viernes, 22 de enero de 2016

Los nuevos tiempos

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Será que, definitivamente, son nuevos tiempos; también en política. Porque sólo así se entiende esta nueva forma de hacer en la toma de decisiones en eso que llaman “asuntos de estado”. Y la elección del nuevo presidente del gobierno lo es sin duda. En ello estamos cuando ha pasado más de un mes desde que fuimos llamados a las urnas para señalar con nuestro voto quién nos tiene que gobernar. No lo pusimos fácil, la verdad, pero es lo que decidimos y es el mandato al que se enfrentan aquellos a los que elegimos para una tarea que tampoco se antoja una ecuación imposible de descifrar: es cuestión de llegar a acuerdos y sumar, de hacer política.
Los últimos precedentes no invitan al optimismo sobre una resolución rápida del sudoku de siglas y cifras en que ha quedado el Congreso de los Diputados. Me refiero a los precedentes en otros parlamentos del estado, porque en el de la Carrera de San Jerónimo el jefe de filas de la lista más votada siempre ha podido formar gobierno… hasta hoy. Cada día que pasa el PP y Mariano Rajoy son más conscientes de su infinita soledad: nadie quiere pactar con un gobernante que hasta ayer mismo, hasta el último minuto de su mandato, hizo de su mayoría absoluta un ejercicio de absolutismo y prepotencia. Aquellos plasmas trajeron esta soledad.
Siempre hay una primera vez, sí también para esto, y fue en la Comunidad Valenciana. Aquí el PP fue de largo la lista más votada pero su candidato Alberto Fabra está en Madrid disfrutando de su retiro en el Senado porque no encontró quien pactara con un partido metido hasta las trancas en el lodo de la corrupción. Por ejemplo a propósito del montaje de los stands de Fitur, la feria donde se ha visto a Fabra junto a su nueva pareja televisiva, lo que llevó al banquillo a dos de sus ex conselleras. O el caso IVAM que ha significado la imputación de Consuelo Ciscar acusada de malversación, prevaricación y falsedad en sobre costes (siempre los sobres) en las  contrataciones. Cargos que pueden llevarla hasta Picassent donde podría reencontrarse con su esposo, Rafael Blasco, quien cumple pena de seis años por el ‘caso Cooperación’: al memos recuperarían la conciliación familiar perdida tras el ingreso en prisión del ex conseller. Por no hablar del último escándalo, Ciegsa, la empresa pública para la construcción de centros educativos que dejó una deuda a la Generalitat de 1.685 millones de euros y que aún está por dirimirse judicialmente. Y aún así, con todo ello y más, sellar el Acuerdo del Botánico entre los partidos de izquierda costó lo suyo y Ximo Puig no fue investido president hasta un mes después de las elecciones del 24-M.

Consuelo Ciscar bajo sospecha
Costó más en Andalucía aunque allí, finalmente, si pudo gobernar la lista más votada. Pero se lo hicieron penar a una embarazada Susana Díaz: a la cuarta fue la vencida y no fue hasta 81 días después de ganar las elecciones cuando fue investida presidenta gracias al voto favorable de Ciudadanos, la nueva derecha que llaman, porque la izquierda de Podemos e IU le negó una y otra vez, hasta cuatro, el pan, la sal… y el voto. En la Comunidad de Madrid los mismos ciudadanos que en Andalucía propiciaron el gobierno del PSOE mantuvieron al PP en la presidencia al ser la lista más votada no sin antes someter a Cristina Cifuentes a un duro marcaje que se prolongó durante semanas. Lo dicho, cosas de los nuevos tiempos.
Aunque para nuevos de verdad en Catalunya donde, ¡¡Ale Hop!! se ha llegado al más difícil todavía. In extremis, a horas de que expirara el plazo, se logró el “sí quiero” de los antisistema de la CUP a que un nacionalista de derechas pueda gobernar con Esquerra Republicana… pero a condición de que no sea el candidato Artur Mas quien, pese a figurar de número cuatro en la lista, era en realidad el llamado a ser el President. ¿Se entiende, no? Y fue así cómo una tarde de domingo, a las cinco, comenzó un pleno al que Carles Puigdemont entró como alcalde de Girona y salió horas mas tarde como Molt Honorable para regocijo de unos por la continuidad del procés y lamento de quienes procesaban la posibilidad de volver a sacar a la calle… las urnas, por supuesto.

Ahora es el turno del gobierno de España y en ningún sitio está escrito que la cosa vaya a ir ni mejor ni más rápido. Nadie dijo que iba a ser fácil, ya, pero así lo han votado los españoles y habrá que intentarlo hasta el final. De momento ningún partido ha explicitado su intención de apoyar a Rajoy, el primero que debe intentar formar gobierno, y eso es una pista de lo que seguramente ocurrirá: el PP tiene complicado repetir y puede pasar a la oposición directamente desde su mayoría absoluta más contundente pese haber sido el partido más votado. Es para hacérselo mirar y, sobre todo, para reflexionar del porqué tanta frialdad más allá del calor de los propios, ¿será qué sólo gobierna para los propios y en contra del resto cada vez que tiene ocasión? A partir de ahí, si Rajoy no lo consigue, será el tiempo para el nuevo tiempo y vistos los precedentes todo puede pasar. Incluso que el PSOE, como ocurre en la Comunitat Valenciana, recupere el gobierno con los peores resultados electorales de su historia: un síntoma más de estos nuevos tiempos en política donde no sólo se suman los votos de cada uno sino también los apoyos que cada uno es capaz de sumar.

Publicat al Levante de Castelló, 23 de Gener de 2016

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