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| El scalextric de Almazora sigue cerrado |
Pasó la Semana Santa, pero
sigue la Pasión. Lo es al menos para los miles de conductores que a diario sufren
la sinrazón de la extraña orfandad en que se ha visto sumido el scalextric que comunica la N-340 con
Almassora y los muchos usuarios que lo utilizan como entrada sur a Castelló.
Los lectores de aquí, la mayoría, saben de que hablo. Una infraestructura que
lleva más de un mes inutilizada. Y todo debido, en gran parte, a la ineptitud de
unos políticos incapaces no de solucionar un problema técnico, que también
porque eso todavía no está resuelto, sino de afrontar un tema a priori mucho
más fácil de subsanar: sentarse en una mesa y hacer aquello para lo que fueron
elegidos, solucionar los problemas de
sus administrados y facilitar la calidad de vida de los mismos.
Seis semanas han tardado
las cuatro administraciones implicadas –gobierno central, ayuntamientos de
Castelló y Almassora, y Generalitat Valenciana- en encontrar un hueco en sus
apretadas agendas para reunirse a hablar del tema. Una vez más es una cuestión
de prioridades, esas que siempre arrojan luz para visualizar claramente los asuntos
que realmente son de interés para los responsables políticos. Y en el caso que
nos ocupa resulta evidente que no les importa mucho, más bien nada. Incluso
desde mucho antes de éste último incidente. El estado de semiabandono y el
deterioro en que se encontraba una infraestructura utilizada por miles de
vehículos demuestra que las administraciones pasaban de él desde hace unos cuantos años. Tras el último accidente
sufrido por un camión se limitaron a poner unos conos, a cerrarlo, y sobre todo
a discutir sobre quien era su propietario. Imagino que para no tener que
afrontar los gastos de su reparación y su puesta en servicio. De nuevo las
prioridades y las responsabilidades, esa que se han querido quitar de encima
unos y otros. Es un extraño caso de obra pública huérfana de padrino
político, algo realmente insólito en esta cultura nuestra de placa en la pared y corte
ligero de cinta roja y gualda, o cuatribarrada, que tanto luce según el
territorio.
Sólo la indignación creciente
de los usuarios y la presión de los medios ha mantenido el scalextric d’Almassora en el primer plano de la actualidad las
últimas seis semanas. Y el calendario ha hecho el
resto, porque esta vez ha jugado a favor. A poco más de un mes para las
elecciones municipales y autonómicas, y con las encuestas apuntando a una derrota
del PP, el futuro del olvidado scalextric
no podía ser otro: le van a lavar la cara y va a darle una capa de asfalto para
dejarlo guapo el día que toque ir a votar… si es que llegan. No sólo eso.
Además le han van buscado un padre protector que se ocupe de él y lo tutele por
el resto de sus días. Serafín Castellanos, el delegado del Gobierno al
que no se vio por aquí en los episodios de lluvias de hace unas semanas, llegó
a la reunión del jueves con el compromiso del ministro Montoro de que
habrá dinero para repararlo. Fomento pagará una puesta a punto que la
Generalitat Valenciana, en su inmensa bancarrota, es incapaz de asumir.
Almassora no es Valencia y su scalextric
no es el puerto del Cap i Casal donde todo fue poco, y nada fue suficiente,
para que los bólidos de la Fórmula 1 pudieran correr por sus calles. Eran otros
tiempos, cierto, pero eran también otras prioridades… bueno, en este caso han
sido siempre las mismas.
La rocambolesca historia
del sclaextric huérfano de Almassora
y su falta de padrinos es un ejemplo del abandono sufrido por muchas obras
públicas: colegios en barracones en Nules, el Espaí d’Art Contemporàni o el
antiguo Palacio de Justicia en Castelló, la falta de ejecución del Patricova,
etc. Por no hablar del corredor mediterráneo o la N-340 a su paso por la
provincia. Infraestructuras a las que nunca llegó el foco mediático proyectado
sobre esas otras obras que el PP quiso vender como ejemplo de modernidad y que
se han convertido en icono del despilfarro. Obras que hoy, con el trencadís de la cúpula del Hemisfèric de
Calatrava cayéndose a pedazos, se antojan ya un poco más cercanas, cómo
más nuestras.
Es el milagro de las urnas
y los votos: En la medida en que se acercan las elecciones se multiplican las promesas.
En esas estamos. En un mismo día dicen que arreglan el scalextric y de paso un director general, ni siquiera un conseller ó
el mismísimo presidente, anuncia la segunda línea del TRAM para la próxima
legislatura… así, cómo el que no quiere la cosa. ¿Alguien da más? Pues sí. La
misma semana prometen comprar el nuevo acelerador oncológico para el Hospital
Provincial de Castelló y al que, por cierto, a diferencia del scalextric de Almassora, no le van a
faltar padrinos. Alfonso Bataller y Javier Moliner pugnan por la
paternidad de una infraestructura que acabará pagando la Generalitat y que no
deja de ser la sustitución de un equipo por ese otro que, como el scalextric, viene fallando desde hace
años. En definitiva que no compran un tercer acelerador, ese que por número de población
necesita Castellón, y tan sólo van a reponer el que ha sufrido más de cien
averías en el último año… si, también, en este año electoral.
Publicat al Levante de Castelló el 11 d'Abril de 2015
Publicat al Levante de Castelló el 11 d'Abril de 2015

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