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| El último abrazo (en público) de los Fabra, dos días antes que Carlos F se sentara en el banquillo. |
En su día la noticia de que Rita Barberá había decidido retirar su coche particular del parking del ayuntamiento de Valencia, donde lo había dejado aparcado cuando llegó a la alcaldía hace veintitrés años, dio pie a todo tipo de conjeturas: Descartada la transacción entre particulares en alguna de las plataformas de compra-venta de segunda mano, lo más lógico era pensar que quisiera ponerlo a punto para pasar la ITV y volver a usarlo una vez se bajara del coche oficial; ese en el que lleva subida las últimas décadas. Pero va a ser que no, a lo mejor la alcaldesa sólo cambia de coche oficial y tan sólo se limitó a dejar la plaza libre para el futuro inquilino del despacho de la alcaldía de la ciudad de Valencia. Puede ser que para ella el partido tenga otros planes, quien sabe.
Esos planes que hace unos
días la propia Rita Barberá repasó en persona con el presidente Mariano
Rajoy en un bis a bis en La
Moncloa que se prolongó por espacio de tres horas. Una larga, y sobre todo publicitada,
reunión que levantó múltiples interpretaciones sobre el futuro político de la
propia Rita Barberá y, sobre todo, el del ausente Alberto Fabra. Cuesta entender
que para repasar la actualidad política de cualquier comunidad el presidente
del gobierno escoja como única interlocutora a una alcaldesa –por mucho peso
que tenga, que realmente lo tiene- y no a su presidente autonómico. A no ser,
claro está, que éste apenas tenga peso en el partido ó que el tema a tratar sea,
precisamente, el destino que aguarda al afectado. Algo nada descartable a tenor
de las sucesivas encuestas negativas y, sobre todo, ante el recorrido judicial
que puede seguir el caso Valmor que
salpica de lleno al presidente Fabra.
Desconozco si Rita Barberá
puso en antecedentes al presidente, pero yo les cuento: En los años de vino y
rosas que regaron la paranoia de grandeza del ex-presidente Francisco Camps,
éste reunió a un banquero de la casa, José Luis Olivas (Bankia), a un ex
piloto de éxito Jorge Martínez ‘Aspar’, y a un empresario afín, Fernando
Roig, para que montaran desde el ámbito de la empresa privada una sociedad,
Valmor Sport, que pudiera contratar
con el patrón de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone, la celebración de carreras
en las calles del Cap i Casal. Pensat i fet.
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| Roig, Olivas, Jorge Martínez 'Aspar' y Camps (Foto EL PAIS) |
De ello deberá responder el presidente Fabra, que firmó la compra de Valmor, si, finalmente, la fiscalía solicita su imputación y el juez le llama a capítulo. Fabra podría quedar atrapado en su propia línea roja. En el PPCV confían que esa situación no se producirá, pero no se acaban de fiar. Ya vieron a otro ex presidente sentado en el banquillo e incluso al compañero, Jaume Matas, entrar en prisión. Así las cosas el futuro de Alberto Fabra, sobre el que nadie en la cúpula del PP se quiere pronunciar en público, parece cada vez más imprevisible.
No pasa lo mismo con el
‘otro’ Fabra. Su futuro parece más previsible a tenor de las últimas
actuaciones judiciales: Carlos Fabra fue condenado a cuatro años de
cárcel por cuatro delitos fiscales y, de momento, tan sólo la incomprensible comprensión hacia su persona mostrada
por la Sección Primera de la Audiencia Provincial, al decretar la suspensión
del cumplimiento de la pena mientras se tramita el indulto, hace que siga en la
calle. Una realidad que a la Fiscalía Anticorrupción, como a la abogacía del Estado,
a la acusación particular, y a la mayoría de los vecinos de Castelló, les
parece un gran despropósito. La fiscalía va más allá y habla de “alarma social”
y de un “uso fraudulento” del mecanismo del indulto. Son palabras mayores y,
aunque dichas en el tono y el verbo adecuado, quieren decir lo mismo que en la
calle se escucha con mucha más vehemencia.
La credibilidad en la
justicia, uno de los pilares del estado de derecho, es lo que está en juego. Un
componente muy importante de eso que ahora llaman desafección cuando siempre se
llamó cabreo. Que así está la gente…


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