A estas alturas no les
puedo imaginar de otra manera que entregados en cuerpo y alma a la tarea que
hoy todos tenemos encomendada: Reflexionar. Que a eso, y no a otra cosa, se nos
convoca en este sábado de mayo en el que, afortunadamente, la Liga está ya sentenciada
a favor del Barça y el CD Castellón espera para disputar el primero de los match-ball que le saque del pozo de la
Tercera División. Dos preocupaciones solventadas.
Y la cosa no pinta fácil.
No el ascenso de los nuestros, que tampoco; me refiero a lo otro, a eso de tener
decido el color de la papeleta que mañana depositaremos en las urnas. Tal vez usted
sea de los que ya lo tienen claro, yo desde luego que sí, pero la jornada puede
aún ser aprovechada por una buena parte de ese electorado que llega a la recta
final con el voto hecho un lío. Eso al menos es lo que indican la mayoría de los
sondeos. Los últimos se publicaron a principios de semana y en ninguno de ellos
bajó del treinta y cinco por cien el listón de los electores que aseguran seguir indecisos.
Son muchos. Son tantos que en varias comunidades y en muchos ayuntamientos serían
la primera o segunda fuerza política en número de votos. Podrían llegar a ser una
opción de gobierno y en todo caso son, seguro, una opción decisiva a la hora de
decidir el gobierno. Pero no sólo
de indecisos hablan las encuestas. Buena parte de ellos no son tanto ciudadanos
qué no saben a quién votar como ciudadanos a quienes les da vergüenza revelar a quién van a votar.
Que no es lo mismo. Hay mucho voto confuso, sí, pero también mucho voto oculto.
Unos electores éstos que poco van
a reflexionar en el día de hoy. Se van a limitar a mantener escondidas unas pocas
horas más las papeletas que mañana van a depositar en las urnas en un
complicado ejercicio de equilibrio electoral: Introducir con una mano el sobre en
la urna al tiempo que se tapan la nariz con la otra después de haber enseñado
el DNI en la mesa. No lo dicen en las encuestas, pero votan seguro. Nada nuevo,
pasa en cada cita electoral. Hay un importante nicho de electores que votan motivados
exclusivamente por fanatismo al partido o por fidelidad ideológica, pase lo que
pase y pese a lo que les pasa. Es un voto oculto que cae siempre en el zurrón
de los dos grandes partidos tradicionales, pero que en este caso no impedirá el
fuerte castigo que las encuestas les vaticinan. Tanto que sociólogos, politólogos,
columnistas y tertulianos, pontifican sobre el final del bipartidismo. No sé si
los nuevos partidos, los llamados emergentes, han venido para quedarse. Parece
que sí, pero eso se verá con el paso del tiempo y con unas pocas elecciones más,
no muchas. Otros que llegaron más alto, fue el caso del CDS, ya no están entre
nosotros. Lo que es seguro es que han venido para ser los grandes protagonistas
en la jornada de mañana y en la próxima cita de las elecciones generales de
noviembre. PP y PSOE van a tener que hacerles un hueco en las bancadas donde tan
cómodos se han encontrado los últimos años; esas que se limitaban a
intercambiar entre ellos: ahora tu en la azul, ahora yo.
Otra cosa son los ciudadanos
que realmente no tienen decidido aún el signo de su voto. A esos los imagino esta
mañana de sábado sin saber qué sobre coger de los muchos que tienen entre las
manos. Una advertencia que espero no les lleve al desánimo: Los he abierto
todos y ninguno contiene el ‘aguinaldo’ que, dicen, llevaban esos otros sobres
que se repartían en una céntrica calle madrileña en la sede de un partido de
cuyo nombre no estaría bien acordarse en este día… no sea que me acusen de
pervertir el espíritu de buen rollo que debe presidir tan señalada jornada. Así
pues, tendrán que decidirse por cuestiones menos materiales, ¿qué tal si se
dejan llevar por la razón y la reflexión? Les propongo que la decisión final sea
producto de la constatación de la realidad que les envuelve en su entorno más
próximo, en su calle, su pueblo, su ciudad, su provincia y su comunidad.
Nadie mejor que usted para
ver cómo estamos y para razonar qué ha pasado y por qué ha pasado. Llegados a
este punto lo primordial es tener claro el diagnóstico, reflexionar sobre
cuestiones muy simples: ¿Seguimos igual o nos revelamos ante lo qué nos pasa?
¿Quién nos trajo hasta aquí y quién puede sacarnos (a todos) de aquí? ¿Más de
lo mismo ó nuevas recetas?. La respuesta lleva implícita la terapia a aplicar: elegir
el sobre adecuado. Nada estaba escrito y nada tenía que pasar
irremediablemente, ni por herencia recibida ni por indecencia sobrevenida.
Ahora toca escribir el
futuro, toca decidir y todo lo decidirá mañana su voto. Nada hay más valioso.
Publicat al Levante de Castelló el 23 de Maig de 2015
Publicat al Levante de Castelló el 23 de Maig de 2015

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