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| Carlos Fabra espera sentencia…. (Foto Levante EMV |
Esperando sentencia. Ya estamos donde los más
escépticos aseguraron que no llegaríamos nunca: con Carlos Fabra en espera de veredicto, como yo. El ex presidente de
la diputación para ver si es condenado ó absuelto de los delitos de cohecho,
tráfico de influencias y cuatro delitos fiscales. De él se ha dicho en la sala
que “no es un defraudador cualquiera” y que lo suyo era el abc
del manual para blanquear dinero. También se ha dicho que es un ciudadano
ejemplar y que no está probado ninguno de los delitos que se le imputan. Oídas
las partes la Audiencia provincial de Castellón que intentó quitar de la causa
varios delitos, hasta el punto que el juez instructor tuvo que pedir amparo al
CJPG, tiene la palabra. El futuro del ciudadano Fabra depende del lado al que
se incline la balanza de la Justicia… esa que representan con una venda en los
ojos.
Mi futuro también depende de esa balanza. Porque servidor
necesita saber si los jueces entienden, ó no, que la dirección de la radio
televisión pública valenciana que dirige políticamente otro Fabra, de nombre Alberto, se pasó por el forro de la arbitrariedad
la legalidad y, con ella, los derechos de los mil trabajadores despedidos. Sobre
eso ha de pronunciarse el tribunal que vio en el TSJ la causa del ERE en RTVV y
entenderán que a los afectados, como a Fabra en su proceso, nos va mucho en la
decisión. Tanto como recuperar el puesto de trabajo si finalmente es
considerado nulo, que no es poca cosa en los tiempos que corren. Lo es todo: Es
volver a trabajar en el puesto al que algunos accedimos hace 23 años por
oposición y del que nos apartaron por designación. En el peor de los casos si
el ERE es considerado improcedente tendremos derecho a una indemnización justa
que corrija la indecencia de ser despedidos en base a una reforma laboral que
consagra el robo a los derechos consolidados de los trabajadores como fórmula legal
para que sigan sobreviviendo las empresas, sean privadas ó públicas. Y en el
caso de estas últimas también los responsables políticos y quienes éstos
nombran para gestionarlas, que no para arruinarlas.
Digo que ese, el de la improcedencia, sería el peor
de los escenarios al que nos enfrentamos los afectados por el ERE en RTVV porque
a estas alturas, y después de lo que se dijo en el juicio, la sociedad
valenciana no iba a entender que el tribunal bendiga con una veredicto de
legalidad un proceso viciado desde el primer día con una baremación que se
convirtió en una selección a dedo de personal y rematado con la salvación ‘in
extremis’ de 186 compañeros que, efectivamente, no tienen culpa de nada, pero
que no tienen tampoco más derecho a quedarse que el resto de los que, como
ellos, estaban afectados en el expediente que se aprobó.
Así que aquí me tienen, como Fabra, esperando sentencia.
Haciendo tiempo y recordando: Conocí a Carlos Fabra en los primeros años de mi
dedicación profesional, en el inicio de la década de los ochenta. Desde la
política y el periodismo vivimos su ascensión primero a la dirección del
partido y su consagración más tarde como el político local más poderoso e
influyente dentro y fuera de la provincia. La saga familiar se perpetuaba al
frente de la Diputación y pudo hacer realidad el suelo de levantar ‘su’
aeropuerto… ese que aún no ha levantado el vuelo. Hoy los dos estamos ‘jubilados’,
él de la política y yo del periodismo, aunque por razones bien distintas y con
situaciones muy diferentes. A Fabra le queda su puesto fijo, ganado por
oposición, de Secretario de la Cámara de Comercio de Castellón del que no
pueden despojarle. No sería justo. Pero a mí no me queda mi puesto fijo, ganado
también por oposición, en RTVV del que me ha despojado el otro Fabra. De nada
sirve que no sea justo.
Carlos Fabra y yo andamos a la espera de veredicto.
Cada uno el suyo, por supuesto, pero cada uno representando de alguna manera la
realidad de un país en el que cada vez más políticos son juzgados por
corrupción y, como pasa con los pimientos de Padrón, unos pican en ella y otros
no. Un país en el que cada vez más trabajadores van a los tribunales clamando
justicia por decisiones de esos políticos que les cambian la vida. Y pasa que los
jueces se la dan ó no. Espero que no dependa de cómo salga el pimiento…el de Padrón.
Es nuestro caso, el de Carlos Fabra y el mío. Suerte
a los dos.

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