sábado, 23 de mayo de 2015

Nada hay más valioso




A estas alturas no les puedo imaginar de otra manera que entregados en cuerpo y alma a la tarea que hoy todos tenemos encomendada: Reflexionar. Que a eso, y no a otra cosa, se nos convoca en este sábado de mayo en el que, afortunadamente, la Liga está ya sentenciada a favor del Barça y el CD Castellón espera para disputar el primero de los match-ball que le saque del pozo de la Tercera División. Dos preocupaciones solventadas.
Y la cosa no pinta fácil. No el ascenso de los nuestros, que tampoco; me refiero a lo otro, a eso de tener decido el color de la papeleta que mañana depositaremos en las urnas. Tal vez usted sea de los que ya lo tienen claro, yo desde luego que sí, pero la jornada puede aún ser aprovechada por una buena parte de ese electorado que llega a la recta final con el voto hecho un lío. Eso al menos es lo que indican la mayoría de los sondeos. Los últimos se publicaron a principios de semana y en ninguno de ellos bajó del treinta y cinco por cien el listón de los electores que aseguran seguir indecisos. Son muchos. Son tantos que en varias comunidades y en muchos ayuntamientos serían la primera o segunda fuerza política en número de votos. Podrían llegar a ser una opción de gobierno y en todo caso son, seguro, una opción decisiva a la hora de decidir el gobierno. Pero  no sólo de indecisos hablan las encuestas. Buena parte de ellos no son tanto ciudadanos qué no saben a quién votar como ciudadanos a quienes les  da vergüenza revelar a quién van a votar. Que no es lo mismo. Hay mucho voto confuso, sí, pero también mucho voto oculto.
Unos electores éstos que poco van a reflexionar en el día de hoy. Se van a limitar a mantener escondidas unas pocas horas más las papeletas que mañana van a depositar en las urnas en un complicado ejercicio de equilibrio electoral: Introducir con una mano el sobre en la urna al tiempo que se tapan la nariz con la otra después de haber enseñado el DNI en la mesa. No lo dicen en las encuestas, pero votan seguro. Nada nuevo, pasa en cada cita electoral. Hay un importante nicho de electores que votan motivados exclusivamente por fanatismo al partido o por fidelidad ideológica, pase lo que pase y pese a lo que les pasa. Es un voto oculto que cae siempre en el zurrón de los dos grandes partidos tradicionales, pero que en este caso no impedirá el fuerte castigo que las encuestas les vaticinan. Tanto que sociólogos, politólogos, columnistas y tertulianos, pontifican sobre el final del bipartidismo. No sé si los nuevos partidos, los llamados emergentes, han venido para quedarse. Parece que sí, pero eso se verá con el paso del tiempo y con unas pocas elecciones más, no muchas. Otros que llegaron más alto, fue el caso del CDS, ya no están entre nosotros. Lo que es seguro es que han venido para ser los grandes protagonistas en la jornada de mañana y en la próxima cita de las elecciones generales de noviembre. PP y PSOE van a tener que hacerles un hueco en las bancadas donde tan cómodos se han encontrado los últimos años; esas que se limitaban a intercambiar entre ellos: ahora tu en la azul, ahora yo.
Otra cosa son los ciudadanos que realmente no tienen decidido aún el signo de su voto. A esos los imagino esta mañana de sábado sin saber qué sobre coger de los muchos que tienen entre las manos. Una advertencia que espero no les lleve al desánimo: Los he abierto todos y ninguno contiene el ‘aguinaldo’ que, dicen, llevaban esos otros sobres que se repartían en una céntrica calle madrileña en la sede de un partido de cuyo nombre no estaría bien acordarse en este día… no sea que me acusen de pervertir el espíritu de buen rollo que debe presidir tan señalada jornada. Así pues, tendrán que decidirse por cuestiones menos materiales, ¿qué tal si se dejan llevar por la razón y la reflexión? Les propongo que la decisión final sea producto de la constatación de la realidad que les envuelve en su entorno más próximo, en su calle, su pueblo, su ciudad, su provincia y su comunidad.
Nadie mejor que usted para ver cómo estamos y para razonar qué ha pasado y por qué ha pasado. Llegados a este punto lo primordial es tener claro el diagnóstico, reflexionar sobre cuestiones muy simples: ¿Seguimos igual o nos revelamos ante lo qué nos pasa? ¿Quién nos trajo hasta aquí y quién puede sacarnos (a todos) de aquí? ¿Más de lo mismo ó nuevas recetas?. La respuesta lleva implícita la terapia a aplicar: elegir el sobre adecuado. Nada estaba escrito y nada tenía que pasar irremediablemente, ni por herencia recibida ni por indecencia sobrevenida.

Ahora toca escribir el futuro, toca decidir y todo lo decidirá mañana su voto. Nada hay más valioso.

Publicat al Levante de Castelló el 23 de Maig de 2015

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