jueves, 31 de octubre de 2013

Unos pican y otros no






Carlos Fabra espera sentencia…. (Foto Levante EMV


Esperando sentencia. Ya estamos donde los más escépticos aseguraron que no llegaríamos nunca: con Carlos Fabra en espera de veredicto, como yo. El ex presidente de la diputación para ver si es condenado ó absuelto de los delitos de cohecho, tráfico de influencias y cuatro delitos fiscales. De él se ha dicho en la sala que “no es un defraudador cualquiera” y que lo suyo era  el abc del manual para blanquear dinero. También se ha dicho que es un ciudadano ejemplar y que no está probado ninguno de los delitos que se le imputan. Oídas las partes la Audiencia provincial de Castellón que intentó quitar de la causa varios delitos, hasta el punto que el juez instructor tuvo que pedir amparo al CJPG, tiene la palabra. El futuro del ciudadano Fabra depende del lado al que se incline la balanza de la Justicia… esa que representan con una venda en los ojos.

Mi futuro también depende de esa balanza. Porque servidor necesita saber si los jueces entienden, ó no, que la dirección de la radio televisión pública valenciana que dirige políticamente otro Fabra, de nombre Alberto, se pasó por el forro de la arbitrariedad la legalidad y, con ella, los derechos de los mil trabajadores despedidos. Sobre eso ha de pronunciarse el tribunal que vio en el TSJ la causa del ERE en RTVV y entenderán que a los afectados, como a Fabra en su proceso, nos va mucho en la decisión. Tanto como recuperar el puesto de trabajo si finalmente es considerado nulo, que no es poca cosa en los tiempos que corren. Lo es todo: Es volver a trabajar en el puesto al que algunos accedimos hace 23 años por oposición y del que nos apartaron por designación. En el peor de los casos si el ERE es considerado improcedente tendremos derecho a una indemnización justa que corrija la indecencia de ser despedidos en base a una reforma laboral que consagra el robo a los derechos consolidados de los trabajadores como fórmula legal para que sigan sobreviviendo las empresas, sean privadas ó públicas. Y en el caso de estas últimas también los responsables políticos y quienes éstos nombran para gestionarlas, que no para arruinarlas.
Digo que ese, el de la improcedencia, sería el peor de los escenarios al que nos enfrentamos los afectados por el ERE en RTVV porque a estas alturas, y después de lo que se dijo en el juicio, la sociedad valenciana no iba a entender que el tribunal bendiga con una veredicto de legalidad un proceso viciado desde el primer día con una baremación que se convirtió en una selección a dedo de personal y rematado con la salvación ‘in extremis’ de 186 compañeros que, efectivamente, no tienen culpa de nada, pero que no tienen tampoco más derecho a quedarse que el resto de los que, como ellos, estaban afectados en el expediente que se aprobó.
Así que aquí me tienen, como Fabra, esperando sentencia. Haciendo tiempo y recordando: Conocí a Carlos Fabra en los primeros años de mi dedicación profesional, en el inicio de la década de los ochenta. Desde la política y el periodismo vivimos su ascensión primero a la dirección del partido y su consagración más tarde como el político local más poderoso e influyente dentro y fuera de la provincia. La saga familiar se perpetuaba al frente de la Diputación y pudo hacer realidad el suelo de levantar ‘su’ aeropuerto… ese que aún no ha levantado el vuelo. Hoy los dos estamos ‘jubilados’, él de la política y yo del periodismo, aunque por razones bien distintas y con situaciones muy diferentes. A Fabra le queda su puesto fijo, ganado por oposición, de Secretario de la Cámara de Comercio de Castellón del que no pueden despojarle. No sería justo. Pero a mí no me queda mi puesto fijo, ganado también por oposición, en RTVV del que me ha despojado el otro Fabra. De nada sirve que no sea justo.
Carlos Fabra y yo andamos a la espera de veredicto. Cada uno el suyo, por supuesto, pero cada uno representando de alguna manera la realidad de un país en el que cada vez más políticos son juzgados por corrupción y, como pasa con los pimientos de Padrón, unos pican en ella y otros no. Un país en el que cada vez más trabajadores van a los tribunales clamando justicia por decisiones de esos políticos que les cambian la vida. Y pasa que los jueces se la dan ó no. Espero que no dependa de cómo salga el pimiento…el de Padrón.

Es nuestro caso, el de Carlos Fabra y el mío. Suerte a los dos.







Publicado en el diario Levante de Castelló el 2 de Noviembre de 2011

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