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| Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias |
Horas antes de saber sí
nos toca o no el gordo de Navidad, los españoles ya sabremos cómo nos ha ido en
esa otra ‘lotería’ en que se ha convertido la jornada electoral de mañana. Digo
lotería por aquello de la incertidumbre que se plantea a tenor de los resultados
tan abiertos que predicen las diferentes encuestas y los sondeos de opinión. Sólo
coinciden en mantener al PP como el partido más votado, aunque será también de
largo el partido más castigado. Lo demás está todo abierto y para gustos
colores: Entre el rojo del PSOE, el naranja de Ciudadanos y el morado de
Podemos hay previsiones para satisfacer o deprimir a cualquiera de ellos. Incluso
al otro rojo de la Izquierda Plural.
Todo se decide mañana, o
no; quien sabe, que todo puede pasar. Ya vimos que en Andalucía la cosa se
alargó para dos meses antes de la investidura de la socialista Susana Díaz
y que en Catalunya están aún por decidir si los anticapitalistas de las CUP hacen
president al caganer de Artur Mas
o montan entre todos un nuevo belén mandando al personal a votar de nuevo. Una
más. Nada está cerrado, tampoco en el resto del estado español donde los
partidos que aspiran a poder decidir algo tras las elecciones callaron cuando
en campaña se les preguntó por el día después. No saben, no contestan. O a lo
mejor si que saben, pero no quieren contestar. Tan sólo algunas insinuaciones
de última hora, pocas pero significativas: el guiño del PP favorable a una gran
coalición con un PSOE sin Pedro Sánchez (no le perdonaran nunca que le
cantara a Mariano Rajoy las verdades sobre su indolencia ante la
corrupción en su partido) ya ha sido rechazado por los socialistas que están por
la labor de repetir a nivel nacional los gobiernos de progreso cómo el formado
en la Comunidad Valenciana. La insinuación del PP parece haber puesto nervioso,
más, al líder de Ciudadanos quien se apresuró a constatar que dejarán gobernar
a Rajoy si es la lista más votada.
Parece lo normal: derecha
con derecha e izquierda con izquierda. Sólo falta saber cuanto sumarán cada uno
de ellos y quien será en cada caso la fuerza más votada. Una incógnita que en
la derecha está despejada a favor del PP y que en el ámbito de la izquierda
mantiene alguna incertidumbre que, personalmente, creo que se resolverá en
favor del PSOE. Mañana lo vemos. Pero en todo caso es eso lo que nos jugamos
este domingo: seguir con el mismo gobierno de derechas, apoyado por Ciudadanos,
o hacer posible el cambio que se apuntó en las pasadas elecciones autonómicas y
locales donde la izquierda recuperó buena parte del poder institucional y
donde, en apenas unos meses, se ha podido comprobar la diferencia entre los unos
y los otros. Aquí, en la Comunidad Valenciana, tenemos un buen ejemplo en el
gobierno PSOE-Compromís que preside Ximo Puig. Ninguna de las plagas
bíblicas que se habían anunciado ha hecho acto de presencia… ni se las espera.
Todo lo contrario: ayer mismo se anunció que se suprime el copago farmacéutico
para pensionistas que cobren menos de 1.000 euros al mes y para personas con
discapacidad con minusvalías superiores al 65%, o del 33% si son menores de
edad. Es otra forma de priorizar, de gobernar, que también se puede exportar al
Consejo de Ministros.
La única certeza es que la
legislatura por estrenar será radicalmente distinta a cualquiera de las diez
que le precedieron. Vamos a pasar de la segunda mayoría absoluta más potente,
desde los 202 escaños que logró el PSOE en 1982, al parlamento más fraccionado desde
aquellas primeras elecciones de junio de 1977. La eclosión de los partidos
emergentes (ya emergidos) va a significar el adiós del bipartidismo tal y como
lo hemos conocido hasta la fecha. Una realidad constatada tras las pasadas elecciones
municipales y autonómicas que se va a trasladar al gobierno central.
Significará también el
final del papel que han desempeñando los partidos nacionalistas cada vez que PP
y PSOE llamaban a su puerta cuando no contaban con suficientes apoyos para poder
formar gobierno. Ciudadanos y Podemos van a jugar ese rol pero con una notable
diferencia porque el suyo será un protagonismo más trascendente que no se
limitará a dar apoyos puntuales a cambio de recibir ‘beneficios’ puntuales. Los
nuevos, a diferencia de aquellos, pueden decidir sobre el inquilino de La
Moncloa, pueden exigir entrar a formar parte del gobierno o no, y está por ver
si en el mejor de los casos pueden aspirar a presidirlo… vamos, que en este
nuevo escenario da igual que Rajoy nos confiese este lunes que también él habla
catalán en la intimidad. Eso sí, igualmente sería una sorpresa. Otra más del
presidente que hablaba con los plasmas, el mismo que tenía un primo que negaba
el cambio climático, que sabía de la diferencia entre vasos y platos y que, por
supuesto, nunca quiso subir el IVA de los chuches.
Pues eso, que hoy toca reflexionar…
Publicat al Levante de Castelló, 19 de Desembre de 2015
Publicat al Levante de Castelló, 19 de Desembre de 2015

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