jueves, 28 de noviembre de 2013

Un tipo con suerte


Fabra en la rueda de prensa tras conocer la sentencia (Foto: Levante EMV)





Hay que rendirse a la evidencia: Definitivamente es un tipo con suerte. Es la conclusión que saco después de leer por segunda vez los 118 folios de la sentencia de la Audiencia Provincial de Castelló sobre el “caso Naranjax”. Más allá de lo mucho que le haya podido tocar la lotería, -que también por eso-, Carlos Fabra es un tipo con suerte.
Primero tiene la ‘suerte’ de poder costearse una defensa no apta para todos los bolsillos. Vale, conforme, eso más que tener suerte es tener posibles; pero eso, aunque ayuda, no siempre es suficiente cuando uno se enfrenta a la Justicia. Y en ese escenario Carlos Fabra también ha tenido suerte, desde los inicios de tan largo proceso. En su día el primer fiscal que le tocó en suerte actuó más como un abogado defensor. Más tarde pudo beneficiarse de eso que llaman la lentitud de la justicia y que no es sino la ineptitud de la política: La falta de medios para la administración de justicia propiciada por la dejadez de los gobiernos central y autonómicos en acometer una reforma que sí han materializado en otras administraciones del estado. Hay una teoría que apunta a una mala intención que roza la prevaricación: a los políticos les interesa esta justicia porque ya les va bien con ella.
En el caso de Fabra resulta evidente. Una vez condenado por los cuatro delitos fiscales el tribunal, pese a reconocer que “dada la gran complejidad del proceso, no se está ante un período especialmente extraordinario..”, le concede la atenuante de dilaciones indebidas lo que conlleva “la aplicación en su mitad inferior de la pena base”. Total, un año por cada uno de los cuatro delitos. Lo mínimo para no salir a hombros. Y eso que el propio tribunal recuerda que esa atenuante se contempla cuando “no sea atribuible al propio inculpado y que no guarde proporción con la complejidad de la causa”. ¿Dan a entender sus señorías que el retraso por los más de veinte recursos presentados no es atribuible a quien los interpone?, pues de ser así es mucho entender. Y es mucha suerte que lo entiendan así… y, sobre todo, que le condenen al mínimo posible.
Y tiene más. Pese a reconocer la sala infinidad de idas y venidas a Madrid para tratar de ‘lo suyo’, no considera el delito de tráfico de influencias ya que “No pueden entenderse comprendidas en el tipo penal de referencia conductas que revelan posiblemente una cierta sugerencia o invitación, pero que no suponen ni entrañan una verdadera y real presión psicológica hacia el funcionario”. Sus señorías aceptan que pudo existir ‘sugerencia o invitación’ pero entienden, otra vez, que no pueden calibrar que se ejerciera una ‘real presión’… aunque luego ‘lo suyo’ saliera bien. 
No le ha ido peor con el delito de cohecho del que también sale absuelto. Primero la suerte de que el denunciante cambiara su versión a última hora y después la fortuna de que la sala de más credibilidad a esa rectificación que a las denuncias anteriores. El tribunal reconoce que no se explica de donde salía tanta pasta “siquiera sea por tratarse de una elevada cuantía para ser considerados simples honorarios profesionales”, pero acaba concluyendo que “esa sospecha no alcanza la certeza que requiere el pronunciamiento penal condenatorio para declarar probado que se pagó y se recibió dinero”. Otra vez fuera, rozando el palo. 
Entiendo pues la euforia de Fabra en la rueda de prensa del día después y a petición propia, inusual en quien acaba de ser condenado a cuatro años de prisión y a una multa millonaria: Es consciente de que no le ha ido mal, nada mal. Le ha caído lo mínimo visto, y oído, lo que se oyó en la sala. La misma que intentó que no se le llegara a juzgar por los delitos por los que finalmente ha sido absuelto.

Lola Guillamón, presidenta de la Cámara, y Carlos Fabra
También tiene suerte, y mucha, en la fidelidad que le muestran sus jefes en  la Cámara de Comercio de Castellón donde le pagan un salario de 90.000 euros al año. Da gusto tener unos patronos tan generosos que, además, no se meten en la vida privada de sus subordinados. Se justifican diciendo que ni delinquió en esa casa ni ello afectó a la institución. Ya lo saben quienes allí trabajan: Todo vale mientras sea fuera, en la calle, y mientras la sangre no manche el felpudo de la puerta. Vamos, que no pasa nada porque ‘sólo’ se defraudó a Hacienda que, en contra de lo que nos decían, somos todos… menos la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Castelló. Y por eso Carlos Fabra sigue navegando pese a la condena en la mesa del consejo de administración de Port Castelló, una empresa pública dependiente de la Generalitat Valenciana.

Si le preguntan al ‘otro’ Fabra dice que no va con él ni con su partido: Fabra sólo hay uno, él, y el otro está ya en la calle. Por supuesto a petición propia, que nunca nadie en el PP se atrevió a tanto.

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