domingo, 26 de abril de 2015

"Ellos" y nosotros



Un drama que no cesa, éste tuvo suerte y llegó vivo a una playa de Fuerteventura

Es este mar, el mismo tranquilo mar en el que miles de castellonenses nos bañamos cada año. Aunque aquí a nuestras playas no llegan nunca, ni vivos ni muertos. ‘Ellos’ no existen hasta que la televisión, que no las mareas, nos los acerca al comedor de casa; pero bueno… no es lo mismo: estamos muy acostumbrados a ver la muerte en la pequeña pantalla y apenas si nos inmutamos, incluso cuando no se trata de una ficción. Estos sí que son de verdad, pero los vemos por la tele y los vemos lejos, en otras costas, en la isla de Lampedusa, en Malta, en Rodas, etc. Sólo algunas veces han llegado a perturbar con su presencia la tranquilidad y el merecido descanso de algún sorprendido usuario en las playas en Fuerteventura o Tarifa. En todo caso, siempre tan lejos.
A fecha de hoy el drama de la muerte de miles de africanos en las aguas del Mediterráneo es la mayor –que no la única- de las vergüenzas colectivas que pesan sobre la conciencia de la vieja Europa. En eso sí que es vieja, a la hora de justificar su mala conciencia. Un continente que a lo largo de la historia ha aprendido muy bien a matarse entre sí. De hecho está pasando ahora mismo en Donetsk (Ucrania) donde los equipos españoles de fútbol iban a jugar hace sólo unos pocos meses. Y claro, si Europa ha aprendido tan bien a matar a los suyos, ¿Qué no hará con los foráneos? Por ejemplo a quienes intentan llegar hasta nosotros de forma ilegal: Pues eso, nada, la inacción más cruel. La mayoría de las veces simplemente dejamos que se los trague el mar y otras veces, en episodios puntuales de sinrazón como el de la playa del Tarajal de Ceuta, les disparamos pelotas de goma hasta que el susto y el cansancio hacen que 15 de ellos se ahoguen a escasos metros de la costa. También les ponemos concertinas -que aunque suene a música son afiladas cuchillas-  en las vallas pensando que los profundos cortes ó los palos de la gendarmería marroquí van a lograr disuadirlos. A ellos, que huyen de una muerte mucho más segura y en todo caso de una vida mucho más cruel. ¿Miedo? Sí, por supuesto… pero a quedarse allí, no a morir en el intento de alcanzar una vida digna. 

La valla en Melilla
Los europeos somos así, y no sólo los españoles: dejamos morir en el agua a miles de africanos anónimos sin importarnos quien les llevó a esa muerte y nos ponemos tremendos –no digo yo que no sin motivos- cuando es uno de los nuestros, un joven piloto alemán de sólida formación, quien estrella un avión en las montañas de los Alpes. Allí son ‘nuestros’ los que mueren y en ese caso, como pasa con el terrorismo, los gobiernos y las agencias de seguridad revisan protocolos y si es necesario legislan aunque sea a ritmo de presión mediática. Cuando son “ellos” los que mueren todo cambia. La presión dura lo que tarda en llegar el próximo drama, el hundimiento del siguiente barco. Entonces las organizaciones humanitarias y las autoridades locales que se ven impotentes ante tanta avalancha vuelven a poner el grito en el cielo y eso funciona en el corto plazo. Grandes pronunciamientos, nuevos pésames, los mismos enviados especiales de siempre para cubrir la misma noticia de siempre, etc. En la práctica nadie hace nada por evitar que se repitan las escenas de las bolsas de plástico cerradas junto a esos jóvenes de rostro desencajado que dan gracias a Dios por haberse salvado.
Somos parte del problema y estamos obligados a ser parte activa en la solución. Mucha culpa de lo que hoy es África la tienen los países que en el siglo pasado saquearon ese continente desde Trípoli hasta Ciudad del Cabo y luego la abandonaron a su suerte dejando gobiernos corruptos y déspotas al servicio de unas metrópolis que siguen vaciando sus recursos. “Ellos” si que pueden hablar de herencia recibida, tanto como de herencia sustraída. Tenemos una deuda pendiente y debemos satisfacerla para cerrar de una vez las heridas que dejó el colonialismo y la explotación. No sólo se trata de evitar que se ahoguen en el mar –que también- y de dar un cobijo digno a quienes logran llegar tal y como dictan la moral… y las leyes. Hay que dar un paso más: Si el verdadero problema está en África, la verdadera solución debe darse allí. 
No quieren venir para ver en directo el Barça-Bayern de la semifinal de Champions, que ya lo pueden ver en sus poblados o aldeas, quieren venir para no ser asesinados en Libia, para no ser mascarados en Eritrea, para no morir de hambre en Mali, para no ser quemados vivos en Nigeria, para no acabar de niños soldados en Sierra Leona, para no seguir siendo esclavos en Mauritania, para no morir de ébola en Liberia, etc. El año pasado estuve en África y en un país, Camerún, no expuesto a ninguna de las tragedias antes señaladas y aún así pude entender que no hay valla tan alta ni mar tan fiero que les pueda frenar. Los gobiernos europeos se vuelven a equivocar. Se comprometen a un nuevo ‘esfuerzo’ para triplicar los fondos destinados a la vigilancia en las  fronteras y al rescate en el mar. Van a ser 9 millones de euros al mes, que es una pasta.                                                                                                
Pero mucho me temo que ese dinero también se lo va a tragar el Mediterráneo… como se los traga a “ellos”.

Publicat al Levante de Castelló el 25 d'Abril de 2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario