viernes, 20 de diciembre de 2013

Carlos Fabra, otro que se lo pensará


Moliner con los dos Fabra. Eran otros tiempos y se conocían todos



Otro voto que peligra y esto, la verdad, cada vez pinta peor para el ‘otro’ Fabra, ‘El bueno’. Uno no sabría valorar qué capacidad de arrastre en las urnas puede tener la decisión anunciada en voz alta por Carlos Fabra de poner en duda su disponibilidad a seguir votando al PP. Puede que a este Fabra, ‘el malo’ para Pedro J, no le acompañe nadie en su desencanto y que incluso su hija Andrea decida seguir votando al partido por el que es diputada nacional y por el que casi con toda seguridad dejará de serlo en las próximas elecciones. O puede rescatar su popular “qué se jodan” pero esta vez aplicado a quienes hoy son sus compañeros. Porque puede ser que siga el ejemplo del padre y también ella se replantee su lealtad para quienes no son leales con su progenitor. Que así lo creen en la familia y, la verdad, esa impresión da cada vez que los actuales dirigentes populares hablan del que durante años fuera su líder e invicto –en las elecciones- caudillo.
Ya no es así. La luz que el faro político de Carlos Fabra proyectaba sobre el PP provincial se ha ido apagando en la medida en que su proceso judicial consumía etapas y confirmaba delitos. Con la condena llegó el desprecio y con él el olvido. Del prietas las filas y las adhesiones inquebrantables se pasó al ‘si te he visto no me acuerdo’ que tanto ha molestado a Fabra. De sus rivales políticos y de aquellos a los que considera enemigos mediáticos se lo podía esperar casi todo, aunque al final no ha sido para tanto: Se ha contado y se ha valorado el contenido de la sentencia en la dimensión que el caso requería y que era mucha. Por su parte la oposición ha efectuado la crítica política y personal que ha creído oportuna, nada fuera de lo normal. Pero Fabra esperaba mejor trato de sus ‘compañeros’, muchos de los cuales le deben el cargo y la suculenta nómina que han cobrado los últimos años. Esta dolido y no lo esconde. El ninguneo en público a la persona de Javier Moliner no hace presagiar un armisticio a corto plazo. Y en el PP conocen muy bien como se mueve en ese escenario: al enemigo, ni agua.
Pero Fabra se va enterrando el hacha de guerra: dice que pone punto final a su vida pública y es de suponer que eso implica no llevar más allá su guerra con el desconocido Moliner. Aunque nadie puede descartar que desde su dorado retiro (casi 100.000 euros de finiquito en la Cámara) tenga tiempo de una parte para reunir el dinero que ha de abonar por su condena y de otra para seguir siendo crítico con un partido del que se ha dado de baja y al que culpa ya de los mismos males que antes atribuía en exclusiva al PSOE: “tengo que ver los compromisos que el PP cumple con la provincia que, de momento, son bien pocos”. Vamos, que igual recupera un día de éstos la pancarta de “Agua para Todos”. El problema, para él, será donde poder colgarla para que se vea tanto como lució en los balcones de la Diputación. Ni siquiera le queda el club de golf que fundó su padre .
Las elecciones están lejos y todo está aún por pasar. Incluso la posibilidad de que se articule una alternativa electoral que recoja los descontentos que la nefasta gestión de Alberto Fabra está dejando entre los suyos; también aquí, en Castelló. El papel que pueda jugar en eso Carlos Fabra sólo lo sabe él. Dependerá de su voluntad en seguir cabreado, de sus fuerzas para seguir luchando si así se lo pide un cuerpo al que debe cuidar y en última instancia de su capacidad para seguir siendo el referente político de una parte de la derecha provincial. Esa para la que Don Carlos sigue siendo paradigma del buen gestor y mejor padrino. Conforme, cada vez es menos padrino en la medida en que ha perdido todo el poder político y la capacidad de disponer a su antojo de los presupuestos y del Boletín Oficial de la Provincia. Pero convendría no menospreciar el poso social que dejan más de veinte años de fabrismo, sobre todo en esos (muchos) ciudadanos a los que siempre trató con favor y para los que siempre tuvo la mejor de sus sonrisas pero, sobre todo, la respuesta esperada a la necesidad planteada.
El PP es la principal maquinaria electoral de la provincia, una organización potente, sin fisuras, capaz de aglutinar una masa electoral que al llegar las elecciones acude al toque de corneta y vota en bloque. Así es por muchos motivos… ahora sabemos que también gracias a la financiación de algunas campañas con los dineros de la Gürtel y que investigan los jueces. No seré yo quien diga que ese partido corre peligro de derrumbe, nada más lejos de la realidad. Pero el desgaste es evidente y puede ser decisivo ante el único fin que se persigue: ganar las elecciones para seguir gobernando. Si hasta Carlos Fabra, santo y seña del partido durante décadas, dice que se lo está pensando no es difícil imaginar que otros votantes menos comprometidos lo tengan ya decidido. Haga repaso y seguro que le sale ese vecino al que no le pagan la dependencia, aquel familiar al que han recortado las becas, o esel compañero de trabajo afectado por un ERE.

De los míos, de mis compañeros en RTVV, ni les cuento: van a ser legión. Que también allí les votaban… y no pocos.

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