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| Carlos Fabra a la salida de la audiencia provincial (Foto Levante EMV) |
La justicia ha hablado para decir que el ex
presidente provincial del PP y ex presidente de la Diputación de Castelló es un
delincuente al que se condena a cuatro años de prisión, uno por cada uno de los
cuatro delitos fiscales de los que se le considera culpable. Por contra, Carlos Fabra es absuelto de los delitos
de cohecho y tráfico de influencias. Para unos es mucho y para otros no tanto.
Es lo que hay, es palabra de juez. Una decisión que, esta sí, sentencia sobre
unos hechos que Fabra dijo que habían sido juzgados por los ciudadanos en las
urnas y por los que resultó absuelto con sus mayorías absolutas. Pero no, era
otra cosa: aquello iba desde el clientelismo y el miedo en unos casos a la devoción
y la fidelidad absoluta en otros.
Cabe recurso al Tribunal Supremo y Fabra ha
anunciado que acudirá. Está en su derecho, el mismo que le ha servido para dilatar
el proceso más allá de lo que hubiera podido hacer cualquier ciudadano sin sus
recursos y sus disponibilidades económicas… esas de las que la justicia dice
que no puede demostrar su procedencia, pero no insta a averiguarla. Hoy sabemos
que el ‘calvario judicial’ al que se referían los seguidores de Fabra para
señalar la injusticia que representaba el juicio paralelo en los medios jugó a
su favor: La sentencia contempla la atenuante de “dilaciones indebidas” razón
por la cual le aplica la pena en su grado menor. Eso que ha salido ganando y
cabe pensar que es lo que buscaba
con el rosario de recursos que presentó, más de cien.
Fabra también gana la batalla judicial por los
delitos de cohecho y tráfico de influencias que hubieran elevado
considerablemente la pena. Respecto al segundo el tribunal considera que visto
el dinero que movía el político popular pudo haberse producido “siquiera sea por tratarse de una elevada cuantía
para ser considerados por la defensa como simples honorarios profesionales,
pero esa sospecha no alcanza la
certeza que requiere el pronunciamiento penal condenatorio para declarar
probado que se pagó y se recibió dinero…”, según recoge la sentencia.
Vamos, que podría deberse a su reconocida buena suerte con la lotería y demás
juegos de azar.
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| Rajoy dijo que era un 'ciudadano ejemplar' |
Esa es la otra batalla que pierde Fabra,
la de la opinión pública. Por mucho que se felicite de no ser condenando por
corrupción política, sí lo ha sido por defraudar al fisco, por ser deshonesto y
defraudar a la caja común de los ciudadanos a los que decía servir. La condena
es un deshonor para una dinastía política cuyos retratos cuelgan en los
pasillos de la Diputación Provincial. Le queda su despacho en la Cámara de
Comercio, noble y centenaria institución que haría bien en revisar su política de
personal. No parece que estén por la labor: Zanjan el asunto de la condena a su
secretario general con una nota en la que se señala que pertenece al “ámbito privado" y que "no altera el
normal desarrollo" de la entidad. Por esa misma razón Díaz Ferrán podría seguir presidiendo
la CEOE desde la cárcel.
Políticamente Carlos Fabra es ya el pasado. Veremos
si el PP que tanto le encumbró, y que tanto le debe, se olvida de él como del
apestado al que no se quiere cerca. Tampoco le preocupa demasiado: tiene más
personalidad que cualquiera de los que medraron a su sombra y que ahora se
refieren a él como alguien “que no ostenta ningún cargo…”. Lo dicen ellos, los mismos que le deben
el cargo y que olvidan que en los años en los que cometió los delitos que la
sentencia considera probados, Carlos Fabra ostentaba todos los cargos posibles
dentro del partido con el aplauso cómplice de quienes le temían tanto como le
adulaban. Con cenas-homenaje incluidas.


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