sábado, 13 de junio de 2015

Un nuevo ciclo


El nuevo Presidente de les Corts con los trabajadores de RTVV


El fin de ciclo en la política valenciana no podía escenificarse con más claridad. La misma semana en que los partidos de izquierda hacían política de la grande –con mayor o menor fortuna, es cierto- para alcanzar pactos de progreso en decenas de ayuntamientos, el PP vivía una más de sus semanas horribilis a propósito de los escándalos de corrupción que han jalonado su gestión en los últimos veinte años de gobierno absoluto en la comunidad.

Fueron tres días de vértigo y titulares en los que vimos al hasta hoy alcalde de Castelló, Alfonso Bataller, entrando a declarar en su coche oficial en el cuartel de la Guardia Civil imputado en la investigación por las fechorías de la trama Púnica. Veinticuatro horas después anunció su adiós definitivo de la política que hará efectivo el lunes: Bataller llegó a dedo y se marcha señalado. Lo deja entre sollozos presionado, dice, por una situación familiar insostenible y también, aunque no lo dice, por el acoso dentro de su partido. Javier Moliner ya intentó que no recogiera el acta de concejal y ayer mismo un compañero del grupo municipal me reconocía en la puerta del ayuntamiento que “ha querido jugar a ser político y no es un político, no sirve para esto. No se ha dejado aconsejar por los más veteranos y así le ha ido. Todo lo ha hecho mal en la campaña…”.
Quien no recogió el acta fue Rita Barberá. La eterna alcaldesa de Valencia no dio la cara en la hora del adiós y se despidió a la francesa de sus fieles votantes. Cómo pasó con su viejo Lancia, aparcado veinticuatro años en el parking municipal, abandonó el ayuntamiento por la puerta de atrás. No se atrevió a afrontar el mal trago que para ella debía representar tener que cederle la vara de mando al dimoni Joan Ribó. Es su forma de entender el juego democrático y la política, ella que llegó a la alcaldía sin ser también la fuerza más votada gracias al pacto con UV que apartó a la socialista Clementina Ródenas. A otra ex alcaldesa, Milagrosa Martínez, la vimos sentada en el banco de los acusados en el inicio del juicio por las fechorías de la trama Gürtel por la pieza Fitur. A quien no vimos fue a Rafael Blasco, pero sabemos que el ex conseller está y que el jueves recibió la notificación del Tribunal Supremo que le lleva a entrar en prisión el lunes para cumplir una condena de seis años y medio por el saqueo de fondos públicos destinados a la cooperación internacional. Robaron incluso a los más necesitados…
Así les fue a los populares en su última semana de mayorías absolutas y de coches oficiales tras décadas de poder absoluto en esta comunidad. Y pese a ello se les ve con la cara desencajada. Sin explicarse, dicen, porqué nadie les quiere como socios. Hablan de un frente anti PP, de todos contra ellos. No quieren entender que se trata de un necesario proceso de regeneración: la corrupción convirtió al PP en un producto tóxico que contaminó hasta la médula el frágil ecosistema de la política valenciana y ante eso no cabe otra cosa que el aislamiento. Se hace imprescindible un periodo de reparadora cuarentena.
Soplan otros aires fruto de la voluntad de cambio expresada en las urnas. En la sesión de constitución de IX legislatura de las Cortes Valencianas se vislumbró claramente esa realidad: Francesc Colomer, el diputado que en el ejercicio de su responsabilidad política recibió las vejaciones de Carlos Fabra, fue nombrado presidente de les Corts y quien le insultó sólo pudo verlo en alguna televisión desde la prisión donde cumple condena por defraudar al fisco. Todo un símbolo. Por cierto, hablando de televisión: el día siguiente a su toma de posesión Colomer estuvo con los trabajadores de RTVV que desde hace más de dos años se concentran los viernes ante el  Palau de la Generalitat. Otro símbolo. En la Mesa de les Corts que preside Colomer y donde están representados los cinco partidos presentes en la cámara no hay ninguna mujer para mayor vergüenza de todos ellos, de los cinco. Una desigualdad que creíamos ya superada. No es de recibo. Vale que costó mucho el acuerdo y fueron horas frenéticas de negociaciones, pero ni así.
Una paridad que estará garantizada en el próximo Consell que presidirá el morellano Ximo Puig. Ya estamos en el quién. Los partidos de izquierda que recibieron el mandato de conformar un gobierno de progreso han hecho los deberes. No cabía otra, no se podían frustrar tantas expectativas ni se podía defraudar a tanta gente. ¿Qué lo podían haber hecho mejor, sin tantas incertidumbres y sobre todo con muchos menos personalismos?... seguro que sí. Habrá que confiar en que ese proceso haya producido sólo heridas superficiales, fáciles de sanar; las otras, las profundas, dejan cicatrices que siempre quedan a la vista y por tanto en el recuerdo. En todo caso que sirva de lección cara al futuro si, como se anuncia, llega un nuevo tiempo que obligará a nuevo pactos y a más acuerdos. Hay que pasar esa página y abrir pronto las páginas de l’Acord del Botànic, el pacto de gobierno firmado por Ximo Puig, Mónica Oltra y Antonio Montiel. Es lo más urgente, dar respuesta a las necesidades de miles de valencianos. Es el verdadero examen que ha de superar este tripartito en el que se han depositado tantas esperanzas en este nuevo ciclo que hoy comienza. 

Publicat al Levante de Castelló el 13 de Juny de 2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario