![]() |
| El nuevo Presidente de les Corts con los trabajadores de RTVV |
El fin de ciclo en la
política valenciana no podía escenificarse con más claridad. La misma semana en
que los partidos de izquierda hacían política de la grande –con mayor o menor
fortuna, es cierto- para alcanzar pactos de progreso en decenas de
ayuntamientos, el PP vivía una más de sus semanas
horribilis a propósito de los escándalos de corrupción que han jalonado su
gestión en los últimos veinte años de gobierno absoluto en la comunidad.
Fueron tres días de
vértigo y titulares en los que vimos al hasta hoy alcalde de Castelló, Alfonso
Bataller, entrando a declarar en su coche oficial en el cuartel de la
Guardia Civil imputado en la investigación por las fechorías de la trama Púnica.
Veinticuatro horas después anunció su adiós definitivo de la política que hará
efectivo el lunes: Bataller llegó a dedo y se marcha señalado. Lo deja entre
sollozos presionado, dice, por una situación familiar insostenible y también,
aunque no lo dice, por el acoso dentro de su partido. Javier Moliner ya intentó
que no recogiera el acta de concejal y ayer mismo un compañero del grupo
municipal me reconocía en la puerta del ayuntamiento que “ha querido jugar a ser político y no es un político, no sirve para
esto. No se ha dejado aconsejar por los más veteranos y así le ha ido. Todo lo
ha hecho mal en la campaña…”.
Quien no recogió el acta
fue Rita Barberá. La eterna alcaldesa de Valencia no dio la cara en la
hora del adiós y se despidió a la francesa de sus fieles votantes. Cómo pasó
con su viejo Lancia, aparcado veinticuatro
años en el parking municipal, abandonó el ayuntamiento por la puerta de atrás.
No se atrevió a afrontar el mal trago que para ella debía representar tener que
cederle la vara de mando al dimoni Joan
Ribó. Es su forma de entender el juego democrático y la política, ella que
llegó a la alcaldía sin ser también la fuerza más votada gracias al pacto con
UV que apartó a la socialista Clementina Ródenas. A otra ex alcaldesa, Milagrosa
Martínez, la vimos sentada en el banco de los acusados en el inicio del
juicio por las fechorías de la trama Gürtel por la pieza Fitur. A quien no vimos fue a Rafael Blasco, pero sabemos
que el ex conseller está y que el jueves recibió la notificación del Tribunal Supremo
que le lleva a entrar en prisión el lunes para cumplir una condena de seis años
y medio por el saqueo de fondos públicos destinados a la cooperación
internacional. Robaron incluso a los más necesitados…
Así les fue a los
populares en su última semana de mayorías absolutas y de coches oficiales tras
décadas de poder absoluto en esta comunidad. Y pese a ello se les ve con la
cara desencajada. Sin explicarse, dicen, porqué nadie les quiere como socios. Hablan
de un frente anti PP, de todos contra ellos. No quieren entender que se trata
de un necesario proceso de regeneración: la corrupción convirtió al PP en un
producto tóxico que contaminó hasta la médula el frágil ecosistema de la
política valenciana y ante eso no cabe otra cosa que el aislamiento. Se hace
imprescindible un periodo de reparadora cuarentena.
Soplan otros aires fruto
de la voluntad de cambio expresada en las urnas. En la sesión de constitución
de IX legislatura de las Cortes Valencianas se vislumbró claramente esa
realidad: Francesc Colomer, el diputado que en el ejercicio de su
responsabilidad política recibió las vejaciones de Carlos Fabra, fue
nombrado presidente de les Corts y quien le insultó sólo pudo verlo en alguna
televisión desde la prisión donde cumple condena por defraudar al fisco. Todo
un símbolo. Por cierto, hablando de televisión: el día siguiente a su toma de
posesión Colomer estuvo con los trabajadores de RTVV que desde hace más de dos
años se concentran los viernes ante el
Palau de la Generalitat. Otro símbolo. En la Mesa de les Corts que
preside Colomer y donde están representados los cinco partidos presentes en la
cámara no hay ninguna mujer para mayor vergüenza de todos ellos, de los cinco.
Una desigualdad que creíamos ya superada. No es de recibo. Vale que costó mucho
el acuerdo y fueron horas frenéticas de negociaciones, pero ni así.
Una paridad que estará garantizada
en el próximo Consell que presidirá el morellano Ximo Puig. Ya estamos
en el quién. Los partidos de izquierda
que recibieron el mandato de conformar un gobierno de progreso han hecho los
deberes. No cabía otra, no se podían frustrar tantas expectativas ni se podía defraudar
a tanta gente. ¿Qué lo podían haber hecho mejor, sin tantas incertidumbres y
sobre todo con muchos menos personalismos?... seguro que sí. Habrá que confiar
en que ese proceso haya producido sólo heridas superficiales, fáciles de sanar;
las otras, las profundas, dejan cicatrices que siempre quedan a la vista y por
tanto en el recuerdo. En todo caso que sirva de lección cara al futuro si, como
se anuncia, llega un nuevo tiempo que obligará a nuevo pactos y a más acuerdos. Hay que pasar esa página y abrir pronto las páginas de l’Acord del Botànic, el pacto de
gobierno firmado por Ximo Puig, Mónica
Oltra y Antonio Montiel. Es lo
más urgente, dar respuesta a las necesidades de miles de valencianos. Es el
verdadero examen que ha de superar este tripartito en el que se han depositado
tantas esperanzas en este nuevo ciclo que hoy comienza.
Publicat al Levante de Castelló el 13 de Juny de 2015
Publicat al Levante de Castelló el 13 de Juny de 2015

No hay comentarios:
Publicar un comentario