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| El primer avión comercial que aterriza en el aeropuerto de Castelló |
No hubo fiesta, pero sí
alegría y en algunos casos muy poco contenida. No era para menos: Cuatro años y
medio después de la pomposa inauguración del aeropuerto de Castellón aterrizó allí
el primer avión. Bueno, para ser más exactos, el primero con pasajeros más allá
del que Fernando Roig usa para mover a su equipo de futbol. Que esa era
la verdadera noticia: El aeropuerto deja de ser peatonal casi mil setecientos días
después de que los presidentes Francisco Camps y Carlos Fabra
cortaran a dúo la cinta. Y claro, en todo ese tiempo –que es mucho- han
cambiado muchas cosas. Por ejemplo: Camps ya no es nadie en el complejo ecosistema
político valenciano donde sobrevive de incógnito pero muy bien acomodado gracias
a su estatus de ex presidente. Y quien le acompañó en el corte de aquella esperpéntica
cinta ultima sus memorias en la celda 114 de la cárcel de Aranjuez donde cumple
condena por fraude fiscal y donde recibió la noticia de que su azote desde la
oposición, el socialista Francesc Colomer, blanco de sus insultos y descalificaciones,
preside hoy AEROCAS (la empresa que Fabra creó -y presidió- para gestionar a su
modo y manera un aeropuerto que siempre consideró suyo). Es un buen epílogo, o
una acertada moraleja, para cerrar las memorias de quien fue amo y señor de la
política provincial durante décadas.
Ni Camps, ni ninguno de
los dos Fabra, estuvieron invitados a la llegada del primer vuelo comercial. Una
jornada que transcurrió con normalidad, alejada de los fastos y los canapés de
aquella lejana y falsa inauguración. Todos llegaron bien, que era lo importante,
y todos se mostraron felices. Sobre todo un eufórico Javier Moliner que colgó en su cuenta de Facebook un video con el bautismo de agua
con el que sus bomberos recibieron en la pista al Boeing 737 y al que añadió un
mensaje: ¡Objetivo conseguido. ¡¡¡Enhorabuena provincia ¡¡¡ #CastellónDespega”.
Hombre, pues sí, se pueda entender la alegría del presidente, por supuesto;
pero se hace difícil compartir su euforia. Hablar de objetivo conseguido con sólo
cinco vuelos semanales parece un pelín
exagerado, a no ser que el objetivo a conseguir fuera que llegara ese primero
vuelo… Porque más allá de un deseo puntual en la red, lo realmente importante
es que ese eslogan se haga realidad y la provincia de Castelló acabe por
despegar. Y no sólo su aeropuerto, que también.
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| Post del presidente Moliner |
Para ello además de más
aviones hará falta la unidad de los partidos para defender ante Madrid una mejor
y más justa financiación que permita disponer de los recursos y las inversiones necesarias para
afrontar los retos de futuro que tiene planteados esta provincia: empleo,
infraestructuras, turismo, medio ambiente, competitividad, cambio de modelo
productivo, etc.. Cada euro de
menos que nos corresponde a los valencianos, también a los de Castelló, y que
no llegan a esta Comunidad es un freno para lograr tan deseado despegue. Cada euro
robado y no recuperado en los múltiples casos de corrupción, y cada euro que se
ha despilfarrado y dilapidado en obras inútiles, también. Hay quien piensa que
el aeropuerto de Castelló es una de ellas. Pero ahora ese es un debate inútil superado
por la realidad de una infraestructura que está operativa y que hay que empezar
a rentabilizar, social y económicamente. Cuanto más pronto mejor, para que no
siga siendo un pozo sin fondo para las maltrechas arcas de la Generalitat. Por
ejemplo, revisando los términos de la concesión a la empresa que lo explota para
saber sí, cómo apunta la Comisión Europea, el canon que el Consell de Alberto
Fabra acordó pagar a la concesionaria incumple las normativas comunitarias al
tratarse de una ayuda encubierta. La canadiense Lavalin invertirá siete
millones de euros en el mantenimiento de las instalaciones durante los 20 años
de la concesión, pero recibirá de la Generalitat 24,5 millones en los primeros
nueve años y no pagará ningún canon por su explotación mientras no supere la barrera
de 1,2 millones de pasajeros/año. Una cantidad que, en el mejor de los casos, no
prevé alcanzar hasta el año 2029.
Lo dicho, así va a costar
mucho despegar…


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