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| Fabra y Puig el pasado domingo. |
A estas alturas ya sabemos
que uno de los dos lo será seguro. Ximo Puig ganó por goleada las
primarias en el PSPV y será el candidato socialista a la presidencia de la
Generalitat. El otro, Alberto Fabra, aún está por ver si lo será ó no. Bueno
no está por ver, está por designar, que es así cómo se hacen esas cosas en el
PP. La incógnita se resolverá cuando toque porque Rajoy, que hace poco tuvo
que consensuar consigo mismo la elección del líder de los populares en
Andalucía, anda ocupado en decidir por el mismo sistema el cabeza de lista a
las europeas. Se le acumula la faena para elegir candidatos. Será por eso que se
mantiene la incógnita de saber sí Fabra será el agraciado. El propio Fabra sabe
que será así: porque fue así, a dedo, como accedió a la alcaldía de Castelló y luego
a la presidencia del Consell.
Y mientras llega esa
designación Fabra y Puig siguen a la suya. El fin de semana los vimos a ambos muy
entretenidos. El socialista disfrutó la noche del sábado, como espectador y sin
disfraz, del carnaval tardío de Morella. El domingo votó en su pueblo antes de
bajar a Valencia para seguir una jornada electoral que acabó en fiesta. A Puig,
como a Sabina en la canción, le sobraban los motivos para celebrarlo: Él
ganó en las urnas y su partido ganó en impulso democrático, en imagen, y en los
titulares de prensa. No es poca cosa, son activos de los que no van muy
sobrados los socialistas en estos últimos tiempos.
La apuesta por las
primarias abiertas ha resultado ser una apuesta ganadora: el proceso, pionero
en España donde se ha seguido con atención, ha salido redondo para los
socialistas valencianos y ha supuesto un gran espaldarazo para el secretario
general en un partido en el que sus líderes se suceden en función de los
reiterados fracasos electorales que encadenan en los últimos años. Una dinámica
negativa que parece cerca de poder romperse: El PSPV llegará en las mejores
condiciones que se le recuerda en mucho tiempo a unas elecciones autonómicas en
las que, también por primera vez en todo ese tiempo, los sondeos y las
encuestas le conceden posibilidades reales de poder llegar a gobernar.
Pero eso, que es así, no obedece
tan sólo a méritos propios. El PP también está poniendo de su parte, y mucho.
Por ejemplo con la foto que Alberto Fabra se hizo ese domingo con una
alcaldesa, Sonia Castedo, imputada por corrupción en la trama Brugal. La alcaldesa de Alicante le pidió
en público que se acuerde de quienes están con él “a las duras y a las maduras”. Fue más lejos incluso y se atrevió a
recomendarle lo que debe hacer: “premiar
lealtades y no otras cosas”. Fabra no le contestó, aunque ha tardado muy poco
en justificar su respaldo a la alcaldesa en ese acto: está embarazada y merece
el apoyo de todos. Muy tierno, salud y familia siempre lo primero.
En su discurso Fabra no
eludió el tema y reiteró su condición de cruzado inflexible contra la
corrupción… eso sí, la que se da en casa y en tierra ajena. El presidente del
partido que mantiene en su grupo parlamentario diputados imputados, y a dos
alcaldes de capital de provincia en la misma situación, echó mano de los datos
del CGPJ para asegurar que en Andalucía hay más procesados por corrupción que
en Valencia. Pues vale, ¿y qué?. Digo qué que hacemos con los de aquí.
Resulta curiosa la
fijación que tienen algunos dirigentes valencianos del PP con Andalucía, aunque
por motivaciones muy distintas. De Carlos Fabra cuentan que era asiduo a
la Feria de Abril y de Francisco Camps sabemos que es devoto de Nuestra
Señora Esperanza Macarena a la que acudió para dar gracias por su absolución en
el juicio de los trajes que le costó el cargo. Lo de su sucesor es diferente: Alberto
Fabra simplemente ha interiorizado un discurso auto exculpatorio según el cual
los andaluces aún lo hacen peor que
él, siempre y en todos los casos. Lo dijo para justificar el cierre de RTVV, cuando
aseguró que en esa comunidad se cerraron centros de salud para mantener abierto
Canal Sur, y ahora vuelve a la carga para acusarles de ser más corruptos
que ellos.
Si con eso se conforma,
malo; si con eso se justifica, mucho peor.

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