no gusta oír se haga más presente en los medios de comunicación y en los foros de debate. Se trata de escuchar a todos, de compaginar tanto jefe de estado y líder de opinión ‘políticamente correcto’ con la presencia de más paisanos como Vicent Martí. Qué los hay.
Puestos a pedir perdón, ¿Por qué no hacerlo por haber dado la palabra a quienes han demostrado no merecerla? Hay infinidad de casos: Francisco Granados, hoy en prisión por sus andanzas en la trama Púnica, pontificaba contra la corrupción como tertuliano de cabecera en varias televisiones. Rodrigo Rato, de quien cada día se conoce un nuevo escándalo, ha sido invitado a los principales foros de debate nacionales e internacionales y elevado a la categoría de Doctor Honoris Causa por varias universidades. En sus años de presidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán, condenado a cinco años por los delitos de alzamiento de bienes, blanqueo de capitales, concurso fraudulento, e integración en grupo criminal fue conferenciante en cuentas tribunas tuvo a bien subirse. Etc.
Todos ellos hablaron con mejor tono que Vicent Martí y nadie de quienes les escuchaban se pudieron sentir ofendidos, seguro; pero ninguno de ellos, por supuesto, puede dar lecciones al llaurador deslenguado. Tampoco la mayoría de la selecta claque que los adulaba. No vaya a ser que también en esto importen más las formas –siempre subjetivas en base a reglas sociales y condicionamientos culturales- que el fondo de lo qué se dice… y se hace.



Publicat al Levante de Castelló el 3 d'Octubre de 2015

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