jueves, 13 de marzo de 2014

Puig, Fabra y Andalucía


Fabra y Puig el pasado domingo.

A estas alturas ya sabemos que uno de los dos lo será seguro. Ximo Puig ganó por goleada las primarias en el PSPV y será el candidato socialista a la presidencia de la Generalitat. El otro, Alberto Fabra, aún está por ver si lo será ó no. Bueno no está por ver, está por designar, que es así cómo se hacen esas cosas en el PP. La incógnita se resolverá cuando toque porque Rajoy, que hace poco tuvo que consensuar consigo mismo la elección del líder de los populares en Andalucía, anda ocupado en decidir por el mismo sistema el cabeza de lista a las europeas. Se le acumula la faena para elegir candidatos. Será por eso que se mantiene la incógnita de saber sí Fabra será el agraciado. El propio Fabra sabe que será así: porque fue así, a dedo, como accedió a la alcaldía de Castelló y luego a la presidencia del Consell.
Y mientras llega esa designación Fabra y Puig siguen a la suya. El fin de semana los vimos a ambos muy entretenidos. El socialista disfrutó la noche del sábado, como espectador y sin disfraz, del carnaval tardío de Morella. El domingo votó en su pueblo antes de bajar a Valencia para seguir una jornada electoral que acabó en fiesta. A Puig, como a Sabina en la canción, le sobraban los motivos para celebrarlo: Él ganó en las urnas y su partido ganó en impulso democrático, en imagen, y en los titulares de prensa. No es poca cosa, son activos de los que no van muy sobrados los socialistas en estos últimos tiempos.
La apuesta por las primarias abiertas ha resultado ser una apuesta ganadora: el proceso, pionero en España donde se ha seguido con atención, ha salido redondo para los socialistas valencianos y ha supuesto un gran espaldarazo para el secretario general en un partido en el que sus líderes se suceden en función de los reiterados fracasos electorales que encadenan en los últimos años. Una dinámica negativa que parece cerca de poder romperse: El PSPV llegará en las mejores condiciones que se le recuerda en mucho tiempo a unas elecciones autonómicas en las que, también por primera vez en todo ese tiempo, los sondeos y las encuestas le conceden posibilidades reales de poder llegar a gobernar.
Pero eso, que es así, no obedece tan sólo a méritos propios. El PP también está poniendo de su parte, y mucho. Por ejemplo con la foto que Alberto Fabra se hizo ese domingo con una alcaldesa, Sonia Castedo, imputada por corrupción en la trama Brugal. La alcaldesa de Alicante le pidió en público que se acuerde de quienes están con él “a las duras y a las maduras”. Fue más lejos incluso y se atrevió a recomendarle lo que debe hacer: “premiar lealtades y no otras cosas”. Fabra no le contestó, aunque ha tardado muy poco en justificar su respaldo a la alcaldesa en ese acto: está embarazada y merece el apoyo de todos. Muy tierno, salud y familia siempre lo primero.   
En su discurso Fabra no eludió el tema y reiteró su condición de cruzado inflexible contra la corrupción… eso sí, la que se da en casa y en tierra ajena. El presidente del partido que mantiene en su grupo parlamentario diputados imputados, y a dos alcaldes de capital de provincia en la misma situación, echó mano de los datos del CGPJ para asegurar que en Andalucía hay más procesados por corrupción que en Valencia. Pues vale, ¿y qué?. Digo qué que hacemos con los de aquí.
Resulta curiosa la fijación que tienen algunos dirigentes valencianos del PP con Andalucía, aunque por motivaciones muy distintas. De Carlos Fabra cuentan que era asiduo a la Feria de Abril y de Francisco Camps sabemos que es devoto de Nuestra Señora Esperanza Macarena a la que acudió para dar gracias por su absolución en el juicio de los trajes que le costó el cargo. Lo de su sucesor es diferente: Alberto Fabra simplemente ha interiorizado un discurso auto exculpatorio según el cual los andaluces aún lo hacen peor  que él, siempre y en todos los casos. Lo dijo para justificar el cierre de RTVV, cuando aseguró que en esa comunidad se cerraron centros de salud para mantener abierto Canal Sur, y ahora vuelve a la carga para acusarles de ser más corruptos que ellos.

Si con eso se conforma, malo; si con eso se justifica, mucho peor.


Publicado en 'Levante de Castelló' el 15 de marzo de 2014

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