viernes, 19 de junio de 2015

La prueba del algodón



Guillermo Zapata







Ni siquiera les han concedido cien de cortesía… y no hablo de días, sino de horas. La veda para la caza del cargo electo de Podemos, o de alguna de sus marcas ciudadanas, quedó abierta el día siguiente de tomar posesión y se ha cobrado una pieza en la persona del concejal Guillermo Zapata. Tras una exhaustiva revisión de la mochila tuitera que todo joven que se precie lleva consigo, al anónimo Zapata le encontraron una serie de chistes –de pésimo gusto, por cierto- que no han pasado la prueba del algodón de lo éticamente aceptable según el recto parecer de estos guardianes de la moral dominante. No importa ni el contexto en que fueron escritos ni el tiempo transcurrido: Para la derecha española y sus terminales mediáticas hay cosas que no prescriben nunca. Pero sobre todo hay causas que no se abandonan nunca.
Y esta es una de ‘sus’ causas. No me refiero a la condena del nazismo y a la defensa de las víctimas de todo tipo de terrorismo, de ello podrían hablar Pilar Manjón o los familiares de los represaliados en el franquismo, sino a la cruzada aún inconclusa que mantienen contra los que ayer calificaban de rojos bolcheviques y hoy de peligrosos radicales. Una expresión que les sirve para descalificar al independentista Artur Más, a los aficionados del Barça y del Atletic que silban el himno de España, o al vendepatrias de Pedro Sánchez que permite que Madrid caiga en manos del populismo bolivariano. No les calma siquiera que la socialdemocracia coincida con ellos en esta causa concreta y que el líder socialista en ese ayuntamiento se sumara al hooliganismo de quienes querían la cabeza de Zapata. Todo es poco, y nada es suficiente, para que éstos atrevidos y deslenguados paguen por sus pecados de juventud y por sus excesos en la red.
Los twuits, como las armas, los carga el diablo y los disparan los humanos. Gracias a eso sabemos que ciento cuarenta caracteres escritos hace cuatro años reflejan inequívocamente un perfil de persona no apta de por vida para representar a sus ciudadanos por mucho que éstos le voten. No hay reinserción posible. Así lo dictan estos apóstoles que predican, unos desde el púlpito de la política y otros desde los altares de las tertulias, su particular visión del bien y del mal. Resulta curioso comprobar qué alto ponen para los demás el listón de la responsabilidad quienes no ven la viga en el ojo propio: Se hace dimitir a un recién llegado por entrecomillar hace cuatro años unos pésimos ejemplos de humor negro y se perdona a quien lleva años pagando con dinero negro los sobresueldos de sus superiores ó la sede de su partido. Moraleja: En este país es más grave intentar hacer reír con según qué cosas que robar… para según qué gente, claro. La doble moral que demuestran tener algunos a propósito de los desafortunados chistes del bocazas Zapata es directamente proporcional a la bajeza moral que exhiben esos mismos cuando callan ante los bocazas propios.
Estos jóvenes de tuit irrespetuoso y de pasado reivindicativo saben ya a qué se enfrentan. La lupa de aumento es parte del peaje a pagar por perturbar el orden establecido, algo que el sistema no les va a perdona. Hasta que entren a formar parte de él, por supuesto. Mientras tanto no sólo van a tener que demostrar lo qué son desde ahora que son algo: Tendrán que rendir cuentas también por lo que fueron cuando no eran nada y ni tan siquiera soñaban con llegar a serlo. Una reválida que, seguro, no superarían muchos de sus examinadores y que para ellos será mucho más exigente. Entre otras cosas, es otra de las ‘culpas’ que habrán de purgar, porque éstos nuevos políticos que vienen de la calle o de la frustración por otras militancias han hecho de la exigencia para con los demás bandera de su autoproclamada excelencia: ellos venían a ser diferentes, a predicar el nuevo tiempo con su ejemplo de pureza, y a romper con los viejos usos. No sólo en temas de corrupción, que por supuesto. También en aspectos que tienen que ver con la ética, los modos y los compromisos. Con todos esos valores que según dicen no tiene la denostada ‘casta’ y que ellos garantizan por su renovada ‘pasta’. No, no va por ahí la cosa. Me refiero a esa nueva pasta de la que dicen que están hechos y que les diferencia de esa vieja casta a la que ni siquiera conceden el reconocimiento o la gratitud por el camino recorrido hasta aquí.

Ese listón lo han puesto ellos y esa altura es la que se les exige. Para mi es excesiva: los pecados veniales del pasado prescriben cuando la conducta en el presente los convierte en una mera anécdota. Sin duda es el caso del concejal Zapata. Pero también el de muchos otros políticos que militan en  partidos ‘tradicionales’ y que tampoco se merecen pasar esa otra prueba del algodón: No la de la limpieza de su historial de twuiter, sino la de su carnet.



Publicat al Levante de Castelló el 21 de Juny de 2015

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